Samuel Aguilar Solis

La batalla por la democracia

Las elecciones de 2018 representaron el punto culminante de un proceso de cartelización de los partidos políticos.

En México, las elecciones de 2018 representaron el punto culminante de un proceso de cartelización de los partidos políticos: su desprestigio como organizaciones de representación e intermediación, pero también de sus dirigencias, por la corrupción y la impunidad con la que se venían conduciendo, a la vez que el fracaso en políticas públicas con las que se daba cuenta de su gestión gubernamental, que al contrario de resolver las problemáticas sociales, se vio incrementada la violencia en el país, pero también el hartazgo por las promesas incumplidas de generar bienestar por el mediocre crecimiento económico en los últimos años, al no haber empleo bien remunerado y verse cada día más pobreza y desigualdad social.

Esto fue lo que incubó el triunfo del populismo con López Obrador a la cabeza. Por eso, hoy mismo tenemos que señalar que mientras que la oposición partidaria no haga una objetiva autocrítica de su responsabilidad en el ejercicio del poder seguirá siendo objeto y pretexto de la andanada de ataques que diariamente le dedican desde Palacio Nacional y por su parte, el autócrata seguirá mantenido a sus fieles en una narrativa que le permita ocultar su actual fracaso gubernamental y enmascarado su vena autoritaria y antidemocrática.

Los ataques a los órganos constitucionales establecidos que de manera permanente realiza el presidente buscando minimizar o eliminar los contrapesos que todo régimen democrático mantiene; mantener la narrativa de la polarización del “pueblo bueno” y " los conservadores” solo refleja la miopía política de buscar reducir a dos la amplia pluralidad social y política de nuestro país y alimenta día a día la ruta autocrática para personalizar y concentrar el poder en una sola persona, violentando todo signo democrático y constitucional. Los ataques directos al INE y algunos consejeros en particular reflejan nítidamente la vena autoritaria y antidemócrata de quien dijo respetar la Constitución el primero de diciembre de 2018.

La defensa del INE en la gran marcha nacional del pasado 13 de noviembre y la que se anuncia para el próximo 26 de febrero en el Zócalo de la Ciudad de México es la visibilidad de la fuerza de la sociedad civil frente al poder autocrático del presidente, hoy la lucha es y debe de ser no solo por mantener una institución, como lo es el INE, sino también por sostener el principio democrático de que las reglas para la obtención y ejercicio del poder deben de ser en libertad y por consenso. El presidente busca no solo “destazar” al INE, como lo dijo el secretario de gobernación a los diputados de Morena, cual vil carnicero, sino además subvertir las reglas del juego democrático para mantener el poder, y al pretender hacerlo, violenta abiertamente la Constitución y atenta contra la democracia.

Mantener el poder y generar un régimen autoritario parecen ser los únicos objetivos del presidente, ya que de resultados en cuatro años solo tenemos como saldo una economía que no ha crecido, CERO es su resultado y la ausencia de una verdadera política económica, amén de modificaciones legales o reglamentarias que generan incertidumbre y conflictos como los que hoy se dirimen con nuestros socios comerciales del Tratado Comercial de América del Norte; una inseguridad y violencia que desborda el Estado de derecho, con ya cerca de 150 mil homicidios dolosos en estos años del obradorato, una mayor pobreza y desigualdad social como lo han documentado el Conevel y el Inegi; y una opacidad en el gasto gubernamental que trata de ocultar la gran corrupción que se da en el gobierno a través de las adjudicaciones directas, amén de una gran ineficiencia en la gestión gubernamental.

Defender hoy la democracia implica no solo manifestarnos por mantener esta forma de gobierno en nuestro país, sino en la práctica presionar a la Corte de la Nación para que sienta el rechazo social al famoso plan B de reforma electoral; para que se respete la letra y el espíritu de la Constitución y la Corte declare inconstitucionales las normas aprobadas por Morena y sus acólitos. Defender la democracia es votar contra los partidos que quieren subvertir el orden constitucional y denunciarlos con todas las letras y en todos los foros y espacios sociales. Defender la democracia es estar en contra de la amenaza de que el gobierno, cualquiera que sea, quiera manejar a su antojo las elecciones y con ello, los votos de los ciudadanos, o que se viole impunemente la Constitución y las leyes electorales al realizar actos anticipados de campaña; pero defender la democracia es también estar en contra de qué poderes fácticos legales y no legales intervengan en los procesos electorales para controlar el poder a sus interés particulares, como hoy se ve en muchos espacios del poder público por parte de oligarcas y cérteles del crimen organizado.

Como bien escribiera Norberto Bobbio en su obra Teoría General de la Política, las reglas que debemos de tener para ser una democracia deben de ser aquellas que:

  • Todos los ciudadanos que hayan alcanzado la mayoría de edad, sin distinción de raza, religión, condición económica y sexo deben de disfrutar de los derechos políticos, es decir, cada uno debe de disfrutar el derecho de expresar la propia opinión y de elegir a quien la exprese por él.
  • El voto de todos los ciudadanos debe de tener el mismo peso.
  • Todos los que disfrutan de los derechos políticos deben de ser libres para poder votar, según la propia opinión, formada lo más libremente posible, en una competición libre entre grupos políticos organizados en concurrencia entre ellos.
  • Deben ser libres también en el sentido de que deben ser puestos en la condición de elegir entre soluciones diversas, es decir, entre partidos que tengan programas diversos y alternativos.
  • Tanto para las elecciones como para las decisiones colectivas debe valer la regla de la mayoría numérica, en el sentido de que se considere electa o se considere válida la decisión que obtenga el mayor número de votos.
  • Ninguna decisión tomada por mayoría debe limitar los derechos de la minoría, en especial, el derecho de convertirse a su vez en mayoría en igualdad de condiciones.

Que el INE y el Tribunal Electoral no se toquen y que las reglas del juego democrático sean por consenso deben de ser las premisas de este momento por la supervivencia de la democracia en México y esa es ahora la batalla que tenemos que librar contra los antidemócratas y autócratas.

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