Opinión

El patético estímulo fiscal al cine

 
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 [El cine mexicano apuesta por cintas en las que el padre asume el cuidado de los hijos / Bloomberg]

Sigo pensando que el estímulo fiscal que inventó el gobierno para saciar las exigencias de los creadores de películas es una de las peores subvenciones, de las más absurdas que existen. Hay quien no lo sabe, pero muchas películas mexicanas —que por cierto, casi nadie ve— se hacen con dinero de impuestos que algunas empresas deberían pagar al fisco. El gobierno inventó un entuerto para que, en lugar de que le pagaran dinero a través del SAT, se lo dieran a los creadores cinematográficos. Un vil subsidio.

El cine es una maravillosa industria, pero que todos los mexicanos con nuestros impuestos tengamos que subsidiar a las películas, me parece una sinrazón. Las películas deberían ser rentables por mérito propio. Lo mismo que la escultura, la literatura o la arquitectura.

Ayer hubo una conferencia en el Imcine, donde se explicó el ajuste a ciertas reglas para que las empresas productoras y distribuidoras tengan acceso a estos recursos públicos. Lo que más llamó mi atención fueron dos cosas. Primero, que muchos de los ahí reunidos parecían sorprendidos porque la autoridad se está poniendo más difícil para otorgar el dinero; y segundo, que Raquel Pedraza, quien estaba en el presídium explicando el tema, hablara con tanta franqueza de “abusos y exigencias” que ha detectado en el uso de este recurso.

En mi opinión, en un momento económico tan complejo como el que vive el país, subsidiar al cine resulta un despropósito. El año pasado, por ejemplo, Imcine dijo que se estaba apoyando a través de este estímulo fiscal a películas como La caja, La marca del demonio, 7:19 a.m., Pájaros de verano, Escuela de seductores o Cómo liquidar a un esposo difunto. En ese mismo informe, de mediados de año, Imcine dijo que el monto del estímulo fiscal aprobado en junio era de más de 324 millones de pesos. Yo no vi ninguna de esas películas.

No tengo elementos para calificarlas. Únicamente vi el avance de la llamada 7:19 a.m. que versa sobre el terremoto de 1985, y no me apeteció verla. No tengo conocimiento de que haya sido un exitazo en taquilla.

En una economía donde todos nos rascamos con nuestras propias uñas, y en la que se prevén adversidades mayúsculas por el rebalanceo de fuerzas económicas globales, el gobierno debería reconsiderar si valdría la pena eliminar de tajo este subsidio. Si ya quitó el de la gasolina…

El Imcine hace un gran trabajo en la industria para auxiliar, por ejemplo, a la gente que requiere asesoría para reescribir un guión, o para afinar las líneas argumentales de sus películas, y muchas cosas más. Deberíamos aspirar a fortalecer a esa institución, no a andar reorientando su vocación para administrar un subsidio a todas luces injusto.

Twitter: @SOYCarlosMota

Correo: motacarlos100@gmail.com

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