Rosario Guerra

Pobreza

La pobreza es más rural que urbana, pero ambas son contrarias al desarrollo de la persona.

La pobreza es un flagelo, realidad que cuestiona humanismo y solidaridad. Es un círculo vicioso que convive con adicciones, con frustraciones, con salud mental, con discriminación y con violencia. Hay diferentes tipos y grados de pobreza. En México, Coneval la mide conforme a criterios elaborados por especialistas, según el tipo de carencias. Ha existido por siglos, sus causas son múltiples, guerras, malas cosechas, plagas, la falta de acceso a la educación, a servicios de salud, a vivienda digna, acceso al agua potable, a la electricidad, a la nutrición adecuada, en fin, factores diversos que la acentúan según grupos y regiones.

La pobreza es más rural que urbana, pero ambas son contrarias al desarrollo de la persona. La sufren más las mujeres porque deben resolver cuidados sin recursos suficientes, y por casos de violencia y abusos. La pobreza extrema, al grado de la indigencia, es donde no hay acceso ni a la canasta básica de alimentos o a los servicios mínimos de bienestar. La pobreza, según el nobel Amartya Sen, es la falta de capacidad para producir o realizar un potencial productivo. A la persona se le priva de alcanzar un mínimo de realización vital, al despojarla de capacidades, posibilidades, oportunidades y derechos básicos. Es pues incompatible con una sociedad igualitaria.

En 2018 Coneval estimó que 52 millones de mexicanos vivían en pobreza. Para 2021 se sumaron 9.8 millones más de mexicanos a la línea de pobreza. Esto es una tragedia humanitaria. Incrementa vulnerabilidad de familias, deserción escolar, no se diga ya de la falta de servicios médicos y medicamentos, pérdida de empleo, aumento de economía informal, incremento de índices delictivos, baja nutricional, inflación, entre otros aspectos.

Combatir la pobreza requiere de una política social que rompa círculos viciosos. Apoyar alimentación adecuada; premiar con becas a los mejores estudiantes de bajos ingresos; abrir opciones de salud, preventiva y de atención, con medicamentos, a sectores más amplios de la población; mejorar cuidado de niños de madres trabajadoras, de ancianos enfermos o incapacitados; proteger a niños y mujeres de violencia doméstica; bajar índices de adicciones. En fin, crear condiciones y oportunidades para que las personas puedan desarrollar sus capacidades y ser productivos, útiles y capaces de decidir su destino.

Este enfoque prevaleció en el sexenio salinista con Luis Donaldo Colosio. Romper la pobreza mediante proyectos pequeños, productivos, en el campo y en las ciudades; apoyar a las mujeres en los cuidados de familia; capacitar para el trabajo a quienes no tenían habilidades; mejorar posibilidades de emprender pequeñas empresas comunitarias para producir bienes y servicios; dar becas a estudiantes, hombres y mujeres, destacados; apoyar intercambio científico y tecnológico, estudios en el extranjero. Después vinieron más reformas como el Seguro Popular, los comedores comunitarios, las guarderías en colonias, los refugios para mujeres violentadas y empezó a bajar el índice de pobreza. Personas que no tenían perspectivas a futuro encontraron un oficio, un proyecto, para ayudarse en forma solidaria en las comunidades. Surgieron liderazgos naturales que formaron una base de legitimidad de los gobiernos en turno. Punto central, que se fue perdiendo, era la organización y participación comunitaria para aprobar fondos, conforme a las decisiones tomadas en asambleas por los que quisieron participar.

Hoy, la política social ha cambiado. Desde que AMLO fue jefe de Gobierno del DF, diseñó ayudas para los adultos mayores. Muchos sin pensión alguna, o acceso a servicios, por haber trabajado en el mercado ilegal o independientes. Fue la medida que más impactó su popularidad en la Ciudad. Hoy, como presidente, destina cerca de 176 mil millones de pesos para ayudar a grupos vulnerables, sean ‘ninis’, madres solteras, jóvenes, ancianos, becas a estudiantes, entre otros programas.

Lo hace en forma generalizada hasta donde alcancen los recursos. Quien recibe no tiene ningún compromiso para educarse, cuidar la salud, ser emprendedor, capacitarse, es decir, son subsidios generalizados. Lo mismo un anciano de las Lomas de Chapultepec, que uno de Iztapalapa recibe un apoyo, lo necesite o no. Esta universalidad hace más costosos los programas y menos efectivos en superar la pobreza. Cerró varios programas orientados a mujeres como refugios y guarderías, que parte pagaban los padres de familia. Los refugios también se clausuraron y las mujeres ya no tienen cómo protegerse. Los apoyos médicos, psicológicos, legales, de capacitación y trabajo, desaparecieron. Las madres deben abandonar solos a sus hijos, o encargarlos con personas que pueden abusarlos con impunidad.

Cuando AMLO dice que la 4T si la entienden los pobres, porque por primera vez reciben algo del gobierno, refiriéndose a los apoyos, hace evidente su populismo. No se trata de romper círculos de pobreza y sus causas. Se busca la adhesión a un movimiento político electoral que lo mantenga en el poder y aumente su popularidad. Y funciona, porque como es gratis, esperar el apoyo en lugar de buscar actividades productivas es más fácil. Familias reciben varios apoyos y ya no necesitan trabajar. Los ‘ninis’ no tienen razón para dejar de ser así. Se reproduce el círculo de la pobreza, subsidiado en forma general, en lugar de establecer políticas que permitan a las personas desarrollar sus capacidades y producir. El pobre seguirá en la pobreza. Se come el pescado y no aprende a pescar.

El ritmo de gasto en estos apoyos es geométrico, además al aumentar el número de pobres, aumentan demandas. No hay dinero que alcance. Solo las mega obras y estos programas acaban con el presupuesto federal, marcado por la baja en recaudación por pandemia y caída de 8.5 por ciento del PIB. La economía de EU nos remolcará para crecer, pues requieren las cadenas productivas y de proveeduría que México proporciona a las empresas norteamericanas. Es bueno el T MEC, pese a ser más restrictivo.

Sin embargo, cambiar pesos por votos es suicida. Ni la población logra prosperar, capacitarse o producir, ni el gobierno logrará mantener el ritmo de gasto con la pobreza al alza. Ni México se beneficia de que las personas no puedan desarrollar sus capacidades y el pobre sea condenado a seguir pobre. Es una falsa ilusión. ¡Vamos!, ni siquiera crece el mercado local, pues compran en mercados ilegales o de economía informal. Así pues, la igualdad es solo una aspiración, aún muy lejana.

COLUMNAS ANTERIORES

Traición del TECDMX a las mujeres
A la memoria

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.