La Feria

El Mayo: lágrimas de cocodrilo en Nueva York

Menudo consuelo le queda a la sociedad, que mira a El Mayo llorar, mientras en México los estropicios de sus guerras quedan en absoluta impunidad.

Ismael El Mayo Zambada fue condenado a cadena perpetua en Nueva York. El fin de su racha criminal comenzó y terminó con Estados Unidos como protagonista. México es uno de los perdedores de la sentencia al narcotraficante, y éste ahora pretende dar lecciones morales a la juventud que no son más que un hipócrita testamento que nada aporta hoy a Sinaloa ni conforta a las víctimas de sus guerras.

El colofón de la carrera de El Mayo se apega a la tonadilla de un narcocorrido: le cayó la única ley a la que desde hace décadas temen los capos mexas; en su desgracia hay traición de quien consideraban familia, y el gobierno mexicano es actor de relleno; incluye, claro, moraleja –leída de viva voz por el otrora inatrapable criminal– tan guanga como trillada: véanme, no sigan mis pasos, pórtense bien.

De su caso se desprenden claves para una sociedad condenada a la calidad de espectadora y daño colateral. En los dos años transcurridos desde que fue entregado por el hijo de su exsocio Joaquín El Chapo Guzmán y su sentencia el lunes, hay, es innegable, un culebrón, pero también una gran herida por impunidades toleradas por gobiernos torpes, omisos y corruptos de México.

Zambada leyó un breve mensaje en la audiencia. Es duro oír que manifestó su “respeto a la ley y a las instituciones que me juzgaron”. Qué golpe a México. Se entrega a Washington y les hace caravana a esos que no hacen ascos a quedarse con parte de su fortuna criminal: 15 mil millones de dólares que el capo y sus herederos tendrán que ayudar a transferir a Estados Unidos, hablando de hipocresías, pues.

Luego de expresar la cita mencionada en el párrafo anterior, Zambada dijo otra frase que es palabrería pura: “México tiene la autoridad, la personalidad legítima y la responsabilidad de demostrar que nadie está por encima de la ley”. No olvidar que lo expresa quien hizo gala de nunca haber caído en la cárcel antes del 25 de julio de 2024, al punto de gestionarse entrevistas con importantes periodistas, y el mismo que señaló vía escrita que el día de su mal, cuando fue emboscado, iba a arreglar temas políticos de su estado y le habían dicho que el gobernador del mismo, Rubén Rocha, estaría ahí. ¿Hay algún mexicano que se sorprenda de que nunca el gobierno federal ha aclarado esa versión y, mucho más que una delación, el asesinato tal jornada del hombre fuerte de la Universidad Autónoma de Sinaloa?

Y aunque al despedirse de la libertad el narco dice que llegó hasta ahí por hacer el mal, su acuerdo en una Corte de Estados Unidos de alguna manera a más de uno confirmará lo rentable del trueque aspiracional: cuántos condenados a una vida en la miseria verán en él una inspiración –pasar décadas como jefe intocable, y caer solo porque EU lo quiso–; así que mientras burles a los sheriffes...

Desde julio de 2024 el gobierno mexicano ha querido escurrir el bulto acusando a Estados Unidos de haber participado en el rapto de El Mayo. Sí, Washington debe una explicación.

¿Ha hecho el obradorismo algo más que sonar la campana soberanista al decirse agraviado por el mutismo del Tío Sam? No. Menudo consuelo le queda a la sociedad, que mira a El Mayo llorar lágrimas de cocodrilo mientras en México los estropicios de sus guerras del pasado y la actual, desatada por los suyos tras su secuestro, quedan en absoluta impunidad, incluida la falta de castigo a sus políticos cómplices en gobiernos de hoy y de ayer.

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