Rosario Guerra

¡A ver ratón, que orejas paras!

Si el Ejecutivo se niega a reformar el marco jurídico que afecta la competencia, tendremos un panel que puede imponer aranceles a México.

¿Qué pesará más? Una ideología o el interés nacional. La soberanía reside en el pueblo y está expresada en su gobierno e instituciones. Hacer más fuerte al Estado nación, fortalece su soberanía, que es la ruta del desarrollo, de la convivencia, de la unidad nacional, del aprovechamiento de sus fortalezas, es mejorar las condiciones de vida de la sociedad.

El capítulo 8 del TMEC no está a discusión. Los estados soberanos pactaron un acuerdo comercial, político y económico para mejorar la competitividad de la región ante el mundo. El petróleo es nuestro, la forma de aprovecharlo se estipuló en el TMEC. El trato recíproco de igualdad para las empresas de los tres países está contenido en el acuerdo. No puedes cambiar las reglas y trastocar los acuerdos, pero si lo haces tendrá costos.

Si AMLO sigue en los 70 pensando que la soberanía es Pemex y CFE, su concepto es absurdo y añejo. Es ideológico e insostenible. Pemex quebrado, CFE con pérdidas. Nuestros impuestos y la deuda pagan empresas inviables. Defender los monopolios estatales que solo nos perjudica con altos costos de combustibles y electricidad, nos resta competitividad. Llenar el Zócalo para vitorear nuestra soberanía no tiene razón de ser, pues no está trastocada, ni amenazada.

Cerrar el paso a energías limpias, negando permisos, revocando los existentes, impidiendo nuevos negocios, obligando a vender a CFE, viola las condiciones de competencia acordados. Nos cuesta más caro. Pagamos nosotros los costos elevados y contaminantes.

Si el Ejecutivo se niega a reformar el marco jurídico que viola la igualdad en el establecimiento de empresas en México y afecta la competencia, además de que no habrá empleo ni inversión, tendremos un panel que puede imponer aranceles a México y cumplirá con tres premisas: se gravarán productos emblemáticos (aguacate, jitomate, agropecuarios, automotriz, tequila, entre los posibles). Se cobrará al exportar el producto, lo que resta competitividad a exportaciones y puede colapsar empleo e inversión en diversos sectores.

Y como tercer tema, el pago se aplicará por el mismo monto de la afectación hecha por México a las empresas del TMEC, es decir, cerca de 30 mil millones de dólares. Esto actualmente representa cerca de 10 a 12 por ciento del valor del comercio vía TMEC.

Como AMLO no pagará, el pleito es gratis. El costo recae en los exportadores, sector que ha sacado a México adelante, y que caerá irremediablemente, afectando regiones, salarios, empleos y empresas. Pero él seguirá con su trasnochado nacionalismo, diciendo defender a la patria, mientras nos sume en un conflicto que afectará certeza e inversión. Nuestro principal destino de exportaciones es a EU, casi 80 por ciento.

Pero a él no le importa. Con su discurso simplón de defensa de la soberanía, de patriotas contraliberales, de nacionalismo contra globalización, de autarquía contra apertura comercial, de neoliberales contra el pueblo, hará una construcción de una mitología donde aprovechará a López Mateos para incidir en el colectivo del Estado de México para ganar elecciones.

El conflicto le cae, como dice él, ‘como anillo al dedo’. Los enemigos neoliberales que vendieron la patria a EU y a Canadá, potencia su ideología pseudonacionalista. Le permite elaborar un discurso de defensa nacional contra las fuerzas extranjeras y los neoliberales, y ampliar su influencia entre sectores que crecieron creyendo que el petróleo es, junto con la electricidad, la soberanía nacional.

Las consecuencias, empero, serán devastadoras. Los productos agropecuarios y muchos más que deberán pagar miles de millones de dólares por las afectaciones causadas por el trato discriminatorio a nuestros socios comerciales, la crisis se profundizará.

Es en resumen, mayor crisis económica, más pobreza, menos empleos, más autoritarismo, más discursos falaces, menos defensa de un Estado soberano fuerte. Pero a él no le importan ni los muertos, ni la mala educación, ni los pobres, ni los mexicanos, ni las libertades, ni la crítica, ni la escucha, ni la delincuencia, ni el combate al narco.

Él seguirá usando el presupuesto para vivir cómodamente, hacer obras inútiles y proteger a sus hijos y a sus aliados; usará lo mismo al Ejército que al crimen organizado. Ya perdimos nuestro territorio, lo controlan los mafiosos, ya no hay Estado de derecho, no hay respeto a los llamados de las iglesias, no hay combate al feminicidio, al derecho de piso, a extorsiones en todos los sectores económicos, con una alta inflación que aumenta costos y cierra negocios. No hay humanismo, hay egocentrismo.

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