Opinión

De cabildeo y política

 
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ME. Los desafíos de Enrique Ochoa.

Dos noticias esta semana perfilan el arranque de la sucesión presidencial del 2018: el relevo en el PRI con Ochoa Reza, y, la acción de inconstitucionalidad contra los Congresos de Veracruz y Quintana Roo, y posteriormente Chihuahua, por legislar en materia anticorrupción sin atender a las reformas legales federales en marcha. Se han despertado críticas de si Ochoa podrá construir un liderazgo efectivo, y, si son tardías las medidas contra el blindaje de Duarte y de Borge.

Muchos opinan se debería haber puesto orden antes del proceso electoral, y no como respuesta a una derrota, ante la cual los sucesores están obligados a revisar cuentas, ante la indignación ciudadana.

EPN no está dispuesto a aceptar la derrota anticipada del PRI. Pese a suspicacias que aseguran ya se prepara terreno para que el PAN asuma la Presidencia, para derrotar a AMLO y a su propuesta anti-sistémica. El mensaje a mi juicio apunta a una nueva apuesta: reconstruir la relación del partido y del gobierno con la ciudadanía para tratar de ganar su confianza. Si esto será posible en tan corto tiempo es el reto.

La forma con que Ochoa Reza se condujo en su mensaje durante su registro apunta a la intención de conformar un nuevo estilo de liderazgo. Que logre ser exitoso es otro asunto. Hay voces que protestan su elección por la trayectoria de lo que llaman un priista de clóset, aunque lo que subyace es la pérdida del control por grupos tradicionales.

En su toma de protesta Ochoa Reza señaló el mejor activo del PRI es el Presidente Peña, dedicó buena parte del mensaje a evaluar logros y compararlos con los gobiernos panistas. En efecto, EPN quiere poner en la balanza avances que no son valorados por la opinión pública, lo que explica su toma de control de la dirigencia tricolor. Las encuestas le son muy adversas.

La estrategia que plantea Ochoa Reza busca que el partido sea un canal de participación para representar a la ciudadanía, resolver sus demandas y evaluar el desempeño de los gobiernos, tanto emanados de sus filas, como de otros partidos. Parece simple, debería ser esa su función, pero fue secuestrado. La estrategia fallida de gobernar desde Los Pinos con Gobernadores empoderados al grado de controlar toda la vida política en sus entidades acallando voces críticas, parece llegar a su fin. El fracaso y el cinismo frente a la derrota han sido de escándalo.

El combate a la corrupción y la realización de foros para que el gabinete explique programas, y de paso se posicione frente al 2018, enmarcan las líneas de acción de la nueva estrategia. No son suficientes si se quedan en discurso de simple autocomplacencia. Abrir la puerta del partido nacional más importante del país a las causas ciudadanas es indispensable para hacerlo competitivo. Sobre todo cuando la política se ha vuelto una práctica cupular, de acuerdos, incluso por encima de los intereses de la ciudadanía. La crisis de los partidos políticos es una crisis de representación.

Si el PRI logra enfocar su acción hacia las causas que realmente le importan a la gente, que afectan su vida cotidiana, si se abre a la ciudadanía y a su militancia para escuchar quejas y actúa contra abusos de servidores públicos empoderados en los tres niveles de gobierno, estaríamos ante una transformación inédita de una burocracia partidista que por ahora solo acapara recursos y candidaturas, razón de su supervivencia.

Es curioso, las críticas a Ochoa por su militancia, no se han aplicado a la selección de candidatos que se dieron por afinidad hacia liderazgos partidistas, sin importar su trayectoria o inexperiencia. Así han transitado muchos impresentables. Los costos afectan al partido. Lo mismo sucede en los otros partidos políticos.

El financiamiento público fortaleció burocracias, que se cierran a participación ciudadana que amenaza sus prerrogativas, aunque contradictoriamente dependen del voto. Algunas se conforman con un mínimo para sobrevivir sin esfuerzo. El ADN del PRI ha cambiado con las sucesivas reformas políticas, a veces para impulsar democracia, a veces para adecuarse a regañadientes. ¿Podrá Ochoa concretar un cambio tan estructural en breve tiempo? Si lo logra el sistema de partidos puede reanimarse. Y el PRI consolidarse como opción en 2018.

Twitter:@Rosariodf

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