Simon Levy

Pokémon en la Plaza Síntagma

La tecnología y romper las cadenas ideológicas, representan 2 proyectos humanos: transformar el conocimiento de privilegio o mercancía en palanca para crear un proyecto para los jóvenes.

La brisa de ese verano que movía lado a lado a los cipreses frondosos, los cedros y naranjos de los parques, transportaba un perfume mezclado entre una resina dulce y sabor a mirra mediterránea que no he podido olvidar.

Había terminado de correr mientras escuchaba los mensajes de Yannis Varoufakis. Aproveché la soledad del parque Kerameikos, luego volví a recorrer las colinas de Lycabettus y estaba convencido que su discurso tenía un diagnóstico muy claro, pero algo le faltaba al rompecabezas.

Volví al centro a media mañana y la plaza estaba rodeada de jóvenes entre 15 y 18 años cuya atención estaba secuestrada por videojuegos, aplicaciones de realidad aumentada y videos en YouTube. Ese era el nuevo ágora donde no fluían pensamientos sino subocupación y el espacio público se activaba para matar el tiempo gracias al uso gratuito de Internet en los teléfonos móviles.

Del lado izquierdo, la corte de los viejos taxis amarillos griegos esperaban al semáforo para poder avanzar por la circunferencia de la plaza. En unos minutos nos reuniríamos en Monastiraki, el lugar donde más he aprendido de la mentalidad griega.

“La derecha tiene algo que claramente los une: fronteras cerradas, la antiinmigración, la libertad de mercado para concentrar la riqueza, pero la izquierda se extravió en el pasado”. Su frase me despertó del instante que estaba viviendo en la plaza de Atenas.

George estaba leyendo en voz alta la declaración de Varoufakis, ese político griego que revolucionó las finanzas de su país con su cultura de no endeudamiento. Mi compañero de la conferencia había llegado.

“Tiene razón”, le reviré después de saludarlo efusivamente.

Mientras abandonábamos la plaza, le comentaba que las izquierdas están secuestradas por ideología en lugar de pragmatismo. El mundo −le mencioné− habla de automatización y se sigue vendiendo rencor en lugar de habilitación; Occidente sigue invocando democracia política, mientras Oriente concreta como nunca democracia económica.

Mira, ahí tienes el ejemplo, y señalé a lo lejos, al patio central de la plaza: los jóvenes subocupados no quieren mítines de promesas, quieren Pokémon. No quieren pasado, necesitan opciones de futuro.

Era un día común y corriente y ahí se podía observar la tragedia del modernismo: personas matando el tiempo y sin empleo que viven la subocupación como preámbulo a la irrelevancia.

George entonces me dijo, “es hora no de ser pesimistas, es hora de ser responsables”. Asintió con su cabeza en silencio mientras viajábamos en su automóvil rumbo al evento.

Entonces le comenté que en México, 35 mil millones de dólares fue la fortuna de solo 13 mexicanos en 2020, lo que equivale un poco más al saldo de la deuda externa de México, mientras que otros 13 millones de mexicanos, pero de la clase media entraron en pobreza laboral.

“¿Y cómo crees que una visión de izquierda progresista puede funcionar? Me atajó.

Honestamente −le dije− la forma como se hará política en los próximos 20 años será radicalmente distinta a lo que hoy se ve. Yo ya no veo un mundo dividido entre izquierda y derecha, entre libre mercado y planificación central. Veo un mundo completamente descentralizado por la tecnología donde la sociedad y el desarrollo se definirán ya no por una ideología sino por la velocidad de democratizar más economía resolviendo problemas humanos, necesidades sociales y crear valor frente a la automatización. Con la descentralización de blockchain,  la división ideológica perderá relevancia.

Hagamos −le dije− por ejemplo, que todas las transacciones en la sociedad se registren en cadena de bloques de propiedad pública y se fije un impuesto ínfimo de operación usando un contrato inteligente para que el consumo y cualquier acuerdo humano −sin usar al gobierno− genere una renta básica universal distribuida por blockchain frente a la automatización. Lo mismo con el conocimiento. Así se  democratizarán los puestos de trabajo.

No hay nada más falaz en el futuro que la libertad de mercado; lo que existirá en realidad es planificación descentralizada. Necesitamos más política tecnológica que ideología política.

George sonrió en señal de complicidad.

Aquel día en Atenas comprendí que la tecnología y romper las cadenas ideológicas, representan 2 proyectos humanos: transformar el conocimiento de privilegio o mercancía −al que pocos pueden acceder− en palanca para crear un proyecto para los jóvenes, los adultos mayores y los jubilados más allá de Pokémon en la plaza Síntagma.

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