La salud es un tesoro que nos permite vivir plenamente; las enfermedades, el dolor y la incapacidad son formas de vida precarias. Claudia Sheinbaum pregona el humanismo, pero han destruido el sistema de salud de los mexicanos. Primero desaparecieron el programa Seguro Popular y después acabaron con el sistema de abasto de medicamentos bajo el pretexto de que era caro y corrupto. Nunca se actuó contra nadie, se encarecieron las compras, la distribución fue deficiente y los insumos se agotaron poco a poco. Ni el IMSS ni el ISSSTE pudieron hacer frente a la demanda de los derechohabientes, y mucho menos a la población abierta.
Luego se creó la megafarmacia, que obviamente no sirvió para nada, salvo para el discurso populista de AMLO, y hoy ya se desmonta semejante proyecto absurdo. Durante la pandemia, médicos y enfermeras vieron morir a cientos de mexicanos y gran parte del personal médico también falleció; la estampita no sirvió de nada y fuimos el hazmerreír del mundo. El Dr. Muerte, premiado y enviado a la OMS, ¿cómo tendrá la conciencia? Aquí no puede dar la cara.
Se regresó a las compras consolidadas y los medicamentos se echaron a perder por falta de refrigeración y caducidad. Después vino el negocio de los sobreprecios: desde el hijo de Bartlett vendiendo ventiladores hasta los amigos de Andy y de Gonzalo surtiendo fármacos a precio alzado. Pero como no hay denuncias, no hay delito ni culpables. Y así con todo tipo de tropelías, pues las denuncias se archivan y no se investiga. A pesar de ello, muchos han alzado la voz.
Para colmo, se desprecia al personal médico y su labor. Ellos ven morir a sus pacientes no porque deban fallecer, sino por la falta de atención adecuada y suministros. En respuesta, se les otorga un incremento salarial de apenas el 2.9%, menor al de los maestros de la CNTE y otros gremios. ¿Cuál humanismo? Es una burla. Al final, médicos, enfermeras y personal técnico se rebelaron y tomaron las calles con el apoyo total de la ciudadanía, generando una gran indignación nacional porque este movimiento nos involucra a todos.
¿Cómo hemos sobrevivido? Con dos opciones privadas: Salud Digna, que ayuda con tratamientos, estudios y diagnósticos, y los dispensarios médicos de las farmacias, que atienden desde simples infecciones hasta casos más graves canalizados a hospitales privados.
Nos quitaron el Sistema Nacional de Salud y tratan de reconstruirlo con un Sistema Universal de Salud que utiliza la misma infraestructura precaria, mientras nos toman el pelo con el programa “Salud casa por casa”. Se expide una credencial para acceder a instalaciones del IMSS, ISSSTE y hospitales federales que mantienen las mismas carencias. Sube el volumen de la demanda, pero no se dota de lo necesario para operar adecuadamente. Es una burla.
A quienes tienen recursos, las aseguradoras les venden seguros de gastos médicos mayores, los cuales el gobierno decidió encarecer mediante medidas fiscales que repercuten en los usuarios. En México, la salud es un lujo que no cualquiera puede pagar, ni siquiera con los apoyos sociales; por eso aumentan las muertes evitables y los padecimientos catastróficos sin atención que conducen a un final seguro y doloroso.
México prosperó con dos grandes pilares: el sistema de salud y seguridad social, y el educativo. Hoy ambos están inmersos en un desastre que el gobierno no quiere reconocer, pero que todos vivimos. ¿Hasta cuándo?