Opinión

Desigualdad, ¿inevitable?

 
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Ante el desplazamiento de integrantes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) en Paseo de la Reforma con dirección al Zócalo, la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal (SSPDF) alertó a conductores evitar la zona y

La desigualdad, el fenómeno más perturbador del siglo XXI, no es sólo un flagelo, es un detonante, es causa y efecto, es principio y fin, y es un reto para las democracias no sólo en México, sino en el mundo.

Para México representa el mayor reto según el Banco Mundial, y de acuerdo a los últimos informes de la OCDE, nuestro país tiene la brecha social más amplia de todos sus países miembros.

México ha asumido el reto, desafío que va más allá de los Mirreyes de los cuales Ricardo Raphael da cuenta como un asunto de instituciones formales e informales, que sin duda genera corrupción, violencia e impunidad, además del hartazgo social.

Asume el reto también, más allá del sistema económico, que sin duda nos lleva a cuestionar si es la desigualdad producto de un capitalismo que tal como sostiene Tomás Piketty en su libro El capital en el siglo XXI, “produce mecánicamente desigualdades insostenibles, arbitrarias que cuestionan de modo radical los valores meritocráticos en los que se fundamentan nuestras sociedades democráticas”.

Asumimos el reto porque la desigualdad no es inevitable en una democracia. Es un flagelo que debe atacarse desde varios frentes, por lo que demanda decisiones políticas que logren cerrar la brecha. Conlleva el reto de democratizar instituciones y prácticas más allá de las leyes, nos lleva a aplicar un Estado de derecho, base angular de la democracia, y nos lleva a cuestionarnos: ¿tenemos en México posibilidades reales de movilidad social, que permitan disminuir la brecha? ¿Es un asunto de desigualdad de derechos? ¿Nuestra joven democracia debe garantizar per se hacer realidad la igualdad de derechos?

La gran desigualdad y pobreza que aquejan a millones de mexicanos hacen de nuestra democracia una de baja calidad e incluso la afrentan. El respeto a los derechos humanos es fundamental al hablar de la legitimidad con el que un Estado ejerce el poder público, y deben garantizarse en el ejercicio de la democracia, como lo plantea la Constitución como un sistema de vida, y éste se asocia a un sistema económico que reduzca la desigualdad porque precisamente para alcanzar crecimiento económico debe disminuirse la desigualdad.

La afrenta a la democracia la representan, de acuerdo con cifras de la CEPAL, 13.3 por ciento de mexicanos en pobreza extrema y 36.3 por ciento en pobreza. El costo según dicho organismo tendría un precio de 23 mil 549 millones de dólares.

Sabemos que no sólo es un asunto de subsidios o ayudas sociales, hay que hacer realidad el acceso a una educación de calidad, a servicios públicos, y también a una formación laboral.

El proceso electoral que se avecina puede coadyuvar a disminuir la brecha. Según análisis recientes, cuanto menos representativas son las cámaras de un país, mayor es la desigualdad, ya que las causas fundamentales del crecimiento de la desigualdad no están en las fuerzas del mercado, sino en los cambios políticos, los cuales demandan el protagonismo de los ciudadanos no sólo al ejercer su voto.

Las fuerzas del mercado requieren de más y mejores prácticas políticas dentro de un sistema democrático, pero también mayor participación ciudadana. Debemos exigir que se reviertan las prioridades de las políticas públicas; el que el 10 por ciento más pobre de los mexicanos capte 1.2 por ciento del ingreso total del país, mientras que el 10 por ciento más rico reciba cerca de 40 por ciento, es sin duda una afrenta a nuestra democracia y es un asunto que nos compete a todos.

Twitter: @SamuelAguilarS

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