Opinión

Canadá tuvo razón
al imponer la visa

Este 14 de julio se cumplieron cinco años de aquel enojoso día en que, sin mayor aviso, el gobierno de Canadá impuso el requisito de la visa a todos los mexicanos que quisieran entrar a su territorio.
La razón para tal la medida fue que un gran número de mexicanos estaban abusando de la política canadiense de recibir refugiados, ya que la mayoría de las peticiones estaban sustentadas en historias falsas. Es decir, los mexicanos mentían para irse a vivir como refugiados a Canadá.

Nada más para recordar cómo estaban los números en esos días: en 2008, fueron 9 mil 400 los mexicanos que solicitaron asilo, lo cual equivalía a 25% de todas las peticiones que Canadá recibió en ese año de todo el mundo. Al final, únicamente 11% de los mexicanos fueron aceptados y el resto, 89%, fueron rechazados y regresados a México.
No obstante, la reacción nacional fue furiosa. Nos sentimos ofendidos y dolidos porque una actitud así la hubiéramos esperado del gobierno de Estados Unidos, pero no de Canadá, del cual teníamos una percepción amistosa.

El resultado inmediato fue una especie de boicot y muchos mexicanos dejaron de vacacionar en algún destino canadiense, para irse a otro país, desplomándose la cantidad de turistas mexicanos a Canadá, con la consecuente pérdida económica para ese país.

En los últimos años, Canadá se había convertido en uno de los países favoritos de los mexicanos para viajar. De 2003 a 2008 el turismo mexicano a esa nación creció a un ritmo promedio anual de 13%, convirtiéndose en el país emisor a Canadá con la mayor tasa de aumento sostenido.

Pero el golpe de la visa frenó esa dinámica: en 2009 el turismo mexicano cayó 36.6%. El 2008 había sido un gran año para Canadá, al recibir a 266 mil mexicanos, pero al año siguiente la cifra se redujo a 168 mil 700. La caída continuó en 2010 y fue en 2011 cuando se frenó y la tendencia se revirtió ligeramente. Este repunte se ha mantenido en los siguientes años, pero aún están lejos de recuperar los números de 2008. En 2013, fueron 150 mil 890 los mexicanos que viajaron a Canadá, todavía 115 mil 400 menos que hace seis años.

El gobierno canadiense sabía que eso sucedería, pero apostó a que sería mayor la ganancia que tendría al frenar las solicitudes “pirata” de asilo de los mexicanos, que seguir permitiendo que les intentaran tomar el pelo de esa manera.

Hoy, a un lustro de distancia, podemos ver que a los canadienses les funcionó la medida: por un lado, contuvieron un problema político y, por el otro, es más lo que se han ahorrado al bajar drásticamente las peticiones de asilo, que lo que han dejado de percibir del turismo mexicano.

Si tomamos como referencia la cantidad de mexicanos que en 2008 viajaron a Canadá, podemos calcular que en estos cinco años dejaron de viajar a esa nación 617 mil connacionales que, con un gasto promedio de mil 480 dólares canadienses por viaje, dejaron de percibir 913 millones de dólares canadienses (850 millones de dólares de EU).

Sin embargo, según explica Jorge Morfín, director de la Comisión Canadiense de Turismo en México, cada mexicano que solicita asilo le cuesta al gobierno canadiense 50 mil dólares canadienses al año. En 2013, ya sólo se presentaron 400 peticiones mexicanas de asilo, lo que representa un ahorro para Canadá de 450 millones de dólares canadiense (419 mdd de EU). Es decir, tan sólo en 2013 dejaron de gastar casi la mitad de lo que dejaron de percibir durante cinco años por la baja de turismo mexicano.

Cada país sabe cómo maneja sus crisis y los canadienses prefirieron un roce diplomático con México, que seguir tolerando el abuso. Entonces nos dio mucho coraje, sí, pero al tiempo, los números le han dado la razón a Canadá.

Muchas gracias a Manuel Arroyo por darme la oportunidad de formar parte del equipo de colaboradores de El Financiero. Y a Enrique Quintana también.

economia@elfinanciero.com.mx