Financial Times

Préstamos ‘subprime’, nuevamente de moda en EU

En los últimos meses, los préstamos de alto riesgo han experimentado un silencioso y potente retorno, no en relación con los bienes raíces, sino con otra pasión estadounidense: los automóviles.
Gillian Tett
10 abril 2014 19:27 Última actualización 11 abril 2014 5:0
[Bloomberg] La compañía declara que el gasto de sus clientes de tarjetas, sus ingresos y crédito permanecen sólidos. 

Los préstamos incurridos por el uso de tarjetas de crédito están en el punto cercano a su mínimo de 10 años. (Bloomberg)

Hace pocos años atrás, la palabra “subprime” (de alto riesgo) era casi un insulto. Durante la crisis financiera, las hipotecas vinculadas a prestatarios de alto riesgo, o personas con un historial de crédito pobre, causaron pérdidas devastadoras; tanto es así que muchos gestores de activos declararon que nunca más tocarían préstamos de ese tipo.

Pero el mundo de las finanzas tiene una memoria corta, especialmente cuando el dinero fácil y la innovación se intersectan. En los últimos meses los préstamos de alto riesgo han experimentado un silencioso y potente retorno, no en relación con los bienes raíces, sino con otra pasión estadounidense: los automóviles. Algunos se preguntan cuánto tiempo pasará antes de que este nuevo “boom” cause una nueva ola de bajas, no sólo entre los consumidores ingenuos, pero también entre los inversionistas.

Los ecos históricos son sorprendentes. Durante la mayor parte de la última década la cantidad de deuda relacionada con los automóviles creció modestamente. Sin embargo, los préstamos en circulación para automóviles, que ascendieron a 700 mil millones de dólares en 2010, aumentaron en un 25 por ciento en los últimos tres años. Esto ha llevado a un fuerte aumento en las ventas de vehículos, beneficiando particularmente a entidades como General Motors.

Este repunte es sorprendente, dado que muchas otras modalidades de crédito al consumidor se han mantenido bajas desde la crisis financiera de 2007. Los préstamos incurridos por el uso de tarjetas de crédito, por ejemplo, están en el punto cercano a su mínimo de 10 años, y los datos de esta semana mostraron que tuvieron una caída inesperadamente pronunciada de 2.42 mil millones de dólares en febrero.

Pero el financiamiento de automóviles, junto con los préstamos estudiantiles, saltaron en ese mismo mes. Aún más notable es que esto ha ocurrido en medio de un fuerte deterioro de la calidad de los préstamos. Hace cinco años, los préstamos “subprime” representaban apenas un décimo del total; hoy representan un tercio. Una proporción particularmente alta de automóviles vendidos de GM son financiados por préstamos de alto riesgo. A la vez, una décima parte de los nuevos préstamos se destinan ahora a los llamados “subprime profundos”, o sea los consumidores que antes tenían pocas posibilidades de conseguir financiamiento – especialmente dado que los ingresos de los hogares más pobres se han mantenido iguales o han caído, incluso cuando los precios de automóviles han subido.

Hay numerosas razones para este auge. Una es el hecho de que los administradores de activos están actualmente tan desesperados por encontrar algo, cualquier cosa, que produzca un retorno en un mundo con tasas de interés ultra bajas, que están engullendo todo tipo de bonos. Además, los inversores están especialmente interesados en comprar bonos respaldados por préstamos de automóviles debido a que éstos tuvieron un mejor desempeño que las hipotecas durante la última crisis crediticia. Esto ha dado lugar a una creencia generalizada (y potencialmente peligrosa) que los consumidores estadounidenses están tan apegados a sus autos que están dispuestos a hacer cualquier cosa por no perderlos.

Sin embargo otra de las razones para este auge es que las empresas de capital privado y los fondos de cobertura astutos han saltado a la palestra, apoyando a una gran cantidad de nuevas compañías de financiamiento de automóviles en los últimos tres años. Éstas han vendido creativamente sus préstamos a los consumidores, inventando un juego muy lucrativo: los consumidores pueden pagar casi el 20 por ciento de interés para los préstamos de alto riesgo, pero los costos de finanmiento de las empresas financieras pueden ser un mero 2 por ciento, debido a la demanda voraz de los inversores.

Hasta ahora hay pocas señales de que este auge esté provocando sinsabores. Las tasas de morosidad de los préstamos para automóviles siguen siendo bajas en términos históricos, en torno al 1 por ciento. Sin embargo, si las tasas de interés suben, los impagos casi seguramente saltarán, sobre todo si los ingresos siguen manteniéndose iguales.

Las agencias de calificación crediticia están empezando a dar muestras de nerviosismo. Algunos de los jugadores más inteligentes de Wall Street están retirando su efectivo silenciosamente. Algunos financistas ahora están tan convencidos del avecinamiento de una crisis que están sigilosamente vendiendo acciones “short” de fabricantes como GM, por temor a que una crisis de préstamos afectará las ventas de automóviles. Eso puede explicar por qué las acciones de la compañía de automóviles han caído tan drásticamente este año, incluso más allá de lo que podría explicarse por los recientes y vergonzosos escándalos de las llaves de encendido.

Estas preocupaciones pueden ser prematuras; la gente murmuraba acerca de la burbuja “subprime” años antes de que explotara. Y la buena noticia es que incluso si el financiamiento de automóviles de alto riesgo genera una crisis, no debería causar necesariamente un gran impacto sistémico, ya que su tamaño es mucho más pequeño.

Esta pequeña saga es un claro recordatorio de que partes de la recuperación actual de EU se basan en cimientos tambaleantes.

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