La Feria

Un violentador que nadie vio

La violencia contra las mujeres debe ser combatida en toda instancia. Esa agenda debe llegar lo más lejos posible.

La víctima de la atroz violencia machista de Víctor Rodríguez Padilla tiene todo el derecho a elegir el modo en que procesa los ataques, amenazas y agresiones que padeció. Respetar su decisión de otorgar un perdón judicial al victimario es obligado, pero no está reñido con cuestionar si el gobierno federal incurrió en errores.

La selección de personal es una de las cuestiones clave a la hora de hacer un equipo. En el caso del gobierno, quien recibió un mandato popular comparte ese honor, y responsabilidad, al seleccionar a sus colaboradores.

Quien gana la Presidencia tiene en la designación de su gabinete uno de los momentos cruciales. Y en México, por su peso en las finanzas y su dimensión histórico/simbólica, el director de Petróleos Mexicanos es más importante que algunos secretarios.

¿Pudo el gobierno mexicano haber detectado que Rodríguez Padilla es un violentador de mujeres, que tiene ideas machistas no solo para llegar a golpear a una mujer, sino para, como lo denunció en su carta María Felicia Jiménez, decir que un voluntariado “se inventó para entretener a las esposas”?

La presidenta Claudia Sheinbaum tiene en la agenda a favor de las mujeres un compromiso genuino. Que uno de sus principales colaboradores por poco más de un año haya tenido, según María Felicia Jiménez, antecedentes de violencia en contra de ella al menos desde 2022, ¿no debería provocar una discusión y/o investigación sobre cómo pudo colarse alguien así en Pemex?

Dicho de otro modo, ¿alguien indagó los antecedentes de la persona propuesta por la presidenta para dirigir Pemex? Es un territorio difícil, sin duda. Uno entre el respeto al derecho a la privacidad, pero también la necesidad que tiene quien comparte un tramo de responsabilidad, de cerciorarse de que quien lo recibe es notoriamente congruente entre su vida personal y la pública (alguna vez todos hemos pasado por eso llamado evaluación socioeconómica y/o sicométrica).

Este gobierno insiste que está a favor de las mujeres, que para ellas tiene una agenda no por el hecho de haber creado una secretaría de Estado; que, sobre todo, se trata de que en la totalidad de la administración pública se asuma ese enfoque y compromiso. Y antes que todos, aquellas y aquellos en la alta burocracia han de ser ejemplo vivo de esa conciencia, de esa causa de la primera presidenta.

Se debe insistir en la obligación del gobierno de repasar lo que les ocurrió porque, además, pretendieron minimizar la responsabilidad que les toca por haber incorporado a Rodríguez Padilla con argumentos que más o menos flotaban la idea de que él ya no estaba en Pemex cuando la denuncia surgió, y, a eso llegaron, de que no había asumido el siguiente nombramiento presidencial. ¿De verdad?

Dicho de otra manera: ¿hay otro violentador de mujeres en el gabinete de Sheinbaum? ¿Lo saben? ¿No lo saben? ¿No tienen manera de saberlo? ¿Prefieren no saberlo?

En Pemex, ¿nadie oyó nunca comentarios machistas de Rodríguez Padilla? O, para el caso, ¿nadie apreció, en una posición de altísimo estrés, alguna explosión de ira como la que se advierte en los terribles videos que su esposa se vio obligada, según su propio testimonio, a difundir para solo así sortear el muro de amenazas y miedo que el funcionario le había hecho creer que usaría en su contra con un telefonazo?

La violencia contra las mujeres debe ser combatida en toda instancia. Esa agenda de Claudia Sheinbaum debe llegar lo más lejos posible; también por eso es menester revisar si pudo evitarse que a su equipo se colara un violentador. ¿Tampoco en eso cuidan a la presidenta?

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