La Feria

Bienvenidos a un Mundial entre narcos y anarcos

Desde el lunes la Ciudad de México es un campo de exhibición para consumo planetario de prácticas de anarquía con un gobierno sin política.

Después del inacabado espectáculo de ser un país acusado de tolerar a gobernadores narcos, llega la temporada de los anarcos. Desde el lunes la Ciudad de México es un campo de exhibición para consumo planetario de prácticas de anarquía con un gobierno sin política.

El ser famosos por la connivencia con el narcotráfico es una de las formas en que México acepta el fracaso de su clase política. Quienes en urnas disputan el poder en este país, luego se acomodan para no hacerle olas a quienes realmente mandan. Hasta que la simulación se vuelve inocultable, como en Sinaloa, o en Jalisco, o en Michoacán, o en Nayarit y ni qué decir en Tamaulipas, Colima, Guerrero y las Bajas.

La gente en Roma o en Santiago no precisa ver las series televisivas para entender de qué va verdaderamente la cosa en México: basta y sobra con que prenda las noticias, lea un portal o navegue por sus redes sociales.

Narcobloqueos, asesinatos de madres y hermanas buscadoras, masacres en bares y en fiestas patronales (“que ya no les digan masacres”, chintrola), influencers ejecutadas en vivo, esclavos en la Tarahumara o en ranchos, Masaryk toda una narcoavenida y alcaldes ultimados, como en Uruapan. Eso y más son, más que los ajolotes o el Tren Maya, nuestra verdadera carta de presentación.

Somos el país del horror de los 43 de Ayotzinapa, pero también la nación de la impunidad por ese crimen casi 12 años después. La República donde los narcos desplazan a pobres de Guerrero y el gobierno federal tiene para ofrecerles una bonita tarjeta del Bienestar.

Y a pesar de eso dicen que millones estaban planeando visitar México en ocasión del puñado de partidos del Mundial que habrá en la capital de la República, Guadalajara y Monterrey. Otros dicen que serán apenas 280 mil*. Como sea, gracias a tan temerarios turistas.

La realidad narca no espantó a esos que creen que la ley de probabilidades está de su lado, que al no ser jóvenes mexicanos pobres, su riesgo de acabar en el rancho Izaguirre o en una fosa de Celaya es marginal. Ojalá, de corazón.

Pero qué decir de lo que se ve en la capital desde que la CNTE decidió escalar sus protestas por el incumplimiento de inalcanzables promesas de campaña de la candidata Claudia Sheinbaum, es decir, qué tan disuasivos son destrozos, marchas y bloqueos de estos días.

Ya sabremos si los valientes turistas a quienes no espantaron las balas siguen decididos a venir, o nos cambian por Nueva Jersey dado el riesgo de acabar en la batahola de una masa que destroza lo mismo vidrieras de oficinas que monigotes conmemorativos del Mundial.

Lo que en cambio ya tenemos claro es que el gobierno de Sheinbaum renunció a hacer política. Que conste que nadie está pidiendo represión, pero los problemas y las demandas sociales son para atenderse, los reclamos para negociarse y los límites para imponerse.

El espectáculo de la anarquía es lamentable y pésima publicidad. Es muestra de carencia de habilidad del gabinete de Claudia y evidencia de falta de autoridad.

No hay que reprimir, hay que hacer valer los derechos de todas y todos, y privilegiar el bien común, que incluye hacer cosas para que la gente que piense en venir al Mundial de Norteamérica elija México sin riesgo a tropezar en los escombros del Metro o padecer una trifulca por la inoperancia de la jefa de Gobierno Clara Brugada, y los secretarios Mario Delgado y Rosa Icela Rodríguez.

Será un milagro que de seguir las cosas así, vengan turistas. No mande policías, presidenta, y tampoco poner vallas soluciona el problema. Mande negociadores con credibilidad en la oferta y en la consecuencia. Ni más, ni menos. Como le hacían los anteriores gobiernos con ustedes.

Y para los que no vamos de paso, pues como dijo Cristina Pacheco tantas veces, aquí nos tocó vivir, con gobiernos que renuncian a la política, que ni de chiste hacen valer derechos, que alimentaron clientelas y luego no saben meter al duende en la botella. Con esa anarquía lidiamos desde hace mucho, y en tiempos de Morena, pus más.

*Estudio de la consultora Deloitte.

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