Simon Levy

Hominis: El laboratorio del futuro de México y América Latina

Te vendieron que entre más educación tendrías más dinero. Te educaron que entre mejor ensamblaras mejor salario tendrías. Fue un sueño. Despierta.

Todo problema que es tolerado y que no se resuelve hoy, se convierte en el impuesto de mañana.

El mundo se llena cada vez más de medias verdades y de supuestos no verificados. Las ideologías nos están entregando sumisión a creencias, en lugar de una posibilidad exploratoria para formar verdades. Todo consiste en una competencia por arrebatar nuestra atención. Desde los contenidos de películas y streaming, cada notificación en teléfonos móviles, hasta  los contenidos en las redes sociales.

Enseñarnos a pensar cada vez es más difícil porque todo el tiempo estamos consumiendo atención arrebatada. Por eso, se nos ha olvidado nuestra capacidad de construir soluciones amparados en la esperanza de que los demás vengan a resolver nuestra vida. La esperanza siendo un bien humano, intoxicó de expectativas su capacidad creativa para formar soluciones. Así la sociedad.

Mientras tanto, el crecimiento económico ya no genera pleno empleo, la educación ya no entrega buenos salarios, la capacitación ya no garantiza permanencia y las viejas fórmulas del pasado están dejando de funcionar en un mundo que cuando entiendes algo, ya se volvió obsoleto.

Tenemos entonces que atrevernos a construir ecosistemas para dejar de depender de caudillos.  Un ecosistema va de las causas a los efectos de forma sistémica, como un equipo que tiene un sistema de juego y no depende de sus individualidades para ganar y al paso del tiempo gana por regla y no por excepción. Para construir sistemas, es necesario rescatar a la filosofía y al pensamiento.

Por ejemplo, el problema en la vida no es ser “rico” sino financiarte del Estado y los pobres para crear tu riqueza. El problema no es tener sino cómo creas lo que tienes. El problema no es hablar de libertad sino utilizar esa palabra como fachada de la sumisión. Por eso necesitamos filosofía, para evitar que los problemas crónicos de hoy se conviertan en los impuestos del mañana.

Decenas de mentes en América Latina de mi generación, ya no nos sentimos representados con la vieja política; menos con los partidos políticos y con una democracia que promete mucho y entrega muy poco, con costos financieros enormes.

Por eso, Diego Ruzzarin y yo junto con muchos jóvenes pensadores y emprendedores hemos lanzado una plataforma para las mayorías de México y América Latina que formule soluciones progresistas para el siglo XXI, que creará inteligencia pública desde una nueva forma de crecer sostenible económicamente hasta el futuro del trabajo frente a la automatización en la economía del conocimiento.

Sabemos de dónde estamos partiendo, más desconocemos el destino en que terminará esta iniciativa.

Te vendieron que entre más educación tendrías más dinero. Te educaron que entre mejor ensamblaras mejor salario tendrías. Fue un sueño. Despierta. Una realidad emancipatoria tiene necesariamente que unir y no dividir a los que más producen y financian el desarrollo. Ya es hora.

Esa realidad emancipatoria necesita a las mayorías unidas y a las clases medias. No podemos disociarlas.

Hoy el 16 por ciento de las clases medias de México ya cayeron en pobreza. La clase media hoy tiene más probabilidades de caer en pobreza que ascender a la riqueza. La productividad de los más pobres financia los ingresos de los más ricos, ¿cómo reduciremos la pobreza si se crean más pobres?

El INEGI define a las clases medias en su estudio “Cuantificando a la clase media en México: un ejercicio exploratorio” así: “Los resultados obtenidos al término de la primera década del siglo XXI muestran que en 42.4% de los hogares en donde vive 39.2% de la población total del país son de clase media”, ese es el tamaño de uno de los grandes motores económicos de México.

Solo creando riqueza se resuelve la pobreza. No hay dinero del Estado que alcance para esa misión. Seamos congruentes, si de verdad queremos resolver la pobreza, la alianza es con las mayorías, con las Pymes, con las tiendas de la esquina, no con las élites. No más división.

Tenemos el derecho natural de transformar todo lo que no nos gusta. Los problemas se agravan  cuando los negamos. De nada sirve pelearse con la realidad.

Creo en un futuro donde la ideología sea la congruencia a la solución de problemas humanos para el beneficio de las mayorías, los más pobres, las Pymes, los empresarios y las clases medias.

No es el poder del recelo, del resentimiento, de la envidia lo que mueve a una sociedad a una evolución. Es el poder de la aspiración, de la responsabilidad y la conciencia lo que hace que tu origen no sea tu destino. Si después de tantas muertes seguimos dividiendo nada hemos aprendido.

No lleguemos con vergüenza al futuro.

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