El obradorismo arranca su eliminatoria en pos de las candidaturas a 17 gobiernos estatales. No son todos los que están, aunque sí están bastantes de los que serán. Porque no todos compiten para ganar, hay unos que aspiran solo al repechaje.
El proceso culminará en cosa de semanas. Pero ya es posible intentar una mínima taxonomía de los contendientes en Morena.
Los que van por el reintegro. El caso prototípico es Esthela Damián, que se acordó de que es de Guerrero. La efimerísima consejera jurídica de CSP y excoordinadora de su campaña capitalina en 2018 busca (es un decir) la candidatura en tierras guerrerenses. ¿Lo hace porque tiene chance? Todo lo contrario: intenta reposicionar su carrera. Invierte meses en promoverse para algo muy remoto (ser una opción accidental ante la ambición del grupo dominante –Félix Salgado– y una candidata emergente –Beatriz Mojica, en este caso–), pero sobre todo se apuntó para poder reclamar un premio menor por haber engordado el caldo. Se vale.
Los que van por la revancha. Raúl Morón en Michoacán es el retrato perfecto. Descarrilado por el INE hace seis años, ahora cree que le toca sí o sí. Su caso será laboratorio de otras dinámicas. A diferencia de Félix Salgado, también eliminado por aquel INE, Morón lleva seis años suspirando por Michoacán, donde su sustituto lo malquiere. ¿Ramírez Bedolla actualizará el ritual de que, impedido a poner heredero, al mandatario estatal le queda la prerrogativa de vetar?
¿Existe tal cosa como la favorita, o el favorito, de Claudia Sheinbaum? Hay varias y varios que aspiran desde el sambenito de que son la o el favorito de la presidenta. Bien, la primera duda es si la mandataria de verdad tiene candidaturas favoritas. La pregunta no es retórica. La heredera del bastón de mando morenista busca sobre todo que el vigor del movimiento no decaiga y menos se deshilache en su periodo. Tal divisa le llevará a favorecer a los elegibles; a premiar a quienes ya son punteros en más de un sentido, estén o no cerca de su corazón. Y aún así, algunas y algunos competirán diciéndose favoritos de Palacio.
Labores de sacrificio. Morena no va en caballo de hacienda. El 16 a 0 de Coahuila no es 100% replicable para la oposición en otras tierras, y aún así la elección coahuilense es un recordatorio de que los guindas no la tienen ganada de antemano. Y prueba de ello será Nuevo León, donde se puede repetir una derrota como la de hace siete años. Así que hay candidaturas que lo que pretenden es cobrar servicios prestados –Tatiana Clouthier, en este caso– para ver si de pura casualidad se alinean las estrellas y regiolandia se moreniza. Suerte.
El riesgo de la división. En entidades como Chihuahua (y algunos dicen que también en Baja California) la potencia de dos suspirantes hace temer que la operación cicatriz sea más retadora que la eventualidad de un triunfo en la elección de 2027. La senadora con licencia Andrea Chávez y el alcalde de Ciudad Juárez Cruz Pérez escenificarán parejera de alarido. Esa visibilidad puede redituarles en las urnas a condición de que, como en los tiempos del PRI, el o la que gane sepa que le toca compartir, ceder para que quien no obtenga el banderín no se vaya ni saboteé.
En conclusión, puede haber casi tantas clasificaciones como aspirantes. Y aunque haya un método común –encuesta– para seleccionar representante, Morena tiene 17 tableros, 17 acertijos antes que fórmula única. Valdrá la pena atestiguar cómo desentrañan cada enigma sobre quién es el o la mejor.