Rosario Guerra

Quiebres

Aunque Claudia Sheinbaum posee un poder considerable, las estructuras funcionan con impulso propio.

Cuando el PRI dominaba la escena política, algunos analistas señalaban que la derrota de ese partido tendría que surgir de su propia militancia. Y así sucedió. La salida de Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez fue el principio del cambio en ese partido y en el sistema político mexicano.

El desprendimiento de la entonces llamada corriente crítica abrió paso a nuevas asambleas del PRI, más abiertas a la militancia. Se empezaron a impulsar demandas de cambio para avanzar en la democracia, pese a resistencias internas. Los resultados de la elección de 1988 y la polarización que se registró tuvieron una salida hacia adelante con procesos electorales que se profundizaron en las siguientes décadas; así se dio la alternancia en los gobiernos estatales y, posteriormente, en el federal.

El PAN llegó al poder, pero la estrategia de Fox —al no incorporar a panistas de tradición en su gabinete y pretender imponer su investidura al partido— generó quiebres que derivaron en la candidatura de Felipe Calderón, quien no era la carta que el presidente quería jugar. Pese a todo, se reunificó buena parte del panismo, y las campañas contra AMLO, presentado como una amenaza para el país, hicieron que la elección de 2006 fuera muy competida.

El PRI cayó y la contienda se redujo a dos fuerzas. El triunfo de Calderón por menos de un punto porcentual fue cuestionado. AMLO había cometido varios errores en su campaña y, aun cuando las encuestas registraban un posible triunfo, el voto de los priistas y de un sector de la sociedad se inclinó hacia Calderón, mientras otra parte lo hizo por AMLO.

Nunca se aportaron pruebas del fraude que alegaban el PRD y AMLO. Sin embargo, mediáticamente se produjo un quiebre que radicalizó a AMLO y dio paso a una nueva estrategia de Calderón en la conducción del país. También hubo fracturas en el PRD e inició la construcción de Morena como movimiento y, después, como partido.

El fracaso de Enrique Peña para combatir la desigualdad y su tolerancia a la corrupción abonaron a un nuevo rumbo, en el que AMLO se perfilaba como triunfador desde la campaña. Así ocurrió, y el presidente Peña prácticamente dejó el espacio al ganador de la contienda. Si hubo pactos y de qué tipo, no lo sabemos. Morena llegó al poder y planteó la cuarta transformación de México. La clave del éxito de AMLO fue un discurso populista acompañado de apoyos a clases vulnerables. Los errores no se vislumbraron en su momento; la cohesión en torno al presidente era total dentro de Morena y sus aliados.

La sucesión presidencial creó conflictos entre las entonces llamadas “corcholatas” y, finalmente, el presidente impulsó a Claudia Sheinbaum. La campaña fue arrolladora, con recursos y movilizaciones en abundancia, pese a la alianza opositora del PAN y el PRI, encabezada por Xóchitl Gálvez. En esa campaña, la candidata opositora no logró articular partidos, ciudadanía y proyecto.

Hoy, tras apenas un año de Sheinbaum en el cargo, los quiebres en Morena y de este con sus aliados son evidentes. El llamado “huachicol fiscal”, que involucró financiamiento al partido y a sus candidatos, estalló y generó los primeros distanciamientos entre la Presidente y Mario Delgado. Aunque sin hacerse presente, AMLO seguía influyendo en la 4T, y Adán Augusto López cuestionó a la Presidente y no aprobó los cambios que ella propuso para evitar sucesiones electorales entre parientes, aplazándolos hasta 2030.

La cooptación del INE y del Tribunal Electoral hizo posibles mayorías sobrerrepresentadas de Morena y sus aliados. Negociaciones en el Senado atrajeron a los legisladores necesarios para alcanzar las dos terceras partes del quórum y realizar cambios constitucionales. Claudia Sheinbaum tenía el control del Poder Legislativo. Posteriormente, avanzó la reforma al Poder Judicial y, pese a una elección desangelada y compleja —que no otorgaba el mismo peso al voto ciudadano ni incorporaba medios suficientes de defensa para los contendientes—, esta se concretó.

Las protestas, los argumentos y las advertencias sobre la falta de certeza jurídica que podría dañar al país no fueron considerados en este proceso de desmantelamiento del Poder Judicial. Hoy ya se observan los primeros resultados: la incompetencia de jueces, magistrados y ministros. El pleno de la SCJN se ha convertido en un espectáculo.

Si es cierta o no la anécdota de que Andy respondió a la Presidente que solo rendía cuentas a su padre, no lo sabemos, pero tampoco la desmintió. Ahí se advierte otro quiebre entre los hijos del expresidente y el actual gobierno. Antes ya se había señalado que dirigentes de Morena prestaban más atención a Andy que a ella e, involuntariamente, le dieron la espalda en un acto público.

Tras los escándalos por viajes, ropa de marca y relojes de lujo de diversos morenistas —entre ellos la llamada “dato protegido” y Fernández Noroña—, Sheinbaum llamó a la austeridad y reprendió la ambición personal de algunos militantes; sin embargo, muchos no atendieron el mensaje.

Las denuncias contra gobernadores aliados con el narcotráfico no han sido tomadas como materia de investigación por la Presidente. No obstante, el descubrimiento de “La Barredora” en Tabasco marcó un punto álgido de cuestionamientos a Morena. No solo se trataba de alianzas o protección al crimen organizado, sino de la presunta conformación de un grupo delictivo desde el propio gobierno de Adán Augusto López.

Aunque Sheinbaum trató de esquivar el golpe, la negativa del PVEM a negociar en el Senado con Adán Augusto fue la gota que derramó el vaso. Finalmente, López abandonó el liderazgo de su grupo, aunque permanece como senador y conserva el fuero.

El conflicto en Medio Oriente también ha sido un punto de quiebre entre diputados de Morena: algunos apoyan a los palestinos y otros respaldan a los israelíes. El gabinete presidencial no necesariamente responde de manera homogénea a la Presidente. Ella anuncia programas que, en ocasiones, quedan solo en el discurso y no se traducen en políticas operativas.

Aunque Claudia Sheinbaum posee un poder considerable, las estructuras funcionan con impulso propio. La resolución de conflictos internos pasa por negociaciones más que por el ejercicio directo del liderazgo presidencial. En Campeche, la gobernadora Sansores no logra cohesionar a los diputados; por el contrario, los confronta. En Oaxaca, la revocación de mandato estuvo a punto de fracturar el gobierno de Jara. En Veracruz, los conflictos también están a la orden del día.

El caso de Marx Arriaga provocó un escándalo, pues la población se cuestiona si Sheinbaum podrá combatir al narcotráfico si ni siquiera logra resolver la remoción de un director general de la SEP. La nueva escuela mexicana no es vista por muchos como un proyecto pedagógico sólido; los cambios a los libros de texto han sido ampliamente cuestionados, y Arriaga se negó a atender sugerencias para adecuarlos. La oferta para incorporarlo al servicio exterior sorprendió a la opinión pública. La Presidente tuvo que pronunciarse públicamente a su favor y reconocer su cuestionada reforma educativa.

La reforma electoral abre un nuevo frente entre Morena y sus aliados. Estos no aceptan la disminución de plurinominales ni el recorte al presupuesto de los partidos. Tanto el PVEM como el PT no se han sumado a un proyecto que aún no se conoce en su totalidad. Los cambios orientados a mantener el poder no necesariamente son definitivos. La elección de 2027 será una prueba para Morena. Pese a las encuestas, persisten dudas sobre la orientación del voto.

Así las cosas, parece preferible blindar el sistema electoral que dejar abiertas opciones para perder mayorías en el Congreso. El proyecto no es coyuntural; responde a una estrategia de largo plazo para mantener a Morena en el poder. No basta con controlar los tres poderes de la Unión: se busca evitar que la oposición, de cualquier signo, rompa ese monopolio. Habrá reforma, aunque aún no se conozca con claridad el resultado de la negociación; lo cierto es que el tema electoral se aborda como una dimensión estratégica para Morena. Sin duda, habrá acuerdos.

Para ser su primer año de gobierno, Sheinbaum ha enfrentado numerosos retos. La presión de Estados Unidos es otro frente que atender. No se ha logrado manejar la relación bilateral sin tensiones. No es un asunto menor: las amenazas de Trump respecto a romper la alianza política que, según él, protege a los cárteles no cesan. Si bien el tema migratorio se ha gestionado con relativa eficacia, el fentanilo representa una grave amenaza a la salud pública y ha causado más muertes que varias guerras en las que ha participado nuestro vecino. Las elecciones de noviembre constituyen un desafío para mantener la mayoría republicana en el Congreso, por lo que no se descartan acciones por parte de Estados Unidos, aun cuando puedan generar un efecto contrario al buscado.

Sin duda, Claudia Sheinbaum enfrenta múltiples frentes abiertos, cuya resolución es difícil de prever. Ha logrado sortear varios conflictos, pero surge uno tras otro, y los grupos de Morena no muestran la disciplina que tuvo el PRI como partido hegemónico. Son otras reglas, y cada grupo parece más interesado en resolver sus propias demandas que en cerrar filas y sostener un proyecto común.

Los quiebres registrados son numerosos, pero no se han producido rompimientos definitivos; la negociación ha sido la vía para evitarlos. Por eso vemos a una Presidente con amplias facultades de gobierno que, sin embargo, debe atender conflictos internos y resolver la relación con los socios comerciales, además de gestionar la disputa por el poder. Los resultados se verán en el corto plazo.

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