Simon Levy

Alibaba y el nuevo capitalismo: ¡Ábrete sésamo!

Jack Ma puede ser el hombre más rico de China, pero no el más poderoso. No es igual aquí, poder económico que poder político.

La noche era especialmente hermosa, el canto de los pájaros ya se había apagado para darle paso a un silencio ensordecedor. Él desapareció repentinamente.

Nunca logró conseguir buenos trabajos a pesar de todo lo que intentó; tampoco tenía amigos influyentes en el Partido.

Los juegos pirotécnicos habían empezado en la bella ciudad de Hangzhou y se empezaban a escuchar los rumores y teorías sobre lo que estaba ocurriendo.

Una noche antes era quizás la más exitosa de su vida. Había jugado su tradicional juego de póker y ya hoy, siendo la hora que normalmente bajaba a practicar Tai Chi, no llegó.

La primera vez que lo conocí, me contó cómo de una familia que nació en la pobreza entendió que origen no era destino. Se educó con grandes maestros del marxismo; los empresarios occidentales eran la peste y había que erradicarlos del sistema socialista. Aún así, quiso aprender inglés y comenzó a hacer trueque como guía de turista a cambio de sus clases. Así fue llamado Jack y empezó a ganar 12 dólares.

El personal del partido se apersonó en su casa; aparecieron algunos personajes que normalmente no frecuentaban la zona. Era noviembre de 2020.

Sus 800 millones de usuarios seguían interactuando en su plataforma a pesar de que nadie sabía lo que le estaba sucediendo. El 24 de octubre de 2020 en Shanghái, el Ant Group estaba listo para lanzar la salida a la bolsa de valores más grande de la historia, cosa que no sucedió.

Recordé el discurso que un día antes, había dado a sus amigos criticando al sistema financiero chino acusando a los bancos de ser “casas de empeño”.

De pronto abrí Wechat, −mi WhatsApp de China−  y en un grupo apareció el mensaje de Mao: “La modestia contribuye al progreso y el engreimiento conduce al atraso”.

La noticia en cuanto amaneció, fue que el gobierno chino le impuso una multa de dos mil 800 millones de dólares por los reguladores de China. Examinaba su estrategia para regular a los gigantes tecnológicos convocándolos a reflexionar sobre el futuro del capitalismo de Estado y el socialismo con características chinas, no sin antes lanzar una investigación antimonopolio contra Alibaba.

Pasaron tres meses de aquello. Era ya enero de 2021 y el Partido Comunista dejaba en claro el control sobre la nueva guerra mundial que trastocará la vida de millones de seres humanos: la de sus datos.

Hoy, ya es abril. Abro Apple News desde mi iPhone y aparece la nota: “El destacado proveedor de Apple, Quanta, dijo el miércoles que sufrió un ataque de ransomware (virus informático) del grupo Revil, pidiendo un rescate de 50 millones de dólares para evitar la filtración de archivos confidenciales en Internet”. Esto es ‘Occidente democrático’.

Los operadores occidentales de ransomware han obtenido más de 350 millones de dólares en 2020, un aumento del 311 por ciento con respecto al año anterior, según la empresa de análisis de blockchain, Chainalysis.

No queremos que la utopía de una empresa sea el infierno de todos; se hace cada vez más vigente un capitalismo de Estado que domina al empresario más rico de ese país y a los dominadores para tener un punto de inflexión: romper los oligopolios que la mano invisible del mercado ha creado.

China, como en el cuento de las “mil y una noches” dice: “Ábrete sesamo”. Deng dice “la riqueza es gloriosa” pero Mao se impone: el protagonismo individual se apaga ante el poder colectivo del partido. Jack Ma puede ser el hombre más rico de China, pero no el más poderoso. No es igual aquí, poder económico que poder político.

iOS llega hoy, con su versión 14.5 y se inaugura la Primera Guerra Mundial de los datos en el siglo XXI. El capitalismo occidental caracterizado por la propiedad privada de los medios de producción con fines de lucro, la acumulación de riqueza por medio del trabajo y una planificación descentralizada, no podrá competir −bajo ese modelo− con los datos.

China quiere demostrar su poder para fundar una nueva civilización y gobernanza humana. La desaparición de Jack es la nueva moraleja del cuento en el siglo XXI.

Jack, como Alibaba, el joven humilde, generoso y guía de turistas no puede convertirse −como en el cuento− en un único conocedor del secreto del tesoro de la cueva y las palabras mágicas para entrar a ella.

En este caso hay un nuevo capitalismo, que deja crear riqueza, pero no apoderarse de la fuente del poder futuro donde Oriente y Occidente se aproximan a la madre de todas las batallas: la de los datos.

¡Ábrete sésamo!

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