Opinión

El contexto de la renegociación

    
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TLCAN

Sólo se pueden prever los alcances de la renegociación del TLCAN, sus peligros y oportunidades, si se entiende que las circunstancias de ahora son muy diferentes a las de principios de los noventa, cuando se firmó. Entonces había condiciones que alentaban el crecimiento de la inversión y las exportaciones y privaba el optimismo sobre las potencialidades de la globalización.

Hoy los capitalistas y los mercaderes actúan con reservas y no están muy seguros de que las cosas vayan a mejorar. El sueño de un mundo globalizado se disipó y crecen los temores de que suceda lo mismo que con la primera globalización.

A fines del siglo XIX y principios del siglo XX, el comercio internacional prosperó rápidamente.

Después de las Guerras Napoleónicas, Gran Bretaña redujo o eliminó los aranceles de gran número de productos. Siguiendo su ejemplo los países europeos forjaron acuerdos bilaterales en los que se incorporó la cláusula de “nación más favorecida”.

Al mismo tiempo, los costos del transporte ferroviario y marítimo declinaron y cayeron los precios de los commodities: el trigo costaba casi lo mismo en Liverpool que en Chicago.

El problema de la sobrepoblación rural en Europa indujo una migración masiva hacia Estados Unidos, Canadá, Argentina y Australia, donde había tierras en abundancia, necesidad de mano de obra y sueldos superiores. En la primera década del siglo pasado emigraron un millón de europeos al año. Eso, sin embargo, fue demasiado. En Europa el hundimiento de los precios agrícolas generó descontento en el campo y pronto prendió la exigencia de controlar las importaciones.

En Norteamérica los niveles salariales se abatieron. La competencia con los locales por los empleos no calificados se volvió sangrienta y creció un movimiento para exigir restricciones a la entrada de más extranjeros.

En poco tiempo, la promesa de progreso a través del comercio quedó desacreditada. El intercambio multilateral prácticamente desapareció y el bilateral fue normado con cuotas y castigado con tarifas. Se fijaron controles al flujo de capitales y se restringió severamente la migración. El descontento y el nacionalismo económico se propagaron por Europa y Asia, el orden internacional se tambaleó y, finalmente, estalló la Primera Guerra Mundial. Siguió la Gran Depresión y medio siglo de proteccionismo.

El libre comercio volvió a despertar interés hasta que tuvieron éxito las sucesivas rondas de eliminación de tarifas de manufacturas del GATT y, sobre todo, cuando se crea la Organización Mundial de Comercio (OMC) y se liberan también los productos agrícolas y los servicios.

EL SUEÑO
Al llegar el nuevo milenio las perspectivas eran luminosas. La integración de los mercados de capitales, bienes, servicios y mano de obra se aceleró. Surgieron empresas realmente globales, con operaciones en todo el mundo, que combinaron los avances técnicos de las economías avanzadas con los bajos costos laborales de las emergentes. Las técnicas de justo-a-tiempo redujeron los costos sustancialmente. El transporte rápido y barato, y sistemas logísticos cada vez más sofisticados, acercaron las materias primas a los centros fabriles y los productos a los mercados de consumo. La entrada de China a la OMC y la expansión de India abrieron mercados gigantescos.

Hasta que la crisis financiera de 2007-2008 afectó a todos y puso en duda el derrotero que se estaba siguiendo. La economía real sufrió un frenazo y no se recupera. La estabilización macroeconómica salió muy costosa.

Los flujos de capital se colapsaron; se acentuó la aversión al riesgo.

Los bancos y las financieras soportan ahora mayor regulación; a la doméstica se sumó la internacional (Basilea III). Las políticas prudenciales prácticamente congelaron los préstamos transfronterizos. Por si fuera poco, la política monetaria titubeante y poco convencional causa mucha desconfianza.

China (que representa 15 por ciento de la economía mundial) ya no se expande tanto y probablemente su crecimiento no se sostenga.

Así lo sugiere la presencia de fuerzas estructurales profundas, como la reducción del crecimiento poblacional (por la política de un solo hijo) y los problemas para absorber empleo en el sector agrícola.

El problema de los refugiados y la inmigración ilegal y el de los obreros de manufactura desplazados se ha agravado en Europa y en Estados Unidos. El populismo aumenta en ambos continentes. Todo ello explica la necesidad que tienen los americanos de reducir la presión sobre su economía, poniéndole válvulas de escape al TLCAN.

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