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Esperanzas políticas apoyan bonos argentinos

El gasto en subsidios también se ha disparado del 0.8 por ciento del producto interno bruto en 2006 — el año anterior al primer mandato de Cristina Fernández — al 5.1 por ciento el año pasado, estima la firma Empiria Consultores. Frenar esos subsidios será políticamente difícil.
Daniel Politi/ John Paul Rathbone
07 septiembre 2015 20:34 Última actualización 08 septiembre 2015 5:0
FT. Esperanzas políticas apoyan bonos argentinos.

Los inversionistas esperan que el nuevo presidente revierta las políticas insostenibles. (El Financiero)

A veces se dice que el mundo tiene cuatro tipos de economías: las desarrolladas, las que están en vías de desarrollo, la de Japón y la de Argentina — debido a un aparente excepcionalismo económico sudamericano que, una vez más, se vuelve evidente.

La economía de China se está desacelerando. Los inversionistas se han deshecho de los activos en mercados emergentes. En Latinoamérica, los índices de aprobación presidenciales se han derrumbado en medio de la recesión.

Sin embargo, los bonos argentinos han redituado 6 por ciento desde principios de agosto, mientras que los índices de aprobación de Cristina Fernández, la presidenta populista de Argentina, se mantienen sólidamente en un 48 por ciento en las encuestas más recientes, a pesar de una economía estancada y una inflación aproximada del 20 por ciento.

¿Estás confundido? Según los analistas, la razón de la aparente discrepancia es que los inversionistas han comprado bonos argentinos con la esperanza de que las elecciones presidenciales de octubre marquen el comienzo de una nueva administración: una que desmantele las políticas económicas insostenibles que han mantenido a flote los dos términos presidenciales de Fernández y el de la administración anterior liderada por su fallecido esposo, Néstor Kirchner.

Fernández es popular porque es “mujer, viuda y está a punto de irse”, dijo Marcos Peña, asesor del candidato presidencial pro empresarial, Mauricio Macri. Fernández no puede postular su candidatura en estas próximas elecciones.

Cualquiera que sea la razón de la relativa popularidad de Fernández — dos veces más que la de la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, y ocho veces más que la de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff — su popular reputación puede que le dificulte al ganador de la votación del 25 de octubre el revertir las políticas intervencionistas de la Sra. Fernández.

“Argentina obviamente va a cambiar... pero los cambios no serán tan drásticos como los observadores mundiales esperan”, advirtió Stratfor, la consultora de riesgos, en una correspondencia enviada a sus clientes el 1 de septiembre.

Eso pudiera frustrar las esperanzas de los inversionistas de la deuda argentina — como George Soros — de que Buenos Aires resolverá su larga batalla legal con los acreedores no aceptantes y de que pronto se reincorporará a mercados internacionales de capital. La Sra. Fernández llama a los acreedores no aceptantes “buitres”.

Su “relativa popularidad representa un amplio apoyo de una gran parte de las políticas implementadas durante su mandato”, dijo el analista político Sergio Berensztein.

Eso es cierto incluso en relación con la economía, la cual creció rápidamente en la década de los años 2000 pero que, desde entonces, se ha paralizado completamente. A pesar de que no está creciendo, “se ha quedado atascada en un nivel relativamente alto y el sector privado no ha despedido a sus empleados en espera de un mejor escenario”, declaró Miguel Kiguel, director de la consultora Econviews.

Ese “nivel relativamente alto” pudiera caer repentinamente, sin embargo, si el próximo gobierno se ve obligado a enfrentar un desastre cada vez mayor que incluye la disminución de las reservas de divisas, un creciente déficit presupuestario financiado por la impresión de dinero y alrededor de un 17 por ciento de disminución en el valor de las exportaciones en los primeros siete meses de este año en comparación con 2014.

“Esta situación no es sostenible en absoluto”, aseguró Fausto Spotorno, economista principal de la consultora Orlando Ferreres & Asociados. Él hizo referencia a los 4 millones de argentinos, casi un cuarto de la población activa, con empleos en el sector público — un aumento de los 2.8 millones de hace seis años.

El gasto en subsidios también se ha disparado del 0.8 por ciento del producto interno bruto en 2006 — el año anterior al primer mandato de Fernández — al 5.1 por ciento el año pasado, estima la firma Empiria Consultores. Frenar esos subsidios será políticamente difícil.

“Para la mayoría de la gente, la calificación final de la presidenta no va a ser baja”, aseguró Eduardo Levy Yeyati, jefe de CIPPEC, un grupo de expertos. “La percepción social y económica de los últimos años es mayormente positiva”.

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