¿Con el resultado electoral ayer en Brasil podemos decir que es la última llamada para la llegada de la ultraderecha también a México?. Con el triunfo de los partidarios del BREXIT y de la primer presidencia de Donald Trump en el año de 2016, se inauguró una nueva etapa política en el mundo que fue el ascenso de los populismos, que con diferentes narrativas podríamos en términos generales y muy sencillos decir que ya sea que se auto nombraran de izquierda o de derecha, pero que esencialmente fincados en las insatisfacciones sociales tenían características similares y que al final del día desembocaron los que lograron ascender al poder en un punto central: la concentración del poder en las manos del líder de dicho movimiento y que define una forma autocrática del poder, ahora si, ya sin distingos de matices dizque ideológicos, no son similares, son iguales estructuralmente.
La construcción con un lenguaje simple y hasta a veces vulgar de una narrativa de polarización entre el “pueblo bueno” y las élites del poder, la descalificación de las prácticas y de la clase política de la partidocracia , el ubicarse (aunque en muchos casos no fuera cierto) como un jugador fuera de la tradicional lucha por el poder, como outsiders, agarrarse de algún héroe nacional hasta reinventarle una biografía de salvador de la nación y modelo a seguir haciendo citas de frases sacadas de contexto, inventar un ideal que perseguir para crear una nueva etapa social histórica, mantener permanentemente el discurso del “pueblo puro” contra la “élite corrupta” , el líder populista dice que no es una “ambición personal “ su deseo de llegar y mantenerse en el poder sino solo el medio para cumplir el “objetivo superior” de representar al pueblo, es más, dice que el “ya no se pertenece, sino solo pertenece y representa al pueblo”, esto y más son el relato que ante una sociedad sin ciudadanos conscientes y en contextos particulares de corrupción de los políticos de la partidocracia, crisis económicas y actos de impunidad entre los más sobresalientes son los que sirvieron a los populistas para construir un movimiento y en su caso acceder al poder.
Los movimientos populistas contemporáneos y el partido que logran formar o se apropian del cascarón de algún partido tradicional (el caso del partido republicano por Trump en los Estados Unidos manteniendo a MAGA) o forman uno nuevo ya sin contenido ideológico como tradicionalmente lo tenía aunque fuera formalmente la partidocracia y son una especie de partidos atrapatodo y sin programa de proyecto de nación o principios ideológicos, Morena en el caso mexicano.
El tema es que ya en el poder estamos observando que las experiencias globales de los populismos son de extrema incapacidad para gestionar el gobierno, no solo no han resuelto los temas que en su discurso mantuvieron en su camino al poder, sino que además temas como el de la corrupción se han incrementado escandalosamente como es el caso de Morena donde la impunidad que la acompaña es groseramente mayúscula a lo que criticaban cuando estaban fuera del poder, pero además su presunta y en muchísimos casos ya comprobados de colusión con el crimen organizado han desvelado la verdadera naturaleza de su objetivo para capturar el Estado, ya no solo servirse el líder y su círculo cercano del poder sino además ponerlo al servicio de los criminales y acabar con el Estado Constitucional de Derecho y con ello matar la democracia y la República. En mi anterior colaboración en estas páginas de EL FINANCIERO ( ¿Ahí viene el lobo? ) escribí más amplio sobre las características de lo que pregona la ultraderecha hoy.
Pero la incapacidad de los restos de la partidocracia para generar una verdadera oposición como en el caso de México estriba hasta hoy en que no han realizado una autocrítica de lo que fue su paso por el poder y sus resultados , amén de que se ha sido incapaz de crear una narrativa alternativa al populismo autocrítico y esperan casi como que por milagro caiga del cielo la inercia del triunfo de la derecha radical que viene ganando terreno en el mundo y particularmente en la región de América, lo de ayer en Brasil es más que ilustrativo.
Así entenderíamos el discurso y las declaraciones de quienes organizaron la semana pasada el Foro América Libre por parte de la auto llamada aún Democracia Cristiana, que como sabemos surgió a fines del siglo XIX en Europa como respuesta a la modernidad e industrialización que se venía desarrollando y que retomó algunos de los principios sociales de la iglesia católica con algunos partidos conservadores , mismos que después de la Segunda Guerra Mundial en Europa revivieron y que se replicó en nuestra región, pero que en México no lograron triunfar ni en el PAN sino solo como una de las corrientes internas de ese partido y que prácticamente en los años 80s, con la captura que un sector empresarial se hizo del PAN quedaron relegados y después de su paso por el poder el PAN ha caminado como gallina sin cabeza ideológica hasta la fecha. Por ello llama la atención que el PAN se inscriba en la actual coyuntura en la democracia cristiana y que su “ esperanza” este en que la ola de la nueva derecha o llamada también la ultraderecha que vine ganando el poder en América le caiga como de regalo.
Lo que que hay que ubicar es que la ultraderecha que vine posicionándose y ganado elecciones NO es la derecha tradicional, menos aun se corresponde con lo que son los restos de la democracia cristiana, aunque muchos de los nuevos líderes populistas sean muy religiosos, ya sean católicos o evangélicos,son líderes que han construido un discurso anti populista siendo ellos mismos populistas, pero confrontándose con los populismos de “izquierda” y logrando polarizar contrastando los resultados concretos de los saldos de gobierno de los populistas de “ izquierda “ y sin duda aupados por el gobierno del presidente Trump.
Ahora bien para el futuro político de México, no se trata de salir de un régimen autocrático para entrar a otro, la necesidad de recuperar la senda democrática sin duda pasa por la movilización y organización ciudadana y que la partidocracia se preste a estar al servicio de estos objetivos y el camino inicia desde ya en la ruta de las elecciones del próximo año y con la mirada puesta en el 2030. Hasta ahora en México se dice que la ultraderecha no existe como movimiento ni hay un líder que se prefigure como tal y así ha sido históricamente, …..pero ahí está. ¿Saldrá de la oscuridad? .