La Feria

Pueblo en vilo

Ni las turbulencias financieras harán que López Obrador desista de intentar ‘fast track’ a la reforma que haría que jueces, magistrados y ministros sean electos por voto popular.

AMLO tiene prisa. Los resultados electorales dieron nuevo ímpetu a quien de suyo no necesita gran cosa para encenderse. El contundente triunfo de Morena el J2 es aprovechado por el presidente López Obrador para el cerrojazo de su gobierno. ¿Hasta dónde llegará?

La cosecha de votos de Claudia Sheinbaum para la Presidencia, y de las y los candidatos obradoristas al Congreso, provocó que Palacio reactivara las iniciativas del plan C. El mandatario no esperó ni a reunirse con su sucesora para anunciar que iban por el Poder Judicial.

Ni las turbulencias financieras harán que Andrés Manuel desista de intentar fast track a la reforma que haría que jueces, magistrados y ministros sean electos por voto popular; y que la iniciativa incorporará sugerencias o modificaciones tras un amplio debate, está por verse.

Como está por verse quién realmente se impone, si el actual Presidente o la virtual presidenta: el primero dijo ayer que la reforma ‘urge’ y la segunda declaró el lunes en Palacio Nacional que había acordado con el mandatario “una amplia consulta estos meses”.

“Urgencia” y “amplia consulta” no riman. O no convencionalmente, pues si se revisa cómo hacen las cosas en Morena ahí está el aeropuerto de Texcoco, cancelado con una consulta más que patito.

Quizás el Presidente está siendo más franco que la triunfadora de la elección del domingo 2 de junio. AMLO no oculta que le urge esa reforma, mientras que ayer Sheinbaum dijo algo un tanto desconcertante para alguien que invita a una gran discusión.

En una rueda de prensa al mediodía de ayer, la virtual presidenta electa recordó que en sus giras proselitistas el pueblo le corroboraba la mala fama del Judicial, y que tan cree eso que encargará una encuesta para que veamos cómo se habla de corrupción en ese poder.

Si se relee el mensaje del lunes de Sheinbaum queda claro que propuso una discusión, un diálogo y un proceso de divulgación –quiere que se conozca más sobre cómo está compuesto el Poder Judicial–, pero no habló absolutamente nada de negociar.

Y cuando ayer habla de una encuesta que evidencie lo mal que en términos generales son vistos los impartidores de justicia, tenemos que quien convoca a una “amplia discusión” pretende que ésta se dé a partir de sus datos. Antes que escuchar, quiere ya alinear apoyos.

El país entró ya, aun antes de que la Secretaría de Gobernación plantee algún formato, en una discusión bizantina donde hay que ser muy ingenuos, o muy poco experimentados en obradorismo, para no saber la conclusión: ganará la propuesta de AMLO y tan tan.

Lo realmente sorpresivo sería que el tabasqueño se resignara a que el nuevo Congreso le pase sólo una de la veintena de iniciativas contenidas en el plan C. Qué gana él no cancelando plurinominales, no extinguiendo el Inai, no rediseñando el INE...

Si uno lo escucha en las recientes mañaneras, el Presidente además de feliz está energetizado; como quien se sabe o se cree dueño de buena parte de los votos de la histórica jornada y pretende canjearlos por reformas que en estos tres años no pudo impulsar o imponer.

El lunes, en su conferencia en Palacio Nacional, Sheinbaum habló de que la judicial, y las otras cuatro iniciativas que ella le pidió al Presidente incluir, serían las “primeras” a tramitar en la nueva legislatura. Vendrán más.

¿Alguien duda que el Presidente querrá exprimir hasta el último minuto del sexenio para cambiar el sistema político? De aquí al 30 de septiembre prácticamente todo es posible; hasta entonces, México será un pueblo en vilo cada día.

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