Opinión

Desplome de Rusia

El significativo declive de los precios petroleros a nivel mundial entre 1985 y 1991 provocó una pérdida anual de 20 mil millones de dólares a la exUnión Soviética que representó un severo golpe para su economía y que ayudó a la desintegración que ya se percibía de este bloque comunista, en virtud de que se fortaleció la posición de los reformistas dentro del gobierno soviético que impulsaron el cambio de un sistema de economía centralmente planificado a una de mercado. La historia vuelve a repetirse ahora para Rusia con la caída de las cotizaciones del crudo, alrededor de 50 por ciento desde la segunda parte de este año y que implicó una pérdida para el país de 75 mil millones de dólares en 2014, monto al que se adicionan 35 mil millones del costo de las sanciones occidentales contra Rusia por la anexión de Crimea a su territorio y la invasión de sus tropas a Ucrania.

Rusia también ha instrumentado medidas contra Estados Unidos (EU) y la Unión Europea (UE), particularmente en materia de comercio exterior, que afectaron especialmente a la UE, primer socio comercial de Rusia; se estima que las sanciones a la UE le costarán a esta última 90 mil millones de dólares en dos años. Rusia es uno de los principales productores de petróleo del mundo, su presupuesto depende en elevada proporción de los ingresos de los energéticos y dos tercios del valor de sus exportaciones provienen de la venta de crudo y gas; Rusia ha estado reduciendo paulatinamente la refinación de petróleo. El ministerio de Energía de Rusia estima que la exportación de petróleo bajó 4.3 por ciento, a 4.6 millones de barriles por día en 2014 y la de gas 6.7 por ciento a 183 mil 300 millones de metros cúbicos.

La crisis que experimenta Rusia se venía gestionando en el último año, y el derrumbe del precio del crudo actuó como acelerador de la misma; en este ámbito se estima que la actividad económica retrocedió por lo menos 1.0 por ciento en 2014 y caerá 5.0 por ciento en 2015. La profundidad y velocidad de la crisis financiera superó las previsiones del gobierno ruso y las de los analistas. El presidente Vladimir Putin considera que se superará en dos años; mientras tanto ya ha afectado a los mercados internacionales.

Rusia posee reservas internacionales que suman 350 mil millones de dólares; el Banco Central de esa nación ha destinado 90 mil millones para atenuar las presiones que enfrenta el rublo; sin embargo, éste se devaluó 50.0 por ciento en la segunda parte del año; el monto de grandes reservas no ha funcionado ante la incertidumbre que se ha desatado en los ahorradores que han asaltado los bancos en busca de euros y dólares y se ha cerrado de manera importante el acceso de Rusia a los fondos internacionales, creando incertidumbre entre un gran número de compañías “demasiado apalancadas” que no pueden cancelar su deuda. De por si las sanciones económicas de Occidente ya habían limitado el endeudamiento externo de Rusia.

El pasivo de las empresas estatales y de los bancos rusos es muy elevado, 600 mil millones de dólares, sobre todo el de las firmas energéticas; el Estado ha actuado como garante de los bonos emitidos. Por lo demás, la relación entre bancos y empresas públicas ha fomentado tensiones y desconfianza; cada vez más se ven a Putin como el causante de la crisis y con ello se enturbia el entorno político.

La inflación se ha acentuado con la crisis, se estima que alcanzó 10.0 por ciento en 2014; la falta de claridad del piso al que llegará el rublo y por tanto el avance de precios, ha llevado a los almacenes a remarcar constantemente las cotizaciones de los bienes que expenden, se ha creado un círculo negativo entre inflación, pérdida del poder adquisitivo de los consumidores, baja de la actividad productiva e incremento del desempleo. La inflación y la recesión son una mezcla propicia para la inestabilidad social. Ante el grave deterioro económico que se observa en Rusia, Estados Unidos y la Unión Europea han comentado estar dispuestos a reconsiderar las sanciones “siempre y cuando Putin revise su política en Ucrania y frene sus impulsos expansionistas, no sólo en esta última sino en otros países Bálticos: Moldavia o el Cáucaso, donde existen comunidades rusófilas. En este marco, cabe reconocer que la era de oro de Rusia de los 10 años previos, llego a su fin.