Opinión

Avanza China con moderna ley de marcas

La nueva ley de marcas de China representa un momento de relanzamiento de esa economía en los mercados internacionales, mostrándose ahora como una nación orientada al reconocimiento y la observancia estricta de los derechos de propiedad intelectual. Del temido país de la falsificación y la piratería de marcas queda poco, y más bien asistimos ahora a un esfuerzo notable de ampliación de su infraestructura de propiedad intelectual y el mejoramiento sensible de su clima de negocios.

De hecho, se trata de una legislación que en términos mundiales resulta vanguardista, con una serie de instituciones novedosas que bien haríamos en contemplar para nuestro muy superado sistema de protección de signos distintivos. La ley es un reconocimiento explícito, más allá de declaraciones y discursos, de que contar con un maro legal sólido contra la piratería es una plataforma para el desarrollo de una economía formal.

En términos generales la ley -en vigor desde mayo de este año-, reivindica el principio de buena fe como acceso a la legitimación de todo derecho, dotando de nuevas herramientas para la invalidación de registros espurios o ilegales. De entrada, se establece que las agencias que son empleadas para conducir las gestiones de nuevos registros de marca, sean multadas con sumas que se elevan hasta los 500 mil dólares, por presentar a sabiendas solicitudes de marcas que saben o les consta que pretenden obtener ilícitamente derechos que pertenecen a terceros.

En el pasado, era común que ciudadanos chinos, muchas veces vinculados a una marca de origen extranjero por haber operado como maquiladores, obtenían registros que utilizaban para boicotear la salida de exportaciones de productos con esa marca, fabricados por otros maquiladores. De hecho, muchas empresas mexicanas que fabrican en China se vieron involucradas en asuntos de ese tipo, que podían ser descritos genéricamente como verdaderos “secuestros de marca”. De conformidad a la nueva legislación, inclusive registros obtenidos por empresas en rubros diversos a su giro principal resultarán inviables, lo que constituye toda una limitación radical para la apropiación indebida de marcas ajenas.

Las multas por uso ilegal de marcas podrán llegar hasta montos equivalentes a las utilidades respectivas multiplicadas por cinco. En el caso de nuestro país, para tener la referencia, nuestras multas no exceden de los 85 mil dólares, cuando se sabe que asuntos por violación de patentes pueden generar cientos de miles de dólares al infractor.

Otras de las importantes novedades de la ley es la reducción significativa de plazos y requisitos; la posibilidad de protección de marcas constituidas por sonidos; y muy importante, el mejoramiento y simplificación del procedimiento para el reconocimiento de la notoriedad de marcas extranjeras.

Como se observa, China no sólo ha venido trabajando en ampliar y mejorar la infraestructura de comunicaciones y de condiciones laborales. Así como en 10 años ha incrementado en 500 por ciento sus niveles de producción de patentes, sigue su proceso de consolidación de leyes que convocan a la inversión extranjera e impulsan su mercado local. La pregunta obligada: ¿y nosotros cuándo?

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