Rosario Guerra

Radicalización

Ante su desesperación, López Obrador se cierra al diálogo. Parece que ya no podrá hacer más daño al país, pero se reinventa con más atrocidades.

Pese a ofensas en su campaña, hoy el Ejército es el principal aliado de AMLO. Les da recursos, obras, empresas y ahora la distribución de las medicinas. Cierto que hay una militarización del país. En parte se debe a la ineficiencia e incapacidad de AMLO para gobernar con equipos poco profesionales, muy leales, pero sin experiencia ni curva de aprendizaje. Los cambios en su gabinete van de mal en peor. Se radicaliza y se deja influir por quienes solo tienen una formación ideológica, que no es útil al país.

La corrupción, su bandera, hoy es su ejemplo. Hijos ricos. Parientes con contratos millonarios. Amigos como contratistas con o sin experiencia. No le gustan las críticas, ni los reportajes, ni que se revele la verdad de costos e ineficiencias, así que barre la basura bajo la alfombra con el decreto de seguridad nacional, para ocultar corrupción y falta de supervisión.

La situación mundial está complicada. La inflación se incrementa tras COVID. Hay nueva ola. Y en medio de la tormenta cambia su carta a Banxico, genera turbulencias y depreciación del peso. No crecen inversión ni empleo, usa entonces a su bombero, Marcelo Ebrard, para atraer capitales al sureste. Piensa su tren da una plataforma para hacerlo. Su rentabilidad es nula. Y el gasto público creciente. Los costos ecológicos y los derechos de pueblos indígenas, se ocultan también.

Cambia de nuevo a gabinete en ISSSTE, Nafin, etcétera, con cuadros de menor formación y antecedentes poco confiables. Se radicaliza, solo las lealtades importan. Hasta descalifica a Carmen Aristegui, cosa nunca esperada. Está de muy mal humor, proclive a tomar decisiones sobre las rodillas, sin reflexionar. No sabe qué hacer con Santiago Nieto. Tampoco él entiende porque nombró a Pablo Gómez que de experiencia administrativa y de investigación no tiene idea. Pero parece que ya lo perdonó y entró en las lealtades junto con su familia.

El problema de la distribución de medicinas es complejo. Desde la elaboración en cada clínica y hospital del listado de medicamentos necesarios, hasta su compra, antes consolidada y más barata, hasta su distribución, que exige condiciones especiales para ciertos medicamentos como vacunas y su entrega a tiempo en los más lejanos lugares del país. El abasto de medicamentos en IMSS, ISSSTE y Ssa fue siempre prioridad y se construyeron redes de distribución privadas, caras pero eficientes. El costo más bajo de medicamentos permitía mejorar abasto, y aunque siempre hubo fallas, pues los médicos no son adivinos, y siempre surgían nuevas necesidades no solicitadas inicialmente de medicamentos, se atendía con subrogaciones o entregas atrasadas. Pero el sistema funcionaba.

Para AMLO todo es caro, menos su corrupción. Acumula fondos y recursos para sí mismo y sus decisiones. El sistema de abasto le pareció caro y lo desapareció. Quebraron empresas y laboratorios, que además fueron culpados por corrupción, sin prueba alguna. Para el NAIM no dedicó recursos. Canceló una obra de gran impacto para el desarrollo nacional, a cambio de espejitos. Sus espejitos como el aeropuerto de Santa Lucía crece en costos. El impuesto aeroportuario se va al pago de inversionistas del NAIM cancelado. El AICM está saturado y en pésimas condiciones. No se resuelve la aeronavegabilidad de los dos aeropuertos en un mismo espacio aéreo.

Sin proyectos, también empezó una refinería, en lugar de apostar a carros eléctricos con menores impuestos o de impulsar las inversiones en energías limpias. Hoy quiere rescatar a una CFE ineficiente y cara. Total nosotros pagamos la luz. Mientras él busca frenar el futuro.

El Tren Maya era solo un trazo. Al igual que el corredor interoceánico. Sin importar la falta de proyectos, costos y análisis social, sus megaobras carecen de sentido y de viabilidad. Así pues el dinero se va a sus tres proyectos y a las ayudas. No le alcanza. Y ha espantado inversiones. Caído crecimiento y empleo. Si crecemos 4 o 6 por ciento no vamos a recuperarnos de la caída de 8.5 por cieto del PIB. Estados y municipios quebrados. Volvió a bajar el precio del petróleo. Se reduce margen de maniobra.

Las ayudas sociales no tienen viabilidad económica a largo plazo. Son insostenibles. Y qué decir de las pensiones, tampoco alcanzarán los fondos. El daño sigue. Y él se preocupa por la revocación, por sus lealtades, ya corrompió a todos, Fuerzas Armadas incluidas. Lo sabe, pero no puede operar de otra forma. No acepta ayudas de la iniciativa privada, ni siquiera en vacunas para el COVID. Sataniza a todos, la lista crece. Parece que ya no podrá hacer más daño al país, pero se reinventa con más atrocidades.

En su desesperación se radicaliza. Se cierra al diálogo. No aporta a la unidad nacional. Adelanta su sucesión y causa más turbulencias, para demostrar que él no se reelegirá. Su partido aumenta pugnas internas. Hay purgas. Hay encono. Sus aliados también le cuestionan, el PVEM energías limpias, el PT las guarderías. Sin salida la radicalización lo hace más polarizador. Quiere acabar con INE y TEPJF. No entiende de lucha antinarco. Saluda a la mamá del Chapo y libera a su hijo. La seguridad en crisis, con más muertes en su conciencia. Lo sabe. ¿Cómo duerme?

Sabíamos que si las cosas no le salían bien iba a radicalizarse. La esperanza de que su elección ayudara a cerrar brechas entre grupos sociales y regiones, una de sus aportaciones a cambiar a México, rodó cuesta abajo, lo mismo que el combate a la corrupción. La relación trilateral con Estados Unidos y Canadá está en riesgo con su reforma eléctrica, pero insiste en tener el monopolio, en lugar de impulsar el desarrollo. Su visión de Estado fuerte no cambia, aunque acabe con el Estado de derecho.

No entiende de derechos humanos, ni de feminismo, ni de discapacidad, ni de protección a menores y mujeres maltratadas. Crea teorías de la conspiración en su contra por hechos que desconoce. Faltan tres años. Ayer hizo su fiesta. Inventó razones para celebrar.

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