La Feria

El dilema de Claudia con la oposición

Debe dejar de cometer errores que la meten en problemas con algunos sectores que todavía están dispuestos a creer que ella y AMLO no son una misma cosa.

Claudia Sheinbaum quiere ser presidenta de la República. Si no lo quisiera, ya habría hecho lo necesario para decir claramente que ésa no es su aspiración, que ni de chiripa quiere ser corcholata.

Su camino hacia la presidencia requiere, antes que nada, que a López Obrador le vaya medianamente bien. Que al Presidente los ciudadanos lo evalúen al menos como hasta ahora. Que la fórmula de este sexenio siga más o menos como vamos: un gobierno con grandes fallas pero sin demasiados costos para los gobernantes.

En ese sentido, Claudia hará todo lo que esté a su alcance para ayudar al tabasqueño.

En segundo lugar, las posibilidades de la jefa de Gobierno radican en que a la ciudad no le vaya peor de como ya le ha ido este trienio. Que de aquí en adelante todo sea más o menos para arriba.

Se antoja difícil que la economía vuelva a dar un recargón tan fuerte como el que hemos pagado los capitalinos. Uno supone que ya revisaron todo el Metro y que nada parecido a lo de la Línea 12 ocurrirá nunca más. Y, tocamos madera, también suena a que la pandemia por fin podría estar en retirada.

Si nada parecido a lo apretadamente narrado en el anterior párrafo ocurre en los siguientes dos años, el panorama de la CDMX puede lucir por un lado más próspero, y por el otro menos amenazante en salud y seguridad para sus habitantes.

Claro que Sheinbaum tiene que hacer que los empresarios le crean y las inversiones, con el empleo consiguiente, sí regresen a la capital; que la seguridad mejore, y que servicios como el Metro –que acusa los desperfectos provocados por el incendio de su centro de control– se recuperen plenamente en pocos meses.

Si todo eso ocurriera, creo que a la jefa de Gobierno le seguirían haciendo falta cosas a fin de pavimentar su camino a la candidatura.

Debe dejar de cometer errores que la meten en problemas con algunos sectores que todavía están dispuestos a creer que ella y AMLO no son una misma cosa.

Enumero en esa línea dos temas. El más importante: tiene que crear y mantener un diálogo y una agenda con distintos colectivos de mujeres.

Las recientes determinaciones de la Suprema Corte de Justicia son una victoria de muchas mujeres a favor de muchas más. Entre las que lograron la despenalización del aborto hay liderazgos que estos años han mirado con desconcierto cómo Claudia se anula frente a López Obrador. Así como en el tema de las vacunas supo desmarcarse sin romper, ha llegado el momento de ver a Sheinbaum en el lado correcto de la historia en términos de género. Por ello no se entiende el error de encargar, por dedazo, un monumento de una mujer a un hombre.

El segundo tema es qué tipo de discurso le va a proponer a las y los capitalinos con respecto a la oposición.

López Obrador está convencido de que la polarización es la llave para sacar a votar a los suyos. ¿Lo que AMLO cree que funciona a nivel nacional servirá también a nivel local?

Por lo pronto las y los alcaldes de la alianza PRI-PAN-PRD parecen estar listos para convertirse en el opositor a modo, en términos de precampaña presidencial, que Claudia necesitaba para polarizar la capital.

Para posicionar su proyecto y discurso, esas alcaldesas y alcaldes supondrían oportunos sparrings. Pero también un gran riesgo. Claudia podría hacer crecer a quien ella creía que iba a utilizar para ganar visibilidad.

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