Dinero, Fondos y Valores

‘Lehman Brothers 2.0’: ¿viene un nuevo 2008?

El origen del colapso de del banco de inversión estadounidense fue la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos de 2007, pero también las malas prácticas crediticias.

El 15 de septiembre se cumplieron 13 años de la quiebra del banco de inversión estadounidense Lehman Brothers, que desploma la confianza en los mercados financieros globales y formaliza la crisis de 2008-2009, la peor hasta ese momento desde 1929.

El origen del colapso de Lehman fue la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos de 2007, pero también las malas prácticas crediticias y la violación a los principios de gobierno corporativo y remuneraciones a los ejecutivos en las grandes instituciones financieras.

Al intensificarse la crisis financiera y propagar sus efectos a las economías emergentes como la mexicana, el Banco de México y la Secretaría de Hacienda instrumentaron diversas acciones orientadas a preservar el buen funcionamiento de los mercados financieros internos.

Diversos países avanzados y emergentes respondieron con la implementación de medidas de estímulo macroeconómico ante el debilitamiento de sus economías.

El relajamiento de la política monetaria fue el eje de esa respuesta, pero las políticas de estímulo se reforzaron con acciones por el lado fiscal, como ocurrió en muchos países con la pandemia de covid-19.

Casi dos meses antes de que Lehman se declarara en bancarrota, el gobierno mexicano adquirió a finales de julio de 2008 unos 8 mil millones de dólares de la reserva internacional de Banxico para cubrir anticipadamente sus requerimientos operativos de divisas durante los siguientes meses.

Desde entonces no había habido una disminución de tal magnitud en el saldo de las reservas internacionales del país como la que se anunció en la semana que hoy concluye.

Banxico informó que, después de haberse incrementado a un máximo histórico de 205 mil 559 millones de dólares a inicios de este mes, las reservas se redujeron a 198 mil 538 millones al 10 de septiembre.

La reducción se debió a que, durante esa semana, el gobierno federal adquirió 7 mil millones de dólares de la reserva internacional, luego de que el FMI anunció una asignación de derechos especiales de giro por poco más de 12 mil millones para México.

Aún no hay información oficial de Hacienda sobre el origen de los recursos para concretar la compra de los dólares ni sobre su destino, aunque posiblemente sean para realizar pagos anticipados de deuda externa, como lo había anunciado el presidente López Obrador.

Si la intención es prepagar deuda por el monto señalado, el gobierno aún podría realizar una operación similar con Banxico por 5 mil millones de dólares más.

No es la primera vez que se hace una adquisición ‘grande’, pues en agosto de 2006 las reservas disminuyeron en 11 mil 440 millones de dólares debido, sobre todo, a la operación de compra de 12 mil 451 millones por parte de Hacienda para realizar pagos anticipados de deuda externa.

Por lo pronto, el aniversario del hundimiento de Lehman Brothers, un banco con 158 años de antigüedad, es un buen recordatorio de que las burbujas existen, que siempre tienen un fin y que sus efectos se resienten fuertemente.

Justo ahora hay nerviosismo en los mercados por el futuro del grupo chino Evergrande, cuya deuda por más de 300 mil millones de dólares está en riesgo de incumplimiento de pago, pues se anticipa que este desarrollador de vivienda –el más endeudado del mundo– no pagará los intereses que vencen la próxima semana.

Se teme que, si Evergrande colapsa, la crisis pueda extenderse a otras empresas inmobiliarias de China y crear un riesgo sistémico por problemas de solvencia en el mercado financiero de la segunda economía más grande del mundo.

Dada la presión sobre el gigante inmobiliario chino, algunos analistas en los mercados ya le llaman Lehman 2.0. ¿Se repetirá la historia? Ojalá que no.

COLUMNAS ANTERIORES

La realidad choca con el triunfalismo
Poner en jaque la confianza en México

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.