Opinión

El “momento libertario” tendrá que esperar

El artículo reciente de Robert Draper publicado en The New York Times Magazine sobre la posibilidad de un “momento libertario” (puede leerse aquí: nyti.ms/1kRU8GF) ha ocasionado bastante comentarios, principalmente cuestionamientos a la supuesta evidencia de sondeos.

Tal como lo señaló Jonathan Chait, comentarista de la revista New York, sondeos independientes (en lugar de encuestas conducidas por libertarios que buscan impulsar su propio perfil) sugieren que los estadounidenses jóvenes de hecho son mucho más progobierno que sus mayores. Pudiera parecer que están relativamente de acuerdo con los libertarios antiguerra, pero realmente no apoyan la agenda de política.

Pero hay un problema aún más grande: en lo que respecta a la esencia, los libertarios están viviendo en un mundo de fantasía. A menudo esto es literalmente cierto: Paul Ryan, el congresista republicano y presidente del Comité del Presupuesto de la Cámara de Representantes, piensa que estamos viviendo en una novela de Ayn Rand. Es más, la visión libertaria de la sociedad que de hecho tenemos se asemeja poco a la realidad.

Mike Konczal, del Instituto Roosevelt, analizó un ejemplo específico en una publicación reciente en su blog (puede leerse aquí: bit.ly/1uag6rk): la idea actualmente de moda entre los libertarios de que podemos hacer las cosas de mucho mejor forma reemplazando al Estado benefactor con un ingreso básico garantizado. Tal como escribió el Sr. Konczal, esta noción descansa en la creencia de que el Estado benefactor es un embrollo de programas ineficientes, y que la simplificación ahorraría suficiente dinero para pagar subvenciones universales no condicionadas a ingresos ni a la desgracia.

Pero la realidad no es así. La gran mayoría del gasto del Estado benefactor viene de un puñado de programas importantes, y estos programas son bastante eficientes, con bajos costos administrativos.

De hecho, el costo de la burocracia en general está enormemente sobreestimado. La compensación para los trabajadores sólo representa 6.0 por ciento del gasto federal sin incluir Defensa, y sólo una fracción de esa compensación se destina a gente que razonablemente podría llamarse burócrata.

Y lo que el Sr. Konczal dice respecto al Estado benefactor también es cierto para la regulación, aunque es más difícil de cuantificar.

Seguramente hay regulaciones gubernamentales poco económicas e innecesarias, pero no tantas como los libertarios quieren creer. Por ejemplo, cuando burócratas entrometidos dicen qué cosas puede tener o no el detergente de lavaplatos, resulta ser que hay un buen motivo. Estados Unidos en 2014 no es la India bajo Licencia Raj.

En otras palabras, el liberalismo es una cruzada contra problemas que no tenemos, o al menos no en el grado en que los libertarios quieren imaginarse. En ningún otro lado esto se ilustra mejor que en el caso de la política monetaria, donde muchos libertarios están determinados a impedir que la Reserva Federal imprima dinero de forma irresponsable; cosa que, de hecho, no es algo que esté haciendo.

En cambio, lo que todo esto significa es que el liberalismo no ofrece una agenda de política operable. No quiero decir que me disguste la agenda, lo que es otra cuestión; quiero decir que si por algún motivo terminamos con un gobierno libertario, rápido se encontraría incapaz de cumplir alguna de sus promesas.

Así que no, no estamos por tener un momento libertario en Estados Unidos. Y eso es bueno.