Si alguien piensa que estamos viviendo tiempos demasiado turbulentos, la noticia es que el porvenir se ve con mayores dificultades.
En el terreno global, la economía no se ha podido recuperar a los niveles previos a la pandemia de Covid. Según los últimos informes del FMI, las expectativas de crecimiento económico para este año son: 2.8 por ciento e inciertas porque los problemas derivados de la guerra en Ucrania aún están presentes; la inflación, aunque frenada, sigue siendo un problema y las altas tasas de interés impiden un relanzamiento del crecimiento, por lo que incluso, en un escenario más restrictivo, el crecimiento puede bajar a 2.5 por ciento.
A nivel nacional, el Banco Mundial ha modificado la expectativa de crecimiento económico a 2.5 por ciento, recordemos que la Secretaría de Hacienda lo mantiene en un 3 por ciento y que a inicios del año diversas instituciones financieras nacionales y extranjeras lo situaban en 1.4 por ciento, lo que aún habría que esperar son los impactos por el lento crecimiento en Estados Unidos y además, no olvidemos que está habiendo un ‘apretón’ en el mercado interno con los efectos del ‘superpeso’, ya que para las familias que reciben remesas, en los hechos se restringen sus ingresos y por tanto, su capacidad de compra, lo mismo que los exportadores o los efectos que está causando a los productores de Sinaloa y Sonora particularmente. Las propias finanzas públicas, se estima, se reducirán en 10 mil millones de pesos por los ingresos del petróleo, también por el ‘superpeso’. Hay que recordar que en materia económica este gobierno está dando los peores resultados de los últimos sexenios, pues en promedio, en los últimos cuatro años se tiene un crecimiento negativo de -0.7 por ciento del PIB.
La violencia está desatada, la caricatura de estrategia de “abrazos y no balazos” de López Obrador ha dejado ya en números oficiales más de 157 mil homicidios dolosos haciendo prácticamente invivibles muchas regiones del país y a millones de mexicanos, en su día a día, permanecer en permanente peligro por la terrible inseguridad. Hay que señalar que esta cifra, sin duda, puede ser mayor porque habría que agregar aún el de las personas desaparecidas (y ya fallecidas, pero no localizadas) en virtud de que no se sabe si todas ellas aún continúan con vida o no.
En 2018, los pobres en nuestro país, según el INEGI, eran de 51.9 millones de personas. Y en los primeros dos años del actual gobierno, la pobreza creció 3.8 millones, según Coneval, pero si la economía no crece, como ya anotamos arriba, es claro que al final del sexenio los pobres no solo habrán crecido en número, sino que fueron usados demagógicamente por López porque no solo es la pobreza de ausencia de ingresos, sino además los que están soportando el fracaso del sistema de salud por la desaparición del Seguro Popular y después su rotundo fracaso del Insabi, que incluso lo tuvieron que desaparecer. Por lo que podemos claramente decir que una de las promesas y punto central del discurso de López es un fracaso, ya que según Coneval, los pobres ahora son 55.7 millones. Haciendo con esto más profunda la desigualdad social en nuestro país.
La ausencia de apoyos a los productores agrícolas se coronó hace apenas unos días con la desaparición de la Financiera Rural, que deja literalmente en manos de los ‘coyotes’ a los productores, lo que habla no solo de un desconocimiento absoluto del tema al actual gobierno, sino que además muestra la insensibilidad frente a los campesinos del país de parte de un populista que se llena la boca diciendo que su prioridad son los pobres de México.
Los ataques a la Suprema Corte de la Nación y la postura de no nombrar los comisionados faltantes del INAI sólo nos deja claro la estrategia de López Obrador de no querer transparentar el gasto público, pero queda una vez más la evidencia de su supuesto combate a la corrupción y a la rendición de cuentas, y ¿qué decir de los costos que están muy por encima de lo presupuestado de sus obras faraónicas y sin terminar?, las empresas a las que se les asignó las obras, casi todas sin licitación, etcétera, etcétera, que lo único que se percibe es la urgente obsesión de esconder la corrupción.
La manera tan burda e inconstitucional como ha iniciado su proceso interno en Morena para definir su candidatura a la presidencia de la República, no hace más que prever un escenario de conflicto, no solo por las contradicciones internas sino también de cara al respeto a la ley y a lo oscuro de los recursos que vienen desde hace meses usando los aspirantes en su promoción, sabedores todos de que el dedazo de López será lo único que realmente cuente, echando también así otra de las falsedades obradoristas de que es un promotor de la democracia. Sí, han sido más de cuatro años de constantes ataques a la democracia y sus instituciones, pero también de un gobierno de fracasos y aún falta más de un año para que termine. ¡Uf!