Instalado en Palacio Nacional para enfatizar más su vida y forma autocrática, López Obrador ha usado toda una narrativa populista para convencer a sus seguidores de que estar viviendo ahí (a costa del erario por supuesto), es por una vocación y compromiso con la austeridad republicana. Esa mentira del tamaño del Palacio donde vive es la manera en que ha mantenido el poder ya casi cinco años porque de gobernar nada. Si de evaluar su gobierno habláramos, el resumen es que es un inútil. La Real Academia de la Lengua dice que inútil es la persona que no produce provecho, servicio o beneficio y eso exactamente es que quien hoy ostenta la presidencia de la República y ha sido para el país y para su población.
Ya se ha reiterado en anteriores colaboraciones de este espacio, del gran fracaso económico que este periodo ha significado para nuestro país, la inexistencia de una verdadera política económica ha dado por resultado los últimos cuatro años un promedio del PIB del -0.7 por ciento y en este año solo es posible que se llegue a 2.0 o 2.2 por ciento, lo que pone sin duda ya casi al final del sexenio por abajo de lo que fue el promedio del anterior, que siempre calificamos de mediocre y que fue de 2.0 por ciento del PIB. Datos duros confirman el desastre actual: las personas que se han visto en la necesidad de ocuparse en la economía informal, tan solo del 2020 al día de hoy subió del 15 al 28 por ciento, lo cual implica que no cuentan con seguridad social, es decir, de 19 millones subió a 35 millones, y los retiros de los ahorros de los mexicanos en desempleo de sus cuentas del SAR, solo en el primer semestre del presente año ascienden a 11 mil 902.2 millones de pesos, lo que significó un incremento anual de 3.6 por ciento en términos reales, de acuerdo con la Consar.
En términos llanos, si estás en desempleo no solo te quedas sin seguridad social, sobre todo sin seguro médico, el del IMSS, sino que para sobrevivir acudes al empleo informal y en caso de necesidad de atención médica la tienes que pagar, pero si al mismo tiempo ni en la economía informal tampoco encuentras trabajo, o aún encontrándolo no te alcanza para sobrevivir, comienzas a comerte lo que habías ahorrado para el retiro, esto no es otra cosa más que en los hechos, estar engrosando las filas de la pobreza por causa de una política económica inexistente o que sus resultados son negativos.
Los últimos actos con explosivos y el uso de drones artillados por parte del crimen organizado ha escalado la violencia a un nivel que solo el gobierno federal no quiere denominar lo que realmente es: actos terroristas, y mantiene el discurso caricaturesco de “abrazos, no balazos”, cuando es el sexenio con más crímenes en los últimos años alcanzando ya la terrible cifra de 160 mil homicidios dolosos más las graves desapariciones de personas o los desplazados por la violencia sin que el presidente se inmute.
De cara al proceso electoral de 2024, el presidente diariamente está violentando la ley y no solo eso sino que en los ataques a la oposición usa el poder del Estado para que a través del servicio tributario, de inteligencia financiera o de los servicios de inteligencia del Estado mexicano obtenga ilegalmente información para tratar de denostar a los opositores, y para sus objetivos político-electorales, callando el gasto excesivo, ilegal y de origen dudoso de parte de sus precandidatos de Morena y sus acólitos. El presidente en la práctica ha ensuciado ya el proceso electoral y sus comportamientos y su discurso prevén un grave conflicto poselectoral en el caso de perder el poder el próximo año. El ejemplo de lo que ocurrió con la presidencia de la Alianza del Pacífico, que legalmente le correspondía a Perú y bajo el argumento de que las autoridades de aquel país no son legítimas se negó a entregar la presidencia, violentando no solo nuestra Constitución en el artículo 89 fracción X, sino también la legislación internacional y la práctica diplomática, pero es sin duda un aviso de que si pierde el año que entra no fácilmente entregará el poder, ojo con eso.
La continuación de los ataques contra la autoridad electoral y el escenario de reducción presupuestal para el próximo año, se fincan en la misma estrategia de ahogar la operación y logística para seguir ensuciando el proceso electoral y los antecedentes, así como al avance del dominio territorial, presupuestal y de actividades económicas por parte del crimen organizado es claro que no será un día de campo la elección del próximo año, sobre todo por la cantidad de cargos locales que están en juego y que existen intereses concretos de la mafia, que el gobierno con su inacción o complicidad da la cobertura para ello.
En la batalla por el poder la oposición no puede ni debe de caer en las mismas irregularidades que el presidente y su partido están cometiendo, tampoco es la de enfrentar un populismo contra otro, es necesario la construcción no solo de una narrativa legal, democrática, dialogante y no solo polarizante sino también de una propuesta alternativa de nación, hoy ya con el desfiguro de los aspirantes morenistas de tratar de imitar en todo a su líder y de ver quién es la persona más arrastrada para de esa manera ganarse el “dedazo” para ser el candidato de Morena, no se atreven en su discurso más que decir que habrán de continuar las políticas del presidente Andrés Manuel López Obrador. Pero los resultados están a la vista de todos: ¿se quiere más de lo mismo? Seguir así no vislumbra otro escenario que el que ya conocemos de fracasos populistas y autocráticos.
El autor es analista político.