Opinión

El gran fracaso del PRD

El gran fracaso del PRD en 25 años es no haberse convertido en un partido de izquierda. Salvo algunos programas asistenciales de López Obrador y un par de medidas vanguardistas tomadas por Marcelo Ebrard, el PRD ha sido profundamente reaccionario.

El PRD es el partido del status quo. No quieren que cambie nada.
Dijo Cuauhtémoc Cárdenas en su mensaje de festejo por los 25 años de ese partido, que “sólo al régimen entreguista y neoliberal le sirve ese discurso que dice que hay que ser una izquierda moderna o alejada de radicalismos”.

Se equivoca el ingeniero: al PRD le ha faltado radicalismo en cuestiones que debieran ser esenciales para la izquierda, y les ha sobrado ímpetu para defender el estado de cosas e impedir la transformación del país.

La izquierda debería estar radicalmente en contra de la concentración del ingreso, y el PRD se ha puesto al servicio de la mayor acumulación de riqueza que ha habido en la historia de México, en la persona de Carlos Slim.

El PRD tendría que ser un partido radical en contra de los monopolios, y sus legisladores y su prensa están en una dura batalla para que el monopolio de las telecomunicaciones no sufra mengua alguna, en beneficio de los ciudadanos.

La izquierda, en cualquier parte del mundo, está llamada a asumirse como una radical impulsora de la igualdad de oportunidades para todos, y aquí se ha puesto del lado de los privilegios de mafias sindicales que no quieren el cambio en el sistema educativo.

El PRD ha hecho causa común con la CNTE, que está en contra de que los maestros sean evaluados y los ascensos se determinen por méritos académicos, y no por la participación de los profesores en marchas, bloqueos y éxodos al Distrito Federal.

Los perredistas -no todos, desde luego-, han estado por conservar la insana relación entre el magisterio y la SEP, que condena a la ignorancia a decenas de millones de niños que no podrán competir con alumnos que tienen profesores preparados y sí dan clases.

El PRD debería ser un partido radical en contra de la corrupción, y en sus escasos 25 años de existencia sus integrantes han demostrado que son tan o más corruptos que los demás a la hora de gobernar.

No vayamos tan lejos como el caso Bejarano, sino que veamos ahora que han construido una línea del Metro que costó 25 mil millones de pesos y no funciona. Eso no es sólo ineptitud, sino corrupción.

O veamos la delegación Iztacalco, donde hay empleados despedidos por no dar un “moche” de su sueldo a sus superiores, que se los exigen en efectivo.

Sí, la izquierda hecha gobierno le pide un “derecho de piso” a sus empleados por trabajar. Es una vergüenza para el PRD.

El PRD tendría que ser un partido radical en la defensa de los derechos humanos, y ha sido cómplice en situaciones que le ha tocado resolver, como la fabricación de culpables en el caso Stanley y el encubrimiento en el News Divine.

Así es que cuando Cárdenas convoca a ser radicales, ¿a qué radicalismo se refiere?

A defender a capa y espada el actual estado de cosas, los monopolios, el estatus quo en educación, en telecomunicaciones, en utilización de los recursos energéticos para beneficio de la población.