Samuel Aguilar Solis

El propagandista

López Obrador sabe que lo que diga es tomado como dogma por su feligresía y sirve de abono para mantener el clima de encono y polarización social.

Cargando una historia personal como agitador social, López Obrador tuvo la capacidad en un tiempo relativamente corto para que con las reglas y las instituciones de la democracia alcanzara la presidencia de la República, lo hizo al entender —para sus intereses personales— que los partidos políticos tradicionales estaban entrando en un momento de vaciamiento, de desprestigio y de no cumplir ya las funciones de intermediación de la sociedad, y fue a partir de ello que concibió que era la hora de formar un movimiento político que dependiera solo de su liderazgo, no pensó en un movimiento político con una definición o con principios ideológicos, por ello es que el resultado fue una especie de ‘mazacote político’ que sin ideología, diera cabida a todo el ‘cascajo político’ que se encontró en su recorrido que hizo por el país y a partir de una narrativa que desde siempre ha seguido del manual populista, además en una coyuntura donde existía un gran desprestigio de quienes ocupaban el gobierno federal en ese momento por el alto grado de corrupción e impunidad, un crecimiento económico mediocre (2.0 por ciento del PIB), un aumento de la pobreza y desigualdad, así como un crecimiento de la violencia de manera que con sus ataques al statu quo y con una narrativa de opositor y de alentar a la esperanza de una nueva realidad, es que animó a la mayoría de los votantes a darle su confianza.

Apenas llegado al poder en una declaración en el Estado de México, muy orondo gritó que gobernar no tenía ninguna ciencia. Hoy a casi cinco años de su llegada al poder los resultados dicen que, efectivamente, el presidente está no solo equivocado sino que no tenía ni idea de lo que es ser un jefe de Estado, de ser un ‘Político’, así con mayúsculas, y no solo un agitador social, que gobernar no es tan sencillo como lo pregonaba sino que asumirse como el único que puede hacer y deshacer, es decir, ser el “gobierno de un solo hombre” como Santa Anna pues, le iba a traer pésimos resultados de su gestión, que dedicarse solo a hacer propaganda bajo el eje de la polarización tendría no solo malos resultados, sino un encono social con una gran parte de la población, que bien podríamos decir que es posible la mitad de los mexicanos; esto lleva a pensar que no tiene en su agenda hacer políticas públicas para beneficio de los mexicanos, sino que lo único que le importa es mantener el poder, bajo la única bandera de la propaganda.

Esta es el instrumento que el presidente utiliza, tanto para su estrategia de polarización como para esconder los malos resultados de su gobierno, y es la misma que usa para descalificar a la oposición, olvidándose de ser un jefe de gobierno y obvio ya no digamos el jefe del Estado mexicano, puesto que con su discurso y sus acciones no busca y ni es por supuesto la encarnación de la unidad nacional. El presidente hace propaganda siempre con el único objetivo de mantener el poder, no para realizar políticas públicas en beneficio de la sociedad o para impulsar el desarrollo del país. Hace propaganda para influir en sus seguidores y para encauzar la conversación pública a sus intereses, pero no hace gobierno, por ello los problemas no solo no se resuelven, sino que se agudizan día a día porque no hay un gobernante sino un propagandista.

Con su discurso diario el presidente persuade a sus seguidores y deforma la realidad para acomodarla a sus intereses políticos sin importarle que se contradiga con lo que en otro tiempo o apenas unos días antes haya dicho. El propagandista de López Obrador sabe que lo que diga es tomado como dogma por su feligresía y sirve de abono para mantener el clima de encono y polarización social. Si hay ya 162 mil homicidios dolosos en su gobierno, seguirá repitiendo como mantra que su estrategia para la violencia e inseguridad son los ‘abrazos y no balazos’, no lo visualiza como una tragedia, como algo terrible que la sociedad vive y menos por supuesto como un fracaso de su inacción y para esta cruda realidad el seguirá repitiendo que si hay violaciones a la ley o a los derechos humanos de parte de los delincuentes, estos sean acusados con sus mamás o abuelos, más que una mala broma es un cinismo y una desfachatez que el propagandista expresa, y cuando ya se ve presionado es volver de nuevo con la narrativa del pasado que generó esa herencia.

Diariamente a través de los medios de comunicación, las redes sociales, los amigos, los vecinos, los familiares, etcétera, nos enteramos de las deficiencias, tragedias o desabastos en el sector salud, pero el propagandista insiste que hay una excelente calidad en el servicio de salud y lo compara con países del primer mundo, cuando vemos los traslados de pacientes en carritos de supermercado o cargados en escaleras por las fallas de elevadores, el desabasto en farmacias de las instituciones de salud, la cancelación del bodrio del Insabi, las manifestaciones del personal médico por falta de seguridad en el empleo y muchos etcéteras; pero el propagandista machaca que ahora los servicios médicos públicos, le dan a la gente el mejor servicio como nunca antes, manteniendo oídos sordos a los reclamos sobre la verdadera crisis que se vive en el sector salud.

En materia económica en los últimos cuatro años, el gobierno del propagandista resume: un crecimiento económico de -0.7 por ciento del PIB y es posible que para finales de año alcance 2.4 por ciento como pronostican la mayoría de las instituciones financieras, de ser así apenas estaríamos en 1.7 por ciento a un año de que culmine el sexenio de López Obrador, y con una previsión global de que en 2024 será por abajo del actual, lo que desde ahora ya se puede adelantar que será por abajo del 2.0 por ciento del PIB que hubo en los años antes del obradorato, pero el presidente ni suda ni se acongoja, la propaganda no está centrada en si México prospera o no, sino en cómo mantener el poder a costa ‘literal’, de lo que sea.

El autor es analista político.

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