Opinión

El Frente Amplio Democrático

    
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Ricardo Anaya y Alejandra Barrales

López Obrador se ha vuelto el principal impulsor del Frente Amplio Democrático que anunciaron Alejandra Barrales y Ricardo Anaya. Su negativa a considerar cualquier tipo de alianza con el PRD y Movimiento Ciudadano ha despejado el camino y los tiempos se han acelerado, como lo muestran las recientes resoluciones del PAN y el PRD.

Sin embargo, lo que viene no será pan comido. Deberán sortearse cuestiones fundamentales. La primera es la designación del candidato común mediante un método previamente acordado. Las opciones podrían ser tres: elección abierta, consenso o encuesta. Además, se deberá determinar quiénes son los potenciales aspirantes y conjurar el riesgo de ruptura o conflicto en el Frente y en cada partido que lo integre. Jorge Castañeda dio, ayer, cuenta de esa complejidad.

El otro asunto capital es el programa común. Max Weber advertía de que la velocidad de un convoy la determina el más lento de sus integrantes. Y si –como se ha anunciado– en el Frente participarán partidos, organizaciones sociales y personalidades diversas, el grado de dificultad se incrementará.

Por otra parte, en México no hay experiencia histórica de gobiernos de coalición, ni en el ámbito federal ni en el local. Allí donde la coalición PAN-PRD se ha impuesto, los gobernadores se han ido por la libre sin abrir espacios a los partidos coaligados.

Adicionalmente, hay diferencias fundamentales en materia fiscal y energética que no pueden ser soslayadas. Ambos temas serán capitales en 2018. El Frente deberá fijar una posición ante Morena que propone la supresión de las reformas, la energética en particular. En lo fiscal, las oposiciones parecen irreductibles, mientras el PAN está por la racionalización del gasto, la reducción del déficit público y el tope al endeudamiento, el PRD se sitúa en las antípodas, más cerca de AMLO. Y ello sin mencionar asuntos como la defensa de las minorías y el aborto.

Dada la correlación de fuerzas, y el peso electoral que tendrían juntos PAN y PRD, podrían convertirse en el instrumento para sacar al PRI de Los Pinos y evitar la victoria del populismo. Lo que equivaldría a reeditar los clivajes de 2000 y 2006. Fox ganó entonces ofreciendo la alternancia, como una suerte de panacea. Y Calderón pudo imponerse con un mínimo margen, levantando la advertencia del peligro que representaba López Obrador.

Sin embargo, la reedición de esos clivajes en 2018 tiene dos enormes reparos: primero, ya sabemos, por experiencia, que la alternancia no basta y no es la panacea. Segundo, conjurar el peligro del populismo es un paso indispensable para evitar el desastre, pero no es un método para solucionar los problemas reales y enormes que enfrenta el país.

Lo que de verdad se necesita es un programa y un liderazgo reformador, tal como está ocurriendo en Francia con Emmanuel Macron. La enorme ventaja del presidente francés es, justamente, la consistencia de su programa y el contar con una mayoría que le permitirá ponerlo en operación a la brevedad.

El riesgo mayor en el caso del Frente Amplio es que la convergencia se articule en torno a objetivos deseables –incluso inalcanzables, como pasó con la Constitución de CDMX– sin abordar con precisión y claridad metas y métodos. A lo que hay que agregar que el nuevo presidente no contará con mayoría en el Congreso.

El problema, entonces, no es sólo forjar una alianza capaz de ganar la presidencia, sino una mayoría reformadora y responsable. Pero esperar que eso ocurra, dadas las diferencias y heterogeneidad de fuerzas, sería una ingenuidad mayor.

Sin embargo, los perredistas y los panistas saben que separados no tienen posibilidad de ganar y que juntos pueden repetir la fórmula que los ha llevado a la victoria en varias ocasiones. El tamaño del pastel es demasiado grande como para resistir la tentación y dejar pasar la oportunidad. Amén que conjurar el populismo y sancionar la corrupción e ineficiencia del gobierno son tareas indispensables. Por eso la elección del 18 estará marcada por la opción del mal menor. La pregunta es si el país aguantará otros seis años de estancamiento y deterioro.

Twitter: @SANCHEZSUSARREY

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