Opinión

El Holocausto, nunca jamás

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Hoy, el mundo conmemorará el 70 aniversario de la liberación del campo de exterminio nazi de Auschwitz, símbolo del Holocausto. (Reuters)

El Holocausto que sufrió el pueblo judío durante la Segunda Guerra Mundial significó el asesinato de seis millones de personas, entre ellos 1.5 millones de niños, casi la mitad de los que los nazis planearon eliminar en la Conferencia de Wannee en enero de 1942. La barbarie nazi representó uno de los genocidios más crueles de la historia. Hay que destacar que en esa conflagración murieron 60 millones de personas.

En este contexto, el 27 de enero fue fijado por la Asamblea de las Naciones Unidas como un día de Conmemoración Oficial de la Memoria de las Víctimas del Holocausto y Prevención de los Crímenes contra la Humanidad. Ante el creciente antisemitismo que se observa en el mundo, las actitudes racistas de grupos de extrema derecha y de la Yihad (Guerra Santa de los fundamentalistas islámicos) que pretende “eliminar a los herejes”, y de cara a los negocionistas del Holocausto, se ha instituido esta celebración para que el mundo no olvide el horror de lo ocurrido y de que no vuelva a repetirse. Muchos jóvenes en el mundo ignoran que existió el Holocausto y pueden ser presa fácil de las ideologías neonazis y de los fundamentalistas; de hecho, miles de jóvenes de varios países de Europa y de EU, principalmente, se han enrolado a las milicias del sanguinario Ejército Islámico que diezma a poblaciones enteras en el Medio Oriente.

El día de la Conmemoración de las Víctimas del Holocausto también celebra los 70 años de la liberación de los campos de exterminio nazis; en este ámbito, las Naciones Unidas han pedido a los países miembros de ese organismo a que “elaboren programas educativos que inculquen a las generaciones futuras las enseñanzas del Holocausto con el fin de ayudar a prevenir actos de genocidio en el futuro y ha solicitado al Secretario General que establezca un programa de divulgación (El Holocausto y Las Naciones Unidas) y que adopte medidas para movilizar a la sociedad civil en pro de la recordación del Holocausto y la educación al respecto”. Algunos gobiernos europeos, el de EU y Canadá, entre otros, ya han instrumentado programas escolares con este propósito y también legislaciones para sancionar el negacionismo del Holocausto.

En este contexto, la conmemoración de la liberación del campo de concentración Auschwitz-Birkenau, por parte el Ejército soviético, quizá sea el mayor símbolo de siglos de hostigamiento contra los judíos. Allí murieron más de un millón de judíos; asistieron 300 sobrevivientes. Ciertamente, el presidente de Alemania, Joachim Gauck, dijo ante la Cámara baja del Parlamento de ese país que Auschwitz sintetiza “el horror industrializado” practicado por el Tercer Reich y a pesar de sus dimensiones monstruosas no fue el único lugar donde se realizó el Holocausto. En todo el territorio del Tercer Reich se edificaron centros de exterminio como Treblinka, Soribor o Dauchau. Gauck aludió a que en una reciente encuesta en Alemania, 81 por ciento de los ciudadanos quisieran dejar “tras de sí” la historia del Holocausto y 58 por ciento optaría por aplicarle un “punto final”.

Lo cierto es que el Holocausto no tendrá punto final mientras persista el tradicional antisemitismo en el mundo, particularmente en Europa, que es alimentado por las iglesias cristianas, o se disfrace de antiisraelismo; tampoco se puede darle final en tanto cobre fuerza el odio de los racistas y de los fundamentalistas islámicos que se traduce en actos de violencia contra los judíos en algunas naciones de Europa, especialmente en Francia. Los judíos en Europa tienen nuevamente que ocultar su identidad para no ser agredidos o asesinados. No puede haber punto final mientras los gobiernos sean omisos frente a actitudes abiertamente antisemitas, e incluso promuevan relaciones con grupos terroristas.

El mundo occidental tiene que estar consciente de que Israel es la primera línea de defensa contra el fanatismo e intolerancia del islam. Si “cae Israel y los judíos” se debilitará la democracia, los valores y los derechos humanos de Occidente. Nunca Jamás.

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