La Feria

De LEA para Álvarez-Buylla ‘et al’

Ahí está Luis Echeverría Álvarez para recordarles que la ignominia dura y es dura, y que no sólo mancha a los presidentes, sino también a sus incondicionales.

A Denise Dresser, en solidaridad.

El destino del Centro de Investigación y Docencia Económicas está en manos de Andrés Manuel López Obrador. Pero si lo que se quiere es terminar de capturar ese instituto, cosa en la que lleva meses empeñada la administración, entonces la responsabilidad no recaerá sólo en el Presidente, sino en varios de sus colaboradores que deberían –en ocasión del centenario de vida de Luis Echeverría Álvarez que se conmemora hoy– recordar que la posteridad existe, y que ésta les ajustará cuentas.

De último minuto, el viernes se conjuró un intento más por derruir al CIDE. La movilización de miembros de esa comunidad parece haber logrado detener, así fuera de momento, la atrabancada reforma de estatutos que busca no sólo revestir de legalidad cuestionadas decisiones de María Elena Álvarez-Buylla, sino extinguir al interior de esa institución académica las decisiones colegiadas.

Para consumar esta pretendida reforma por parte de la directora del Conacyt, han de dar su anuencia la presidenta del Colegio de México, el director del Fondo de Cultura Económica y los titulares de las secretarías de Hacienda y de Economía, entre otras, en su calidad de integrantes de la Asamblea de Asociados del CIDE.

Dicho de otra manera, si Silvia Giorguli, Paco Ignacio Taibo II, Rogelio Ramírez de la O y Tatiana Clouthier, respectivamente, no secundan a Álvarez-Buylla en su golpe al CIDE, podrían esperar de la Historia, con mayúsculas, que en este pasaje del sexenio de AMLO su desempeño quede a salvo del lodo. De lo contrario, ahí está Echeverría para recordarles que la ignominia dura y es dura, y que no sólo mancha a los presidentes, sino también a sus incondicionales.

Para hacer un poco de memoria sobre los tiempos de LEA, recomiendo hoy Paseos por la calle de la amargura (editorial Debate, 2018), libro de Guillermo Sheridan donde, entre otras cosas, se expone la correspondencia que sostuvieron Octavio Paz y Carlos Fuentes, con particular énfasis en los hechos que van de la matanza del 2 de octubre de 1968 al golpe a Excélsior en 1976.

De ahí cito párrafos sobre las distintas visiones que tenían Paz y Fuentes sobre el echeverrismo. El autor de La muerte de Artemio Cruz escribió, incluso después del Halconazo: “Sigue aumentando la libertad de información (…) hay absoluta libertad para criticar y disentir: un pluralismo ideológico como nunca se había visto aquí. En resumen: un clima de libertad creciente dentro de un clima de creciente peligro”. Paz le responde que no comparte su entusiasmo. Eso en 1971.

En carta de agosto de 1973, Paz comenta el ambiente general: “No sé a dónde vamos, pero sí que el rencor disgrega todo y que los que no tienen rabia tienen miedo. La antigua nación del águila y la serpiente se ha convertido en un país habitado por dos razas: los perros rabiosos y los perros falderos. En la universidad y en el mundo de la cultura de la izquierda ha logrado imponer una suerte de terror ideológico y nadie se atreve a disentir por temor a que lo llamen reaccionario o liberal. Este último es el adjetivo que más espanta”.

Fuentes, en cambio, veía que es en “el interior olvidado del país, en tu ‘other Mexico’, donde la obra de Echeverría ha dado sus grandes frutos, los mejores desde Cárdenas” y subraya: “Muy, muy impresionante, Octavio, de verdad, una honda transformación del país está en marcha. Y claro, los grandes capitalistas repelan y conspiran y murmuran porque por primera vez en un cuarto de siglo el gobierno no hace una política prioritariamente dedicada a servirlos y a enriquecerlos y porque el propio presidente no se presta a negocios personales con la iniciativa privada. (…) Y hay libertad total de expresión, Octavio, para quien sepa hacer uso de ella”.

En carta de junio de 1976, Paz le plantea: “Critico no tanto la insuficiencia de la reforma política de Echeverría como la forma en que él y sus amigos han ‘ideologizado’ al Estado y al país. Así han preparado –voluntaria o involuntariamente: es lo mismo– la aparición de un nuevo autoritarismo, o la fortificación del que nos rige desde 1930″.

Un mes después, y ocurrido ya el golpe a Excélsior, que incluía la revista Plural de Paz, Fuentes publica en El Sol de México: “Una vez más los enemigos, abundantes y poderosos, de Echeverría, han aprovechado una situación particular –la crisis interna de Excélsior– para sumarse en un esfuerzo final, oportuno por tardío, de desacreditar una política que les daña”.

Ecos del fatídico sexenio de quien hoy llega al centenario. Y recordatorio para Álvarez-Buylla, Taibo II, Ramírez de la O, Clouthier, Giorguli et al de que lo que hagan en el CIDE, los marcará.

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