Simon Levy

¿Por qué triunfará Blockchain?: adiós a los perros que defienden el peso

Lo que valida a bitcoin no es una autoridad central sino la gente, la transparencia y el incentivo de los mineros para crear nodos completos de información veraz y ganar recompensas por ello.

Miles de ciudadanos han huido de sus países de origen por la inflación que le quita todo el valor al trabajo. Los nuevos problemas migratorios se originan en parte porque los ahorros de los refugiados lejos de generar intereses terminan pacientemente perdiendo su valor durante años por líderes políticos −cuyas creencias, intereses y no el conocimiento− afectan la vida de millones de seres humanos.

Decisiones políticas inmediatamente rentables a realidades que requieren soluciones estratégicamente correctas  terminan en catástrofes como la de López Portillo cuando sumió a millones de mexicanos en la pobreza al no saber cómo defender la economía y el peso mexicano a finales de los setentas del siglo pasado.

El resumen del dinero fiduciario en los últimos 40 años: devaluación de la riqueza personal, la restricción de transferencias del valor de nuestro trabajo en dinero, la centralización y la intermediación cada vez más costosa y el nacimiento del valor de la información por transacciones monetarias.

Teóricamente, el dinero fiduciario genera estabilidad porque está respaldado por una autoridad central. Sin embargo, respaldo no significa necesariamente protección, sino manipulación y el control de un interés mayor sobre uno menor, que no necesariamente es seguridad para las mayorías.

Por ejemplo: un filete que costó en Estados Unidos 0.36 dólares en 1925 costaba 3 dólares en la década de 1990 (el dólar perdió 833 por ciento de valor para este caso en 65 años). Hoy cuesta 12 dólares (es decir, una pérdida de valor de 400 por ciento en sólo 31 años). ¿Te das cuenta cómo se exponencia la pérdida del valor de la mayor divisa mundial?

Como reporta la Open Money Initiative con este ejemplo, el valor de una moneda fiduciaria como el dólar, pierde un 3 mil 334 por ciento de su valor en 96 años. La pérdida del valor fiduciario se está acelerando porque la productividad mundial ha bajado y ha aumentado la especulación y el intercambio de bienes y servicios, no la creación de valor.

Este ejemplo es claro: hoy un estadounidense necesita tres mil veces más trabajo y esfuerzo para comerse un solo filete con el esfuerzo de trabajo que podía comer en 1925. Imagínate lo que sucede con ciudadanos de otros países.

A medida que el dinero se concentra y no se democratiza, pierde valor en el agregado económico porque crea inflación y por eso cada vez es más difícil dejar de ser pobre. Todo el tiempo se va necesitando más trabajo para comprar menos bienes. Es decir, cada vez se requiere un mayor grado de esfuerzo físico para lograr un menor grado de cambio. ¿Observas por qué crear riqueza democratizada cada vez es más difícil?

El dinero fiduciario también ha servido para trasladarnos el costo de la deuda o de las guerras, distribuyéndolo a través de inflación o impuestos futuros directamente relacionados con nuestra productividad, consumo y ahorros. En síntesis, el respaldo del dinero va perdiendo eficacia en la medida que los gobiernos se van endeudando o van haciendo guerras y necesitan impuestos para pagar los déficits que generan.

Concretamente, los bancos han tenido que crear dinero futuro con el valor de nuestro trabajo presente y las crisis financieras se han originado por una causa fundamental: ese respaldo de la autoridad no es real: se ha usado más dinero ficticio del futuro para pagar el costo de decisiones políticas y financieras de minorías a cambio de la poca productividad de las mayorías del presente.

Mira este dato: a cada hogar estadounidense le ha costado 46 mil dólares la guerra de Afganistán o de Irak, tomando en cuenta el costo de 5.9 billones de dólares de esas guerras, según datos del Departamento del Tesoro de Estados Unidos.

A eso, añadámosle este factor: cada vez cuesta más mover nuestro el dinero de un lado a otro. Es decir, no solo nuestro dinero pierde valor por la inflación, sino que solamente por trasladarlo nos cuesta cada vez más: en 2018, los migrantes y refugiados enviaron 700 mil millones de dólares en remesas del mundo y hubo un costo −solo de ese año− de 45 mil millones de dólares de comisiones según datos de Open Money Initiative.

Todo lo que es escaso termina convertido en dinero. El ser humano, ha creado escasez para crear valor donde no existe. La ficción de la escasez que crea una autoridad, genera especulación que controla el valor de nuestro trabajo y ahorros.

Hasta este punto de la historia de la humanidad, el dinero fiduciario tenía valor por su capacidad de ser un medio de intercambio y de ahorro de bienes y servicios per se. A partir de ahora, ha nacido un nuevo dinero digital no fiduciario, respaldado por la transparencia y no por una autoridad: bitcoin. ¿Cómo es eso? Cada transacción tiene un rastreo de origen a destino que genera un valor adicional: la información de cada transacción es para todos, se llama blockchain.

Lo que valida a bitcoin no es una autoridad central sino la gente, la transparencia y el incentivo de los mineros para crear nodos completos de información veraz y ganar recompensas por ello. Aunque de corto plazo la volatilidad sea muy alta por no tener una autoridad central, a medida que esta moneda digital deje de ser una reserva de valor y se vuelva un medio de pago que elimine intermediarios, la información libre generará valores derivados y se liberarán comisiones o impuestos innecesarios a nuestras transacciones en más economías.

No hay vuelta atrás, ante la enorme crisis de especulación y la pérdida del valor de nuestro esfuerzo, la descentralización tiene un destino: ser la nueva realidad humana.

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