Financial Times

Los 10 minutos que cambiaron el futuro de Brasil

Cambiar el rumbo de la política brasileña tomó solamente 10 minutos. A las 9:50 AM del miércoles, el jet privado que llevaba al candidato presidencial brasileño Eduardo Campos trató de aterrizar con mal clima en la ciudad costera de Santos. Para las 10 horas el avión estaba hecho añicos.
Samantha Pearson
14 agosto 2014 20:2 Última actualización 15 agosto 2014 5:0
Brasil. (Reuters)

Los brasileños se han unido para lamentar la muerte del Campos. (Reuters)

Cambiar el rumbo de la política brasileña tomó solamente 10 minutos. A las 9:50 am del miércoles, el jet privado que llevaba al candidato presidencial brasileño Eduardo Campos trató de aterrizar con mal clima en la ciudad costera de Santos. Para las 10 am el avión estaba hecho añicos, la estrella política en ciernes de Brasil estaba muerta y cualquier predicción sobre las elecciones, que en algo más de 50 días dictarán el futuro de la segunda economía emergente del mundo, perdió significado.

Los brasileños se han unido para lamentar la muerte del Sr. Campos, de ojos azules e hijo de un poeta, que prometió inspirar nueva vida en el estancado sistema político del país. Aunque hubiera sido difícil para él convertirse en presidente este año, sus oponentes admiten que este izquierdista, simpatizante de las empresas, podría haber dirigido al país un día.

Sin embargo, la tragedia dividirá a Brasil durante los meses que siguen, al abrir por completo las ya disputadas elecciones presidenciales.

Marina Silva, la experimentada compañera de fórmula del Sr. Campos, quien se espera que continúe la campaña por el partido de centro-izquierda, PSB, tiene una mejor oportunidad para desbancar a la presidenta Dilma Rousseff en octubre, según los analistas. Sin embargo, la gran pregunta es qué tipo de Brasil podría querer. Una ambientalista con principios y devota evangelista, la Sra. Silva luchará por lograr alianzas y ganar el apoyo del poderoso grupo de presión de granjeros del país. Más allá de promover la estabilidad macroeconómica, ha dicho poco sobre sus políticas económicas.
“Éste es un momento trágico y oscuro para la política brasileña”, dice Christopher Garman de grupo Eurasia. “El accidente tendrá serias repercusiones tanto para las expectativas de la elección como para el escenario post-electoral”, dice.

De acuerdo a los reglamentos internos de Brasil, el PSB tiene 10 días a partir de la muerte del Sr. Campos para nombrar un sustituto. Sin embargo, el partido seguramente no hará nada hasta el martes, cuando todos los candidatos están programados para iniciar sus campañas nacionales por televisión –una herramienta poderosa en un país 15 veces el tamaño de Francia y con grandes niveles de analfabetismo.

Sin embargo, no será una decisión sencilla para el PSB, dice Rafael Cortez, un científico político en Tendências, una consultoría con sede en Sao Paulo. La Sra. Silva acababa de unirse al Sr. Campos en octubre del año pasado, después de que no pudo formar su propio partido, la Rede Sustentabilidade (Red Sustentable) a tiempo, y veía su participación como un ensayo para las elecciones de 2018, dice el Sr. Cortez. Ella ya se ha unido y renunciado a dos partidos durante su carrera –el Partido de los Trabajadores que está actualmente en el poder y el Partido Verde.

“La relación de Marina con Eduardo Campos era personal, no con el partido”, dice.

Si la Sra. Silva no se postula, la Sra. Rousseff, quién es todavía la favorita para ganar con un porcentaje de 38 por ciento de los votantes, según la última encuesta, probablemente obtendrá el 50 por ciento que necesita para ganar la elección de una vez, dice Robert Word, analista en Brasil para The Economist Intelligence Unit.

Sin embargo si la Sra. Silva se postula para la presidencia, probablemente le quite votos a la Sra. Rousseff, pero es posible que se vuelva tan popular que podría desbancar al centrista pro-empresa Aécio Neves en la primera vuelta. El Sr. Neves, del partido PSDB, favorito entre los hombres de negocios, fue clasificado la semana pasada por la encuesta de Ibope como el segundo favorito, con 23 por ciento del voto.

Es un dilema para los inversionistas mundiales. “Con respecto a los mercados, (una victoria de Silva) sería positiva si se compara con la reelección de Dilma, pero no tan positiva como un triunfo de Aécio,” dice Ilan Solot desde Brown Brothers Harriman, la firma de inversiones con sede en Nueva York.

A diferencia del Sr. Campos, un exgobernador del estado nororiental de Pernambuco quien comenzaba a ser conocido nacionalmente, la Sra. Silva ya tiene una amplia base de apoyo después de haber quedado en el tercer lugar en las elecciones de 2010 de Brasil, con casi 20 por ciento del voto. “Tendrá atención ilimitada por parte de los medios, junto con el apoyo público, lo que la hará aún más elegible,” dice el Sr. Solot.

La creciente comunidad evangélica del país le tiene confianza; una gran parte de la élite intelectual en el sureste la respeta por su labor con respecto a la protección de las selvas tropicales del Amazonas; y su propia lucha para vencer la pobreza, la enfermedad y el analfabetismo le ha generado un amplio apoyo.

Durante las protestas callejeras masivas del año pasado en Brasil, la popularidad de la Sra. Silva también creció, al ser identificada por muchos como la menos política de los políticos del país –capaz de elevarse sobre los problemas endémicos tales como la corrupción.

Pero en una conferencia cercana al sitio del accidente en Santos el miércoles, no pudo encontrar palabras para expresarse, ya que estaba visiblemente afectada por un incidente que no sólo robó a Brasil de un posible futuro presidente, sino que además pudo haber tomado su vida.

Encorvada y con ojeras, ella oró a Dios antes de decir que recordaría al hombre con quien había pasado la mayor parte de los últimos 10 meses: “Lleno de felicidad, lleno de sueños y lleno de responsabilidades”.

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