Rosario Guerra

No es para siempre

Se promueve la falta de inversión y de empleo, se limitan libertades y se acotan derechos. Todo ello implica fuertes retrocesos en salud y educación —como lo demuestra la prueba PISA— y nos lleva hacia realidades difíciles de imaginar en el pasado reciente.

Ante el cúmulo de retrocesos que hoy enfrentamos para limitar la democracia y destruir instituciones, la sociedad se pregunta cómo frenar este proceso que confronta, divide y amenaza nuestra convivencia y desarrollo.

Se promueve la falta de inversión y de empleo, se limitan libertades y se acotan derechos. Todo ello implica fuertes retrocesos en salud y educación —como lo demuestra la prueba PISA— y nos lleva hacia realidades difíciles de imaginar en el pasado reciente. Los muertos y los desaparecidos ya no son velados; no hay duelo y se ha iniciado un proceso de normalización que yo no puedo aceptar.

Tras años de construcción de acuerdos desde la diversidad, hoy ni siquiera hay diálogo. No se hace política; se descalifica con ofensas y postverdad, y se eleva la impunidad para delinquir desde el espacio público.

Dice la 4T que el tráfico de drogas siempre ha existido, lo cual es cierto, pero nunca había progresado como en los últimos ocho años. Todo México es territorio narco y, desde luego, esto implica complicidades. Lo más grave es que se crean cárteles delincuenciales desde el propio gobierno. Ejemplo claro es La Barredora en Tabasco, conformada durante el gobierno de Adán Augusto López. Otro es el huachicol fiscal, del que se acusa a los hermanos Farías, pero que ha dejado un rastro de cadáveres de denunciantes.

Esta operación requiere de muchas complicidades en la Marina, las aduanas, los puertos, los ferrocarriles, la distribución y el lavado de dinero; todo apunta a servidores públicos con la capacidad de hacerlo.

Por eso, como lo dijo Fernando Belauzarán (SOMOS) ante el Instituto Electoral de la Ciudad de México (IECM): que hablen las urnas, pero sin trampas. Aseguró que padecemos una terrible regresión autoritaria que ha dañado la calidad de los comicios y revertido avances históricos. Estamos ante la evidente inequidad y la obscena intervención gubernamental. Agregó que las conquistas no son para siempre y que un error es darlas por sentadas, como hoy ocurre. La lucha por el voto libre ha recobrado su vigencia para que las causas sean atendidas.

En la CDMX se escamoteó la representación de la oposición y no hay contrapesos; priva el despotismo y la ausencia de rendición de cuentas. En 2024, el bloque oficial obtuvo el 50.5% y los opositores el 49.5%. La diferencia del 1% se transformó, con el voto de un diputado, en un 30% de diferencia en escaños: 65% contra 35%.

Se ignora a la mitad de los capitalinos. Los diputados de mayoría cambiaron de fracción para darle la vuelta al tope de subrepresentación y lograr más plurinominales. El fraude debe evitarse con la militancia efectiva; que la filiación defina el reparto. En materia de representación, las autoridades electorales han borrado la transición a la democracia que las creó.

Añadió que fue un acto golpista que dio pie a cambiar la Constitución de forma unilateral para concentrar el poder y mantenerse en él. El voto es el remedio, el último reducto de la democracia.

El acordeón en mano para votar por el Poder Judicial atenta contra el voto secreto. Hoy, las boletas planchadas pueden ser computadas y los Servidores de la Nación operarán en las casillas. Se adelantaron las campañas defraudando la norma; sin embargo, este delito electoral no se castiga.

Lo cierto es que el voto libre y secreto es nuestra única arma. Ya los morenistas tomaron el Poder Legislativo y el Poder Judicial; el Ejecutivo se deshizo de los controles y contrapesos de los órganos autónomos, mientras que los órganos electorales y los tribunales electorales también fueron sometidos. Después, crearon la “injerencia extranjera” como causal para anular elecciones sin definir qué es, lo cual deja a los tribunales con total libertad de interpretación.

El último golpe viene con los lineamientos que limitan la libertad de expresión, impiden la crítica y el humor en medios de comunicación e imponen multas y supuestos defensores de las audiencias que deciden qué podemos o no conocer o escuchar.

Por eso el voto está cercado. Los morenistas saben que ya perdieron el 50% en la CDMX y en varias entidades, por lo que preparan el asalto al poder con sus aliados, quienes también buscan cierta independencia en entidades como San Luis Potosí y Quintana Roo, lo cual afecta sus porcentajes.

Hoy, votar es el único camino para liberarnos de un gobierno ineficiente, criminal y controlador. Muchos se abstienen de votar porque ningún partido les atrae. Es cierto: todos tienen sus limitaciones. Pero ponernos nosotros mismos el yugo del autoritarismo por no ejercer nuestro derecho es abonar a la 4T.

Así pues, votar o no votar tiene consecuencias. Estas no son perder los apoyos sociales ya reconocidos en la ley; es perder nuestro futuro, nuestros derechos y nuestras libertades, así como la capacidad de tener una economía que logre crear los nuevos empleos que los jóvenes hoy no vislumbran.

Perder es, quizá, dejar al país sin rumbo, inmerso en el saqueo y la impunidad, en el despotismo y la ineficiencia. Es acabar con la posibilidad real de ser uno de los países más importantes del mundo.

Así como retrocedimos, hoy es posible recuperarnos. Nada es para siempre. No renunciemos a retomar la República y a reestructurar el Estado de derecho con igualdad y combate a la pobreza que, pese a las cifras oficiales, sigue siendo un lastre para la nación.

Empezó ya el proceso electoral. No seas indiferente: actúa en tu propio beneficio, ejerce tu voto y convence a todos de tomar ese camino, el último que nos queda para salir adelante.

Recuperemos en 2027 la mayoría en el Congreso y legislemos en materia de gobiernos de coalición con perfiles profesionales, con compromiso con la nación, con capacidad para unir la diversidad y encontrar las mejores soluciones a nuestros problemas.

Hoy tienes nuevas alternativas, como el partido SOMOS, al que le recortaron el nombre y el logo, pero no pueden borrar su origen con la marea rosa. No está todo perdido. Podemos lograr el cambio que necesitamos y merecemos; vamos a la convivencia de lo plural con las mejores propuestas.

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