Opinión

EL GLOBO: Dalai Lama en México

15 octubre 2013 5:2

 
La presencia en México de este destacado y muy apreciado líder espiritual ––quien goza de gran aceptación entre simpatizantes y seguidores, además del perfil pacífico, armonioso y de liderazgo–– tiene extensa aprobación en México. A pesar de dicha aceptación y de una creciente serie de simpatizantes, el gobierno ha decidido no recibirlo oficialmente. Ningún funcionario o representante oficial, o de ningún gobierno estatal sostendrá ––por lo menos en público–– reuniones con el Dalai Lama.
 
 
Para entender esta firme ––casi tajante–– posición, es necesario comprender el contexto estratégico de este gobierno a nivel internacional. Como uno de los ejes fundamentales de la política exterior trazada por el presidente Peña, se encuentra el reforzamiento de relaciones con China. En tres meses, Enrique Peña se ha reunido en tres ocasiones con su contraparte chino, la más reciente, el encuentro bilateral en San Petersburgo (Cumbre del G-20), esto después de la visita oficial que Xi Jinping realizó a nuestro país en el verano (junio).
 
 
El estrechamiento de lazos es evidente. Un memorándum de entendimiento en materia de inversión destinado a habilitar una línea de crédito de 500 millones de dólares del Export-Import Bank de China para el Banco de Comercio Exterior de México. Secretarios de Estado de México, entre ellos el canciller Meade, el secretario de Comunicaciones y Transportes, la secretaria de Turismo, los responsables de Hacienda, Economía, Agricultura y otras carteras, han sostenido visitas de trabajo a China.
 
Una intensa estrategia que el propio líder chino Xi Jinping ha definido como “una nueva fase de desarrollo debido al esfuerzo mancomunado de los dos líderes…” 
 
Por si faltaran más elementos, este fin de semana la cancillería mexicana emitió un comunicado en el que señala que “el Dalai Lama, en su carácter de líder espiritual del budismo tibetano, realiza una visita privada a México” y más aún: “ningún funcionario del gobierno federal tiene previsto reunirse con el líder tibetano”. De ese tamaño es el orden de prioridades y la enérgica postura de China y sus gobernantes: construir relaciones con su gobierno significa cero reconocimiento o trato oficial al líder tibetano. México firmó ya un respaldo pleno al principio “Una sola China” como define ––y justifica–– ese país su control y “adhesión” del Tíbet.
 
 
No es la primera vez que esto sucede: Carlos Salinas de Gortari tuvo la fuerza y la entereza para aguantar la presión del gobierno chino que, hay que decirlo, en ese momento no ejercía la potencia económica que hoy representa, y recibió al Dalai Lama. Vicente Fox ––quien esta semana se saca la espinita y lo recibe en su magno Centro de Convenciones–– rehuyó al encuentro y envió a su esposa Martha Sahagún a una reunión semioficial, que causó molestia a los chinos. Pero Felipe Calderón pasó por alto la presión de Beijing y sostuvo un encuentro formal con el XIV Dalai Lama, que por supuesto provocó un enfriamiento en las relaciones entre ambos países.
 
 
Peña no quiere estar en esa posición. No pretende defender autonomía y soberana decisión, por encima de los intereses comerciales y asume una posición más pragmática. Nos interesa un mayor comercio con China, la entrada de productos mexicanos ––como el tequila cien por ciento de agave o la carne de cerdo, entre muchos otros–– y el desarrollo de una alianza comercial de largo plazo. Mientras que para China, cuya relación comercial con Estados Unidos y especialmente con Europa, ha estado marcada por las restricciones e imposiciones que ambas regiones han establecido como mecanismos de defensa ante la eventual invasión de artículos del gigante asiático, resulta especialmente atractiva nuestra posición. México sostiene activos acuerdos de libre comercio con ambos bloques económicos (EU y Europa), lo que representaría para China un trampolín de despegue y penetración a esos mercados.
 
 
Así las cosas, con perdón a los simpatizantes, seguidores, algunas decenas de miles de budistas creyentes y practicantes en México, la línea del gobierno fue clara: ni foto, ni reunión, ni saludo, ni emisario, ni nada que acaso pudiera causar algún malestar a los colegas chinos, que observan con extrema atención cada paso del venerado Tenzin Gyatso por nuestras tierras.
 
 
Pragmatismo por encima de cualquier nostálgica o anacrónica visión de nacionalismo soberano.
 
 
lkourchenko@elfinanciero.com.mx