Opinión

El PRI, la ventaja de la disciplina

    
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Asamblea Nacional del PRI (Magali Juárez)

Todos sabemos lo que es el PRI. Para nadie es sorpresa si escucha a alguien decir que ese partido es una porquería y que representa los males del país y los vicios de la política. Pero como partido tiene una cuestión positiva: la disciplina. Esta característica le permite al partido salir adelante ante retos y situaciones difíciles. Cómo resolvieron los problemas que representaban sus estatutos es una buena muestra de fino trabajo interno y de disciplina generalizada.

Sin embargo, que hayan puesto límites a los plurinominales es una muestra de que, aunque la disciplina es fundamental en la vida de ese instituto político, hay quienes apuestan por otro tipo de formas para hacer política interna. Y es que no siempre da gusto obedecer las órdenes de quien sea. La medida de evitar el 'chapulineo' de los plurinominales va en la dirección correcta de tener controles más amplios sobre las candidaturas y evitar que quienes aportan mala imagen –es un decir– al partido, no vivan permanentemente impunes protegidos por un cargo legislativo (cualquiera pensaría que Romero Deschamps moriría en un escaño del Senado o una curul de la Cámara de Diputados, pero ahora se le podrá meter a la cárcel a partir del mes de septiembre del año que entra, lo que, indudablemente, es una buena noticia). El problema del priismo es que llevó la disciplina a su condición principal para su militancia. Tiene la virtud priista de la disciplina el problema de suprimir el intercambio de ideas y las bondades de la discusión, pero ha resultado muy eficaz, por ejemplo, para que no crezcan de más los problemas.

Un caso contrario es el PAN. En el PAN la disciplina siempre fue vista como algo que definía al PRI, a los borregos priistas que nada más levantaban el dedo. El panismo creció en la libertad y ésta fue su bandera. La disciplina en el panismo resultó ser un antivalor. Al mismo tiempo, en cuanto fue gobierno, su libertad resultó un gran problema para quienes gobernaban. En nombre de la libertad y de no ser como los priistas, los panistas eran los primeros en ponerle trabas a sus gobernadores –lo cual también sucedió con sus presidentes. Todos se han quejado amargamente de su partido. Por supuesto, no era lo mismo el ejercicio inteligente de la libertad de Castillo Peraza, que la que hiciera el cretinazo de Gustavo Madero, que terminó de convertir al partido en un estercolero de corrupción y mediocridad, cuya viva imagen es él.

Un buen priista disciplinado es el que mantiene a López Obrador como amo y señor de su partido. Andrés Manuel huyó de la anarquía en la que se movía el PRD. Sabía que ese desorden en el que cada quien hace lo que quiere no llega muy lejos, y mucho menos puede ahí florecer una candidatura ganadora. Su método de designación de candidatos es el 'dedazo', no hay discusiones respecto de su palabra. Andrés Manuel es un priista plus.

El PRI seguramente elegirá a su candidato sin pleitos internos, y sabrán los priistas reunirse en torno a su elegido. Andrés Manuel no tiene mayor problema, pues es todo: el líder, el presidente y el candidato; sus militantes ya están aglutinados a su alrededor. En el PAN todo apunta a una muy libre división de antología.

El PRI enfrentará las elecciones con pocas oportunidades y menos armas. Pero tiene dos: el dinero y la disciplina. No es poca cosa.

Twitter: @JuanIZavala

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