Financial Times

Victoria republicana es mal presagio para el cambio climático

La victoria republicana en las elecciones de mitad de periodo fue un triunfo para su estrategia de desprestigio del Presidente y la obstrucción de sus políticas.
Martin Wolf
11 noviembre 2014 20:0 Última actualización 12 noviembre 2014 5:0
FT. Victoria republicana es mal presagio para el cambio climático.

EU es también el segundo mayor emisor mundial de gases de efecto invernadero y entre los más altos emisores per cápita. (El Financiero)

La victoria republicana en las elecciones de mitad de período fue un triunfo para su estrategia de desprestigio del Presidente y la obstrucción de sus políticas. El resultado tendrá grandes implicaciones para el futuro de EU, pero también tiene implicaciones para el resto de la humanidad. Esto es inevitable, dado el papel de EU como la economía más grande y tecnológicamente más avanzada del mundo, garante de la economía mundial abierta y la mayor potencia militar. Pero EU es también el segundo mayor emisor mundial de gases de efecto invernadero y entre los más altos emisores per cápita.

La consecuencia más importante de esta elección puede ser, por lo tanto, el funeral de las escasas esperanzas que quedaban para tomar las medidas necesarias que permitieran enfrentar el riesgo de un cambio climático peligroso. Los países no pueden guardar para sí su propia atmósfera. Cambiar el curso actual del planeta es una tarea colectiva. Sin la voluntad y la tecnología estadounidense, el cambio tan necesario que se necesita no sucederá. Los demás países de hecho no podrán compensar.

Muchos republicanos parecen haber llegado a la conclusión que el cambio climático por causa humana es un engaño. Si es así, éste es un gran engaño. Acabo de leer el informe de síntesis del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). Sus adversarios le piden a uno imaginar que miles de científicos han elaborado una compleja artimaña con el fin de promover sus carreras no particularmente remunerativas, y con la certeza casi total de que sus mentiras serán reveladas. Semejante hipótesis no tiene sentido.

¿Cuáles son entonces algunos de los puntos principales a deducir de este informe?

Comienza con la situación actual. El calentamiento del sistema climático es “inequívoco”. Las concentraciones atmosféricas de gases de efecto invernadero se encuentran en niveles no vistos en al menos 800 mil años. Además, las emisiones de origen humano de estos gases han aumentado consistentemente. También es “muy probable” que más de la mitad del aumento observado en la temperatura media de la superficie mundial entre 1951 y 2010 es debido a la actividad humana.

Si continuamos así, añade el informe, cambios climáticos más grandes son altamente probables. El aumento del equilibrio en las temperaturas superficiales globales medias causadas por una duplicación de las concentraciones de dióxido de carbono con respecto a los niveles preindustriales sería de entre 1.5ºC y 4.5ºC. Pero las concentraciones de gases de efecto invernadero ya han subido más de un 40 por ciento. Las consecuencias probables de nuevos aumentos incluyen enfermedades, estados climáticos extremos, inseguridad alimentaria y del agua, así como la pérdida de la biodiversidad y de valiosos ecosistemas.

El informe también sostiene que la mitigación de las emisiones y la adaptación a sus efectos son estrategias complementarias, no sustitutos: tenemos que hacer las dos cosas. En cuanto al costo de la mitigación, sostiene que las políticas eficaces que pudieran limitar el calentamiento por debajo de 2ºC en relación con los niveles preindustriales conllevan pérdidas en el consumo global de 1 a 4 por ciento en 2030 y del 3 al 11 por ciento en 2100.

Los retos filosóficos y prácticos son enormes. Pero debemos recordar que ni las emisiones ni las consecuencias climáticas pueden revertirse: cuando los glaciares se derriten, desaparecen por siempre. Por otra parte, cuanto más esperemos, más tendremos que hacer si queremos limitar el impacto.

Sin embargo, nada sugiere por el momento que la humanidad cambiará su curso hacia emisiones cada vez más grandes, con consecuencias potencialmente enormes e irreversibles. ¿Por qué es eso? Si se ignora la acusación de que la ciencia es un engaño, pueden observarse dos justificaciones y dos razones.

Una justificación es que el costo para mitigar las emisiones sería desmesurado. Cabe señalar, sin embargo, que los costos indicados anteriormente serían menos, y posiblemente sustancialmente menos, que los costos para los países de altos ingresos que representaron las recientes crisis financieras. Éstas han rebajado el producto interno bruto en alrededor de una sexta parte, relativo a las tendencias anteriores a la crisis, en EEUU, el Reino Unido y la eurozona. En algunas economías, cuando se cuentan las pérdidas, van a ser mucho más grandes. Además, es probable que estas pérdidas no se recuperarán jamás.

Sin embargo, increíblemente, las mismas personas que consideran que los costos de la mitigación son excesivos desean aligerar las regulaciones financieras y por lo tanto aumentar el riesgo de una repetición de la reciente calamidad. Además, muchos de los opositores de tal acción son firmes creyentes en la capacidad de las economías para responder a las fuerzas del mercado.

Entonces, ¿qué son entonces las verdaderas razones? La primera es la ideología. Si se acepta la existencia de grandes externalidades ambientales a nivel mundial, también hay que aceptar que existe un papel importante para la política en la conformación de los resultados del mercado. No es casualidad que los creyentes en ‘laisser faire’ son los escépticos del clima más feroces. El deseo es el padre de la negación.

La segunda y más importante razón es la indiferencia ante la suerte de las generaciones futuras. ¿Por qué debemos soportar los costos de mitigación de hoy para el beneficio de aquellos que jamás conoceremos, incluso si se trata de nuestra propia descendencia? Después de todo, los indiferentes bien podrían preguntar: ¿qué han hecho las generaciones futuras por nosotros?

La respuesta ética es que somos los beneficiarios de los esfuerzos de nuestros antepasados por dejarnos un mejor mundo que el que heredaron. Tenemos la misma obligación, incluso si, en este caso, el reto es tan complejo.

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