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El intento de Peña Nieto de reescribir el guión de México

Desde la desaparición de 43 estudiantes de Iguala, los mexicanos se han de repente encontrado que viven en un espeluznante programa de telerrealidad que se está transmitiendo por el planeta.
Jude Webber
06 noviembre 2014 19:16 Última actualización 07 noviembre 2014 5:0
FT El intento de Peña Nieto de reescribir el macabro guión de México

Enrique Peña Nieto, el presidente que en casi dos años en el cargo se ha convertido en un maestro de la narrativa política controlada, ha reaccionado tardíamente ante el poderoso mensaje de Iguala. (El Financiero)

“El guionista nos ha defraudado”, suspira el audaz reportero en la nueva sátira ácida del director de cine mexicano Luis Estrada, ‘La Dictadura Perfecta’, cuando la versión de la realidad cuidadosamente fabricada por su canal de televisión amenaza con desmoronarse en el acto final. El espectáculo debe continuar, sin embargo, y los personajes garantizan que la realidad se adapte rápidamente a la ficción, entregando a los telespectadores el dramático final que se les había incentivado a esperar.

Esta cómica e intensa película ha tocado la fibra sensible de los aficionados al cine desde su lanzamiento el mes pasado. Es una crítica a la manipulación de los medios en un país que se especializa en la venta de telenovelas a espectadores manipulables y, el Sr. Estrada afirma, que desde hace mucho tiempo ha presentado la verdad para tener un máximo impacto tanto en su horario estelar como a nivel político.

Pero desde la desaparición de 43 estudiantes de magisterio en la ciudad de Iguala en septiembre – a manos, las autoridades alegan, de una fuerza de policía local a sueldo de capos de la droga con acceso directo al alcalde y su esposa – los mexicanos se han de repente encontrado que viven en un espeluznante programa de telerrealidad que se está transmitiendo por el planeta.

Sin dudas es el momento de cambiar el guión. Prueba de ello se dio, curiosamente, en una reunión reciente de alto poder de jefes ejecutivos y políticos en una conferencia de negocios. Algunos de los aplausos más cálidos se reservaron para Juan Francisco Torres Landa, un abogado al frente de una organización de cabildeo no gubernamental para la despenalización de las drogas y un enfoque totalmente nuevo para la seguridad.

De hecho, uno de los miembros de la audiencia conservadora en gran parte masculina se puso de pie para expresar su sorpresa por lo mucho que estaba de acuerdo con todo lo que el Sr. Torres Landa había dicho – sobre todo con respecto a lo de la despenalización de las drogas.

Enrique Peña Nieto, el presidente que en casi dos años en el cargo se ha convertido en un maestro de la narrativa política controlada, ha reaccionado tardíamente ante el poderoso mensaje de Iguala, prometiendo que en los próximos días reunirá “a los representantes del Estado mexicano, las fuerzas políticas y la sociedad civil, para asumir el compromiso de hacer cambios fundamentales, para fortalecer las instituciones y garantizar la validez real del Estado de Derecho en nuestro país”.

Esas son palabras fuertes. Pero, ¿podrá el hombre que diseñó un ambicioso programa de reforma con el apoyo de todos los partidos, el Pacto por México, cumplir su promesa en estos críticos momentos para México – y para él mismo? Muchos se muestran escépticos. Él todavía tiene que explicar lo que tiene en mente – y algunos no prevén ningún cambio en su estrategia de enviar a los pesos pesados cuando las cosas salen fuera de control, como lo ha hecho en los estados de Michoacán, Tamaulipas y ahora Guerrero, donde está Iguala. Con las elecciones de medio término el año próximo, ningún partido quiere lucir como un rezagado si puede lograrse un avance de proporciones históricas. Los tres partidos principales – incluyendo el del presidente – han dicho que la solución se encuentra en el trabajo mancomunado entre ellos y con el sector privado. Lo que parece haber cambiado sutilmente es la percepción de que éste es sólo el problema del gobierno. Con una serie de marchas en todo el país, entre ellas una de manifestantes vestidos de blanco caminando desde Iguala hasta la imponente plaza principal de la ciudad de México, los mexicanos están exigiendo que los funcionarios de todos los niveles empiecen a entregar soluciones. Pero parece que hay un nuevo sentido de que todo el mundo tiene un papel que desempeñar.

Ésa es, en cierto modo, la reacción que el Sr. Estrada quería provocar con su película. Espera, le dijo al Financial Times, que: “Cuando los videntes regresen a sus casas después de verla y enciendan su televisor, les parecerá como si el ciclo entero está empezando nuevamente” – y, por lo tanto, se negarán a aguantarlo por más tiempo.

¡Basta!

Escribir el final feliz que todos quieren no requerirá el talento del Sr. Estrada, sino más bien un análisis profundo de un país donde la policía no detiene el crimen y los tribunales no encarcelan los delincuentes. Parece ser el momento para que la gente de negocios vea que papel más grande pueden jugar – de la misma manera en que las empresas en el estado norteño de Nuevo León apoyaron a la fuerza policial Fuerza Civil, ahora la más respetada y confiable de México. Pero todos observan un gobierno que, según una activista de derechos humanos, “sólo responde a la presión internacional”.

Va a ser una tarea difícil. Como Jesús Murillo Karam, el fiscal general, dijo a corresponsales extranjeros recientemente: “Tenemos un auto con una llanta ponchada y tenemos que cambiarla. Pero el problema es que no podemos parar el auto”.

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