Opinión

Crocker: Los rebeldes sirios, peores que Bashar el Assad


 
Después del histórico acuerdo nuclear entre Irán, Washington y Naciones Unidas ––que todavía enfrenta escollos para su conclusión en seis meses, demostrados con el amago de Teherán de retirarse de la mesa, en respuesta al mantenimiento de las sanciones norteamericanas––, resulta claro que la marea de la guerra en Siria se ha vuelto contra los rebeldes de Al Qaeda apoyados por Arabia Saudita y Francia.
 
 
En varios frentes se multiplican las declaraciones que rechazan a los extremistas y piden replantear la cobertura política, económica y militar que han disfrutado y que tocó su punto más alto cuando Moscú logró impedir la ofensiva del Pentágono contra Damasco, que emplearía la falacia del “ataque químico sobre civiles”, desenmascarada por Seymour Hersh, quien atribuye la responsabilidad precisamente al Frente el Nosra, filial de Al Qaeda. El miércoles, los fanáticos encajaron otro golpe, con la suspensión de la ayuda no letal estadounidense y británica a través de Turquía, después de que ocuparan las bases de la guerrilla “laica y moderada” del Ejército Sirio Libre (FSA) justo en la frontera con ese país.
 
Las divisiones y la desesperación han llegado a tal grado que el “general” Salim Idriss, jefe castrense del FSA, afirmó que está dispuesto a sumarse al presidente Bashar el Assad para combatir a Al Qaeda. Es en este marco en el que un experto en la región y el conflicto, Ryan Crocker, ex embajador estadounidense en Afganistán e Irak, afirmó a The New York Times que “necesitamos hablar de nuevo con el régimen de El Assad. Tendrá que hacerse de manera muy tranquila, pero siendo tan malo como es, no lo es tanto como los yijadís que asumirían en su ausencia”.
 
 
Experto
 
 
Crocker, para resumir su carrera, fue también embajador en Siria, Líbano y Pakistán. Pero con él coinciden otras personalidades de enorme peso, como Zbigniew Brzezinski, ex consejero de Seguridad Nacional, quien ha establecido que hay “un juego distinto”, donde Rusia y China pueden desempeñar un papel más constructivo que los actores tradicionales. “Los necesitamos hasta cierto punto más que a Gran Bretaña y Francia, las antiguas potencias coloniales de la región. Todos van a padecer si las cosas se agravan”, ha subrayado.