Rosario Guerra

Democracia en riesgo

López Obrador teme perder el poder, y pese a que no ha aportado nada al país, y no puede hablar de logros de gobierno, anuncia más apoyos sociales para fortalecer el clientelismo.

Marchar no es competencia como lo pretende AMLO. La del 13 de noviembre sorprendió por la cantidad de personas que en CDMX, en el interior del país y en el extranjero repudiaron la reforma electoral propuesta para acabar con las instituciones electorales y adueñarse del proceso electoral. Fue un rotundo NO al autoritarismo. Permitió además recomponer la alianza Va por México y acabó por darle la puntilla al proyecto constitucional, ya cuestionado por PT y PVEM.

La marcha de AMLO tiene diversas connotaciones. Una marcha desde el poder para aplaudirse a sí mismo resulta algo inédito. Quizá la intención sea amedrentar a la oposición; advertir desde ahora que él seguirá en campaña y, como siempre, no admitirá una derrota; amenazar con su radicalización para advertir que puede haber violencia si lo desafían, pues cuenta con una base electoral combativa.

Sea como fuere, lo cierto es que solo se denota miedo. AMLO teme perder el poder, y pese a que no ha aportado nada al país, y no puede hablar de logros de gobierno, anuncia más apoyos sociales para fortalecer el clientelismo. A falta de contenido de la 4T, ahora la define como humanismo mexicano. Suena hueco, sin medicinas, sin salud, con mal manejo epidemiológico, con violencia, con miles de muertos, cerca de 130 mil, más de 32 mil desaparecidos, más de 10 feminicidios diarios, 63 periodistas asesinados.

Con más de 4.5 millones de pobres, con pérdidas millonarias por uso de recursos públicos a obras inútiles, con pago de deuda con el TUA por cancelar NAIM Texcoco, con mayor deuda pública y con inflación. Con una polarización social útil a su autoritarismo. No gobierna para todos, se enriquecen sus camarillas. Los mexicanos sufren. ¿Cuál humanismo?

Hoy lo que está en riesgo es la democracia porque los pésimos resultados los padecemos todos. Él lo sabe, y pese a su popularidad, entiende el descontento, la desconfianza y el riesgo real de que si se conforma un bloque opositor respaldado por la ciudadanía, se le escapa el poder, su riqueza y hasta puede ser juzgado por delitos. Por eso no va a ceder nada. Su propia persona y su familia en peligro. Si bien su reforma electoral expresa su deseo de conducir el proceso electoral, lo que es inaceptable, y lo cuestionan sus propios aliados condenados a muerte, lo cierto es que tras el rechazo a su proyecto, tendrá el discurso perfecto para modificar a su arbitrio las leyes electorales, con su mayoría.

La marcha del 13 tiene el mérito de haber reunificado a la oposición que estaba alejada. Se frenó la tentación de una reforma constitucional parchada. No salió al pleno la discusión porque aún Morena no convence al PT y al PVEM de las reformas legales. Y sin ellos no tiene mayoría. La alianza Va por México se la quitó en 2021 y la rehízo con aliados, pero éstos salen caros y son rejegos. No van a votar iniciativas que los pongan en riesgo de desaparecer o les retiren el financiamiento público, por mencionar solo dos aspectos. Quieren más poder, no retirarse del escenario. Y ahí hay una traba, que se superará con canonjías.

Luego vendrán las iniciativas de reformas legales, en fast track, en la Cámara de Diputados, la oposición solo puede intentar alargar la discusión. En el Senado pueden pasar o no las propuestas; está en veremos pues el todavía coordinador de los senadores de Morena, Ricardo Monreal, ha reiterado que no se aprobarán leyes inconstitucionales. Como sea, lo que se apruebe, como será contrario al INE y al TEPJF, a los que ya los ahorcan presupuestalmente y quieren disminuir sus facultades, será impugnado ante el propio TEPJF y la SCJN. Puede haber controversia de tesis.

La vía jurisdiccional llevará su tiempo, pero en abril de 2023 deberán elegirse nuevos consejeros del INE y a su presidente, esa será otra gran batalla. Depende de si se modifica el proceso en la ley. Son cuatro reemplazos, hasta el momento, deben ser propuestos por la CNDH (seguro dos obradoristas), por el INAI (dos posibles independientes) y tres por la Cámara (quizá por Morena, PAN y PRI), que conforman un Comité Técnico que integra cinco propuestas para cada cargo, a ser electos por la mayoría calificada de la Cámara de Diputados. Si Morena propone perfiles radicales, como últimamente lo hace AMLO, será muy difícil lograr acuerdos. Si no se logran, se puede insacular a los propuestos (que Dios nos bendiga), en la Cámara o en la SCJN. Ahí se definirá el destino y la vigencia del INE como árbitro en 2024.

Además de resolver estas complejas situaciones, aún está por consolidarse un bloque opositor con un candidato único a la Presidencia, y para tal efecto deberá definirse un método en el cual participen los ciudadanos, de lo contrario un candidato cupular no tendrá la misma fuerza. Un camino es impulsar gobierno de coalición, a reglamentarse por el nuevo Congreso, con mayorías parlamentarias de coalición, para cambiar el presidencialismo de un solo hombre. Los equilibrios y el debate se harían en el gabinete y en el Congreso, de ahí saldrían las propuestas para órganos autónomos y ministros de la SCJN. Se requiere además de un programa de gobierno realista que contenga las propuestas y causas de la sociedad.

Así que actívese. No es cierto que Morena va a ganar en 2024, depende de nosotros y la diferencia es su participación. Puede hacerlo en alguna organización de la sociedad civil, en Unid@s, en el Frente Cívico Nacional, organizar a su comunidad, a su familia, a sus amigos, socios, compañeros de trabajo. A los decepcionados y abstencionistas hay que decirles que voten, porque quizá sea la última vez que su voto valga y se cuente bien.

Desde luego hay temas en la agenda nacional que no se soslayarán, como el combate a la pobreza, pero no con dádivas sino con oportunidades de superación permanentes; la desigualdad entre regiones del país; pero con políticas regionales que aprovechen vocación y productividad; el acceso a la salud, no como enunciado, sino con el rescate de un sistema universal; una educación de calidad basada en la ciencia y no en la ideología; inversión y empleo como movilidad social conforme a nuestras fortalezas en la globalización, que son muchas. Tener el país que merecemos es nuestra responsabilidad.

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