El gobernador Pablo Lemus hizo el viernes algo que no se le permite a ningún ciudadano. Utilizó una unidad de transporte público para hacer acrobacias. ¿Dando el mal ejemplo sobre cómo no cuidar el mobiliario público? Algo así, y robándose a sí mismo la nota del día, que era, ni más ni menos, la inauguración del patio a donde te mandarán a tomar un Uber o Didi cuando salgas del aeropuerto tapatío.
Este jueves inicia el Mundial. Hay juegos en la capital de la República y en la de Jalisco. La competencia futbolística fue la meta para obras de infraestructura en las tres sedes mexicanas. Hace tiempo no visito Monterrey, nada puedo decir personalmente al respecto. Estuve, en cambio, el fin de semana en Guadalajara y probé el que iba a ser un tren y acabó siendo un camión, y el mencionado patio de Uber y Didi.
Lemus prometió en campaña otro tren ligero, la quinta línea, rumbo al aeropuerto de Guadalajara. La semana pasada, y luego de meses de padecimientos viales para los jaliscienses y sus visitas, inauguró una obra hechiza, por decir lo menos.
¿Lo nuevo? Un tramo carretero ahora de concreto y carriles ampliados (adiós árboles), y un carril confinado en ese tramo de la carretera a Chapala. Y, también nueva, la terminal de la Línea 5 a un costado de la zona de llegadas del aeropuerto para tres rutas: al Agua Azul (la más céntrica); a la Expo Guadalajara, y otra hacia el poniente, con un ramal que conectará el estadio Chivas en días de juego.
La línea 5 no fue tren y tampoco es del todo un BRT. O al menos así lo es hoy, con nueve estaciones confinadas (las que corren por la carretera a Chapala). En algunos segmentos se trata de un camión más, con las incomodidades inherentes a la bárbara congestión vehicular que afecta a la zona metropolitana de Guadalajara.
Escapa a la comprensión no solo por qué el gobierno careció de la ambición y el empuje para haber hecho, como prometió, un tren ligero. O siquiera para conectar con estaciones de otros BRT, como ocurre con la que va del Agua Azul al aeropuerto, que no se articula transporte de esa zona. Inevitable pensar en ese tramo, el que dará servicio al centro de la ciudad, como un improvisado parche.
Una vez arriba de la unidad, desde el Agua Azul, en 40 minutos se hacen los 18 kilómetros que distan al aeropuerto. Nada mal. Las unidades están nuevas, tienen espacio para equipaje y solo toma el doble de tiempo que en auto. Un minuto a pie y entras a la terminal.
En el otro extremo del aeropuerto está el área donde tomas el camioncito al patio que usarás para pedir un auto de plataforma. Ese fue el que usó Lemus para su especie de pole dance. Tarda siete minutos en trasladarte, es gratuito y si tiene la frecuencia adecuada, podría ser funcional.
A un kilómetro del aeropuerto está ese patio. No tiene bancas, así que si tu Uber tarda, buena suerte. Es un patio confinado, amplio, con decenas de lugares de estacionamiento (nadie puede entrar si no el Uber). No se permiten Ubers o Didis con placas que no sean de Jalisco ni taxis convencionales (amarillos). A ver cómo reaccionan a esto los taxis de siempre, también impedidos de recoger pasaje en el aeropuerto.
El patio cuenta con baños, bien, pero con unos techitos de ridículo tamaño dadas las torrenciales lluvias en esta región. ¿Es mucho rollo, mejor doblas las manos y tomas un taxi y ya? Si acaso hay unidad, toma en cuenta esto: al mismo destino ayer un taxi del aeropuerto costaba 600 pesos, mientras que el Uber 279.
¿Solucionó Lemus la llegada al aeropuerto de GDL? Bueno, ahí está para lo que le alcanzó: él declaró que todo México le copiará este modelo de patio (el del Macrobús no tiene mucho que copiársele), pero será a partir de esta semana, con el Mundial, cuando sepamos.