Ayer finalizó del proceso de Morena para elegir a quien encabece la defensa de la 4T y asuma la candidatura presidencial. Fue un corcholatazo, una simulación y una confrontación, con golpes y policía para impedir el paso del equipo de Marcelo. AMLO adelantó el proceso, sin respeto a tiempos electorales. Iba solo, sin aparente oposición, pese a las marchas. Marcelo se le adelantó con su renuncia para hacer promoción y esto cambió el esquema previsto por AMLO para dejar correr a sus corcholatas, sin cargo público. El partido supuestamente destinó 5 millones por candidato para la promoción, pero los gastos fueron estratosféricos, con pintas, mantas, espectaculares, mítines, eventos, en fin, obscenos.
Las protestas de Marcelo siempre se ignoraron. Como dijo, la contienda era entre él y Claudia. Un segundo lugar le aseguraba la coordinación de su grupo parlamentario en el Senado; así que en principio ya estaba considerado en un espacio, cómodo y sin dependencia directa del Ejecutivo. Pero esta oferta quizá no le es atractiva. Sin embargo, Marcelo, es sin duda, más competitivo que Claudia como posible candidato presidencial. Pero ya AMLO había hecho apuesta por su favorita, a la que cuidó, apoyó, financió, protegió de debates, y volcó a las estructuras de Sedesol, de Morena y otros aliados a su favor. Claudia resultó peor candidata que jefa de Gobierno, irritable, mal encarada, enojada, soberbia. Así que la competencia electoral, en principio, favorece a Xóchitl, fresca, entusiasta, sonriente, clara, popular.
La próxima presidencia la ocupará una mujer, pero no son lo mismo. Xóchitl es auténtica, narra su vida, sus carencias, sus esfuerzos, sin problema. Es feminista y defensora de causas muy sentidas, desaparecidos, indígenas, grupos minoritarios. Es empresaria exitosa. Claudia, hasta a la Virgen de Guadalupe usa para hacer campaña, sin ser católica. Y su mérito es el apoyo de AMLO. Su campaña se basará en el reparto de dinero y las amenazas desde la Presidencia. No es feminista, nos atacaba cada 8 de marzo en las marchas. Su responsabilidad en los accidentes y el mal funcionamiento del Metro la perseguirán porque los muertos no se olvidan. Tampoco los del Colegio Rébsamen.
Marcelo declaró a las 14:00 horas de ayer que ante las irregularidades detectadas, casi el 14 por ciento, se repitiese el ejercicio. Ante este planteamiento ya no dejaron que su representante, la senadora Malú Micher, estuviese presente en el cómputo, mediante fuerza policiaca que la golpeó. Una respuesta que nadie esperaba. Así pues, fue marginado. No tuvo el respeto de su partido, aún sin conocer resultados. Muchos no ven con simpatía a Marcelo, quien ha sido el bombero de AMLO porque no es radical. Y en Morena ha triunfado el ala más intransigente. La política para ellos es el ejercicio del poder autoritario. Así pasó con el NAIM, la salud pública, los libros de texto, la reforma energética, la reforma electoral, los fideicomisos, niños enfermos de cáncer, de sida, el maíz transgénico y el pleito con nuestros socios comerciales. No hay una razón, es solo “porque lo digo yo”.
Claudia también tiene una vena muy autoritaria, aunque ante la pérdida de alcaldías y del Congreso local trató de llegar a acuerdos, considerando solo su punto de vista. Por tanto, no progresó. Funcionó con algunos diputados, pero a los alcaldes de oposición ya ni los recibió. Les recortó recursos para castigar a quienes no votamos por ella. Es pues confrontadora, no conciliadora. Una pésima jefa de Gobierno que no mejoró la vida de CDMX, salvo sus góndolas de transporte, nada más se sabe de ella. Diario hay que circular entre baches, la movilidad no mejoró, tampoco la salud, ni la educación, la ciencia o la cultura. Quiere apoderarse de la Rectoría de la UNAM y tiene su candidata, sigue operando con porros que interrumpen clases y hacen tomas de instalaciones. Desequilibrar, su táctica.
Es muy poco sólida y altamente ideológica. La máxima de 10 por ciento de eficiencia y 90 por ciento de lealtad la aplica también, por eso es la ganadora. Tuvo apoyo de gobernadores/as y presidencias municipales. Recibirá el bastón de mando y con ello quedará como la abanderada de Morena. AMLO se va el 30 de septiembre y junto con el bastón debe abandonar su pretensión de competir con Xóchitl. Ese papel le corresponderá a Claudia, con todas sus limitaciones.
La contienda no será pareja. Claudia contará con todo el poder del Estado respaldándola: programas sociales, fuerza pública, Guardia Nacional y Fuerzas Armadas. Xóchitl tendrá el apoyo de tres partidos y sectores de la sociedad hartos de un mal gobierno que ha destruido instituciones. Falta camino por andar. Pronto veremos si la ciudadanía es la fuerza que se exprese en las urnas.
¿Qué hará Marcelo? No descartó dejar Morena, tampoco quedarse. Señaló que su grupo, el lunes, en asamblea, tomará decisiones. No creo que opte por ser el candidato presidencial de Dante. Hay tiempo para lograr algún acuerdo con AMLO, quien aseguraba que todo iba muy bien y que él no intervenía. Romper puede ser caro tanto para Ebrard como para Morena. El manejo de Mario Delgado y de Durazo fue pésimo. La conducción no pudo responder a cuestionamientos.
El argumento de que los resultados son definitivos porque los precandidatos firmaron acuerdos, es muy poco objetivo. Si las reglas de los acuerdos no se cumplen, claro que hay cuestionamientos que deben ser atendidos, pero la operación política de conducción, de no confrontación, de unidad brilló por su ausencia.
No es de extrañar, ya que los responsables están más preocupados por quedar bien con el tlatoani, que decidirá su futuro, que por llevar adelante un proceso que se apegue a las reglas pactadas. Si se enoja Marcelo, es su problema. Pero si se enoja AMLO entonces todos están en problemas. Así que es mejor el ridículo que un riesgo. El discurso descalificador sin vergüenza de su propia ineficacia, su corrupción, su impunidad, su protagonismo, su falta de compromiso con México, es ridículo.
Ante la tormenta en casa solo se les ocurre descalificar al Frente Amplio por México por no hacer elecciones, en riesgo por los propios gobiernos morenistas. Así pues, el corcholatazo sí tuvo una novedad, que Marcelo no se dobló. Lo de Claudia era algo muy cantado, todos sabían que debían apoyarla.