Opinión

Desperdiciando talento, ¿hasta cuándo?

 
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conacyt

Cristóbal Miguel García Jaimes tiene 19 años, es del estado de Guerrero y es el inventor del acelerador de partículas más barato del mundo. Gracias a sus enormes logros, Cristóbal, quien cursa el segundo semestre de la carrera de Física en la UNAM, ha recibido numerosos premios y distinciones. Los apoyos concretos, sin embargo, han escaseado y, para costearse sus estudios, trabaja en las noches de velador.

A diferencia de Cristóbal quien ha recibido, al menos, importantes reconocimientos, miles y miles de jóvenes mexicanos buenísimos para las matemáticas, la música, el diseño, el baile, el deporte, entre tantos otros, viven en un país que no les ofrece oportunidades, reconocimiento o apoyo ninguno para desarrollar su potencial. Muchísimos de ellos, de hecho, ni siquiera saben que lo tienen. Tal es el caso, por ejemplo, de varios chicos de Mérida que están participando en el programa Talentum-Bachillerato del CIDE, cuyo objetivo es detectar e impulsar a jóvenes con alto potencial de talento matemático, provenientes de medios con desventaja social.

Durante la inauguración del programa en Mérida, algunos de ellos me dijeron que “eran malos en matemáticas”, con una certeza escalofriante. Ello, a pesar de que estuvieron entre los mejores 90, seleccionados con pruebas muy rigurosas, a partir de un universo de alrededor de mil 400 alumnos de primero de bachillerato de dos planteles tecnológico en esa ciudad.

No sé bien de dónde sacaron aquella idea. Quizá lo concluyeron a partir de sus calificaciones en la escuela. El problema es que las calificaciones escolares en México suelen tener poco o nada que ver con los aprendizajes y capacidades de los alumnos. Los indicios al respecto abundan y son un signo más de lo poco que en México valoramos el conocimiento y los aprendizajes efectivos. Un estado de cosas, enloquecido y perverso que priva a los alumnos de saber qué saben, pueden hacer e incluso de tener una idea clara de quienes son.

En el caso de los 60 universitarios que participan en el programa Talentum-Universidad, también organizado por el CIDE con apoyo de la SEP y el Conacyt, ocurre algo similar (aunque menos grave) en la relación entre calificaciones escolares y puntajes en pruebas independientes. Menos grave, pues todos ellos sabían ya que eran buenos alumnos. Similar, pues si bien sus promedios en la carrera que están cursando varían de forma importante, sus puntajes en el proceso de selección para el programa los ubicaron en los 60 primeros lugares de un universo inicial de 13 mil interesados y dos mil candidatos de todo el país que culminaron la etapa inicial de ese proceso.

Talentum Universidad busca identificar e impulsar el desarrollo de estudiantes universitarios mexicanos con gran potencial, particularmente en términos intelectuales, así como de su empuje, perseverancia, creatividad, compromiso social y honestidad. Conocer y convivir con esas 30 chicas y 30 chicos talentosos provenientes de muy diversas latitudes geográficas y sociales estos últimos días ha sido extraordinario. Ahí están… sólo hace falta salir a buscarlos. Iniciativas como esta, si bien van creciendo en número en México, desafortunadamente siguen siendo muy marginales.

El desperdicio a manos llenas del talento de niños y jóvenes mexicanos es uno de los mayores costos de una sociedad armada sobre la reproducción y defensa del privilegio. No darles las oportunidades y apoyos para que vuelen lejos y alto es horriblemente injusto para ellos y sus familias, especialmente para aquellos con mayores desventajas socioeconómicas. Es también, y sobre todo, un error trágico y casi incomprensible desde el punto de vista colectivo. Una falta que contribuye todos los días a limitar el crecimiento del país en su conjunto y a seguir reproduciendo creencias, hábitos y prácticas que sólo celebran el mérito, el esfuerzo y el talento en el discurso, pero lo niegan en los hechos.

Twitter: @BlancaHerediaR

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