Opinión

El factor Manlio

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Módulo especial Manlio Fabio Beltrones. (Especial)

El presidente Peña tiene una hoja de ruta hacia 2018. Las componentes son: la alianza PRI-Verde-Panal, que sumaría una intención de voto cercana a 40 por ciento; la división de la izquierda; la debilidad del PAN y, por supuesto, que la mayoría de los estados permanezcan gobernados por el PRI.

En esa lógica se inscribe la designación del presidente del PRI, Manlio Fabio Beltrones. Todo indica que Peña Nieto hizo una evaluación de los costos y beneficios de su nombramiento. Predominaron los segundos porque no sólo asegura la unidad del partido, sino garantiza la operación en las elecciones 2016 y 2017.

A contrapunto, el nombramiento de Manlio no se explica sin hacer referencia a los problemas que enfrenta el gobierno de la República. Peña Nieto está en su punto más bajo de aprobación, la crisis de seguridad y violencia no ha sido superada y las perspectivas económicas son complicadas.

Como resultado de esos factores se ha abierto una coyuntura inédita. Por primera vez en la historia, el presidente del PRI gozará de fuerza y autonomía frente al presidente de la República. Nunca antes había sucedido. De Lázaro Cárdenas a Ernesto Zedillo jamás se violentó esa regla.

La comparación que algunos han hecho con Colosio no se sostiene porque su designación como presidente del PRI y, después, su postulación como candidato a la presidencia de la República fueron labradas en Los Pinos. Amén que pertenecía al círculo más cercano de Salinas y la fuerza del presidente era enorme.

Por eso el factor Manlio plantea más interrogantes que respuestas. De entrada, cambia la ecuación de la sucesión presidencial. El presidente del PRI, desde el PRI, se ha convertido por méritos propios en un candidato potencial.

Es cierto que existe un antecedente. Roberto Madrazo se abrió paso a la candidatura presidencial desde la presidencia del PRI. Pero el PRI era un partido de oposición y el poder se había balcanizado y desplazado a los gobernadores. Así que no hay punto de comparación con lo que está ocurriendo ahora.

La ascensión de Beltrones, por lo demás, impone una pregunta elemental: ¿cuál es su verdadera ideología o identidad: el operador eficiente de las reformas estructurales, incluida la energética, que promovió Peña Nieto, o el opositor férreo a las reformas a la Constitución y los contratos de riesgo, en materia petrolera, bajo el gobierno de Felipe Calderón?

A lo que se puede sumar otra interrogante: ¿optará por un camino reformador o será impulsor de una estrategia conservadora como la que encabezó en 2007, en alianza con el PRD, para descabezar al IFE y limitar el derecho a la libertad de expresión, con la famosa prohibición de las campañas negativas?

De lo que no hay duda es que Beltrones aspira a la candidatura presidencial como aspiraba a la dirección nacional del PRI. De lo que tampoco hay duda es que es un político eficiente y de pura cepa que sabe qué y cómo hacer para alcanzar sus objetivos.

Dicho de otro modo, sabe perfectamente que no sólo jamás pertenecerá al círculo más cercano del presidente Peña, sino que su nombramiento debe haber inquietado o molestado a Osorio, Nuño y Videgaray.

Pero, por lo mismo, entiende que fueron su lealtad y eficacia las que lo llevaron a la oficina de Insurgentes. Y que serán ellas mismas, en materia político-electoral, las que lo mantendrán en su puesto y le abrirán las puertas del próximo sexenio.

De hecho, su designación como presidente del PRI contiene para él una serie de lecciones capitales. La primera es que el presidente Peña tomó una decisión pragmática, al igual que hizo en el Estado de México con Eruviel Ávila.

La segunda es que nada está definido de antemano. La designación del candidato del PRI a la presidencia de la República la hará el presidente, pero su voluntad será modulada por el entorno político y económico. Nada permanece estático. Todo puede cambiar.

A final de cuentas, el gran dilema de Manlio será si, en la recta final, apostará el todo por el todo a su candidatura o jugará con las viejas reglas sabiendo que se puede abrir una coyuntura favorable para él, que –de no ser candidato– le serviría para forjar una alianza con el favorito del presidente de la República.

Twitter: @sanchezsusarrey

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