Opinión

Defendiendo principios liberales

Doug Sosnik, un estratega político demócrata, escribió recientemente un artículo interesante en Político sobre cómo “la izquierda” se está apoderando del Partido Demócrata. Por supuesto, lo que llama “izquierda” sería centrista, incluso tal vez de centro derecha, en la mayoría de las democracias occidentales, y pienso que sigue siendo cierto que los íconos progresistas de la actualidad (Elizabeth Warren, por ejemplo, senadora del estado de Massachusetts) están a la derecha de dónde estaban liberales de la vieja guardia como Teddy Kennedy.

Pero el Sr. Sosnik tiene razón en que ha habido un cambio muy grande en la forma en que los demócratas abordan las cosas (su artículo puede leerse aquí: politi.co/UzZGcE). Así es como lo pondría: han perdido su vergüenza post-Reagan.

Durante mucho tiempo, no sólo fueron los republicanos los que creyeron que la historia estaba de su lado; muchos demócratas parecían sentir lo mismo. Había una vieja caricatura de la década de 1980 que mostraba a los demócratas delineando su nueva plataforma; recortes fiscales para los ricos, recortes a los beneficios de los pobres y gasto fuerte en Defensa. Cuestionados respecto a la diferencia con la plataforma republicana, la respuesta era “Compasión: nos preocupan las víctimas de nuestras políticas”.

Pero las cosas han cambiado, por los motivos que el Sr. Sosnik describió y más. Después de todo, los demócratas han ganado el voto presidencial popular en cinco de las últimas seis elecciones.

Pese a todas las locuras y desafíos, han logrado grandes progresos en su búsqueda (que ha durado varias generaciones) por cobertura universal de salud. Tienen una red de laboratorios de ideas con financiamiento mucho menos abundante que el del aparato del ala derecha, pero intelectualmente más exitosa que sus oponentes.

Y tal como lo escribió el Sr. Sosnik de forma más o menos clara, la locura de la derecha de cierta forma empodera a la izquierda moderada.

Hubo un tiempo en que los demócratas “centristas” en efecto instarían apaciguamiento: no hablar sobre desigualdad ni decir cosas desagradables sobre la privatización, o la derecha se enojaría. Pero ahora está claro que sin importar lo que se haga, aparte de destruir todo el legado del New Deal, el simple hecho de ser demócrata hace surgir acusaciones de comunista islámico ateo. Entonces ¿por qué no defender algunos principios liberales?

Unas elecciones arrolladoras de los republicanos a finales de año (no sólo una victoria apretada en el Senado con un mapa muy favorable, sino un cambio drástico en el mapa) podrían hacer que vuelva la vergüenza, supongo. Pero eso se ve menos probable con el paso de cada semana, y en 2016 el mapa favorecerá a los demócratas.

Cómo resultará todo, nadie lo sabe; quizás eventualmente veremos un escenario de California a nivel nacional, con la creciente diversidad del electorado y la evidente locura de la derecha produciendo una abrumadora mayoría demócrata; tal vez veamos algún evento exógeno que vuelva a inclinar la balanza al Partido Republicano pese a lo que se ve como una tendencia en el sentido contrario. Pero lo que creo que no veremos, incluso si un Clinton llega a la Casa Blanca, es otra era Clinton donde los liberales tengan miedo a defender una postura.