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Economía débil recibirá al próximo presidente

El próximo mandatario de EU enfrentará una serie de retos en materia económica, como mejorar la productividad e impulsar la creación de más empleos.
Martin Wolf Financial Times
08 noviembre 2016 19:50 Última actualización 09 noviembre 2016 5:0
FT. Economía débil recibirá al próximo presidente.

El sistema en EU tiene su fortaleza, pero todavía muestra cicatrices de la gran recesión. (El Financiero)

En el país de los ciegos, el tuerto es el rey. La economía estadounidense muestra fallas significativas. Pero reina entre sus iguales. Se ha recuperado de la crisis financiera, con un desempleo bajo y con ingresos reales en aumento. El país también posee una supremacía permanente sobre las nuevas tecnologías.

Sin embargo, la próxima administración asumirá el mando de un país con un mediocre crecimiento de productividad; con una marcada desigualdad; una creciente retracción del empleo y con una decreciente tasa de creación de nuevos negocios y de empleos. Al menos la posición fiscal de EU no representa una amenaza realmente urgente.

Eso es positivo, ya que es probable que se haga poco al respecto.

La crisis financiera de 2007-09 fue un evento devastador, económica y políticamente. Pero el Producto Interno Bruto (PIB) real per cápita alcanzó su punto más bajo durante el segundo trimestre de 2009 y se recuperó a los niveles previos a la crisis durante el último trimestre de 2013.

Asimismo, la tasa de desempleo alcanzó un 10 por ciento en octubre de 2009, pero actualmente ha regresado a un 4.9 por ciento. El sector financiero también está mucho más saludable que durante la crisis.

Demasiados observadores informales subestiman este rápido cambio de rumbo. Pero la Gran Recesión pudiera haber sido otra Gran Depresión, de no ser por la implementación de audaces medidas por parte de la Reserva Federal, de la administración del presidente Bush y de la administración del presidente Obama para encauzar la economía tan rápidamente. Todo el mundo se ha beneficiado inmensamente de este éxito.

Sin embargo, la crisis ha dejado cicatrices profundas. En el segundo trimestre de 2016, el PIB real per cápita estaba a tan sólo un 4 por ciento por encima de su pico anterior a la crisis, casi nueve años antes.

La productividad laboral ha crecido lentamente desde la crisis, según los estándares históricos, en gran parte como resultado del debilitamiento de la inversión.

Un estudio estima que la producción potencial de EU se encuentra un siete por ciento por debajo de los niveles indicados por las tendencias anteriores a la crisis. Sin embargo, el crecimiento medio de la productividad laboral estadounidense ha superado el de otras economías líderes de altos ingresos durante los últimos 15 años.

Esto probablemente se debe a su predominio en materia de innovación de alta tecnología: la capitalización agregada de las cinco mayores compañías tecnológicas de EU es actualmente de más de 2.2 billones de dólares.

Sin embargo, las cicatrices que dejó la crisis también se formaron sobre cicatrices más antiguas. La mediana real de ingreso de los hogares aumentó un 5.2 por ciento entre 2014 y 2015. Pero sigue siendo inferior a los niveles anteriores a la crisis. De hecho, está por debajo de los niveles alcanzados en el año 2000 e incluso ha disminuido consistentemente en relación con el PIB real per cápita desde mediados de la década de los años setenta.

Este desempeño ayuda a explicar la marea de desilusión, e incluso la desesperación, que esta desalentadora elección ha revelado tan evidentemente.

No es sorprendente que la desigualdad haya empeorado notablemente.

Entre 1980 y el período más reciente, la proporción de ingreso antes de deducciones de impuestos del uno por ciento superior saltó del 10 por ciento al 18 por ciento. Incluso después del pago de impuestos, aumentó en un tercio, del 8 al 12 por ciento.

El aumento de remuneración de los altos ejecutivos, en relación con el de los trabajadores, ha sido enorme. EU tiene la mayor desigualdad de cualquiera de los países de altos ingresos, y ha experimentado el aumento más rápido en la desigualdad en comparación con las siete principales economías de altos ingresos. La divergencia entre estos países sugiere que la creciente desigualdad es mucho más una opción social que un imperativo económico.

Estrechamente relacionada con la creciente desigualdad se ha observado una disminución de la tasa de participación de la mano de obra en el PIB, del 64.6 por ciento en 2001 al 60.4 por ciento en 2014.

Los trabajadores no sólo han sufrido debido a la disminución de su participación. Igualmente significativo es el aumento constante de la proporción de hombres de 25 a 54 años que ni están trabajando ni están buscando empleo, de alrededor de un 3 por ciento durante la década de 1950 a un 12 por ciento en la actualidad.

Incluso Francia ha tenido una proporción más alta de hombres en edad productiva empleados que EU cada año desde 2001. Desde 1990, EU ha tenido el segundo mayor aumento de la falta de participación masculina en la fuerza laboral de entre todos los miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

MENOR DINAMISMO

No menos inquietante es una disminución del dinamismo económico. El índice de creación de nuevos empleos ha disminuido notablemente, al igual que los índices de migración interna. El índice de entrada de nuevas empresas al mercado también ha estado cayendo a lo largo de un prolongado período, así como lo ha estado la proporción de negocios de menos de cinco años tanto en el número total de empresas como en los empleos.

Mientras tanto, la inversión empresarial fija ha sido persistentemente débil. La evidencia indica una creciente variación en los retornos sobre el capital. Éstas son tendencias a largo plazo, no sólo eventos posteriores a la crisis.

Esta pérdida de dinamismo puede no sólo estar relacionada con la disminución del crecimiento de productividad, sino también con los cambios en la distribución del ingreso. Si la presión competitiva está disminuyendo, las posiciones de monopolio (un único vendedor) y de monopsonio (un único comprador) surgirán o se reforzarán.

El colapso del sindicalismo y la disminución de los salarios mínimos relativos refuerzan el poder asimétrico de los negocios y de la mano de obra en el mercado.

Los derechos de propiedad intelectual también pueden ser un gran obstáculo para la competencia. El surgimiento de barreras regulatorias es preocupante. Entre los cambios sorprendentes se encuentra la creciente proporción de trabajadores con licencias ocupacionales a nivel estatal. Estas licencias deben representar un gran obstáculo para el fácil movimiento a través de las fronteras estatales.

A pesar de todos sus puntos fuertes, la economía estadounidense pudiera desempeñarse mejor. Además de las tendencias señaladas anteriormente, el deterioro de la infraestructura, el empeoramiento del desempeño educativo relativo y un terrible código tributario representan desafíos.

Detener la entrada de inmigrantes y de importaciones sería un acto de autolesión. EU debe basarse en sus fortalezas históricas de una economía abierta y dinámica, junto con la provisión gubernamental de infraestructura, investigación, educación y políticas fiscales y regulatorias equilibradas. Una nueva administración necesita el diagnóstico correcto y la cooperación del Congreso. Por supuesto, eso requeriría un milagro.

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