Opinión

Anaya y el error de junio

   
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reunión. Ricardo Anaya, presidente nacional del PAN,  durante la plenaria de ese partido, en Jiutepec, Morelos, la semana pasada.

Josefina fue, al principio, una buena apuesta. Pero se ha hundido irremediablemente. Dos explicaciones son plausibles: los mil millones de pesos que recibió su fundación del gobierno de Peña Nieto, y el anuncio de la PGR señalando que investiga a sus parientes cercanos por lavado de dinero.

Las encuestas muestran que la competencia se ha cerrado entre Delfina y Del Mazo. Pero además, mientras Vázquez Mota se sitúa ya en cuarto lugar, Juan Zepeda, candidato del PRD, ha venido repuntando. La elección ha entrado en la recta final y no se pueden esperar giros sorpresivos.

De aquí derivan una serie de consecuencias: si Del Mazo logra imponerse, el PRI tendrá un respiro que le permitirá conservar la esperanza –no más que eso, por el momento– de retener la presidencia de la República. Pero si esa victoria se logra con un pequeño margen, como indican las encuestas, se desatará un conflicto poselectoral de dimensiones impredecibles, que podría conducir a la anulación de la elección.

En el caso de una victoria de Delfina, López Obrador consolidará su plataforma y los recursos que requiere para su campaña por la presidencia. Su fuerza indiscutible en el Estado de México y la Ciudad de México sería una palanca formidable en 2018. Eso lo saben todos los partidos. De ahí la presión del líder de Morena para que el candidato del PRD decline, a la voz de ya, a favor de Delfina.

Por otra parte, la derrota de Vázquez Mota golpeará la precandidatura de Ricardo Anaya, toda vez que él fue el principal impulsor de la excandidata presidencial. Porque, así como se contabilizaron las victorias del PAN en 2016 en su hoja de servicios y expectativas, el fracaso en el Estado de México le será restregado por sus adversarios.

La salida más económica y rentable para Ricardo Anaya y el PAN sería la declinación de Vázquez Mota a favor del candidato del PRD, Juan Zepeda. Si éste se impone (y es lo que indican los números) sería una carambola de cuatro bandas: a) le pondría un dique al ascenso de López Obrador; b) un margen superior a 5.0 por ciento reduciría el riesgo de conflicto electoral; c) dejaría al PRI en una situación precaria
–por decirlo suavemente– para la contienda por la presidencia de la República; d) AMLO se enfrentaría al hecho que sin una alianza con el PRD, y el resto de las llamadas fuerzas de izquierda, tendría serias dificultades para alcanzar la victoria.

Semejante resultado posiblemente obligaría al PRI a reconsiderar su posición sobre la segunda vuelta en 2018; en el entendido que las posibilidades de retener la presidencia de la República se habrían reducido drásticamente. Pero incluso en el caso de que la segunda vuelta no se instaurara, los priistas se confrontarían, como ocurrió en 2006, a elegir entre el PAN o Morena.

Sin embargo, de manera contradictoria, Ricardo Anaya y Alejandra Barrales cancelaron el sábado pasado la posibilidad de una convergencia, argumentando que los tiempos los habían rebasado. En su lugar postularon un Frente Amplio Opositor, hacia 2018, con todas las fuerzas políticas que no sean el PRI.

La reacción de López Obrador ante tal propuesta fue inmediata: los acusó de ser incongruentes, ya que si el propósito es sacar al PRI de Los Pinos habría que comenzar por echarlo del Estado de México. Más allá de la verdadera intención de AMLO, que es que el PRD decline a favor de Delfina, el señalamiento es correcto: si la prioridad es ir contra el PRI, ¿por qué no hacerlo inmediatamente?

O, para ponerlo en otros términos, si efectivamente Delfina obtiene la victoria el próximo 4 de junio, tanto los panistas como los perredistas se darán coscorrones en la cabeza. Porque, a fin de cuentas, la victoria de Juan Zepeda propinaría un golpe mortal a las expectativas priistas, pero también pegaría debajo de la línea de flotación de Morena. Oportunidades, así, no se dejan pasar sin pagar todas y cada una de las consecuencias.

Por lo demás, si estalla un conflicto poselectoral se convertirá en una suerte de prólogo y mal augurio de lo que puede ocurrir en 2018. No hay que olvidar que López Obrador se juega, en esta ocasión, el todo por el todo.

Así que es probable que la conferencia del sábado 20 sea recordada
–para decirlo pomposamente– como el error de junio.

Twitter: @SANCHEZSUSARREY

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